Las cuatro integrantes del #ACCIONAteam ya estamos juntas y listas para empezar nuestra aventura antártica. Nos hemos encontrado con el resto de las participantes de Homeward Bound 2018 en lo que han sido un par de horas de abrazos, risas, y poner un cuerpo a esas caras y nombres que llevamos un año viendo on line. También hemos podido conocer en persona al equipo detrás del programa, aquellos que lo idearon y lo han hecho posible. Ha sido un día lleno de emociones. Ana, que llora cada vez que está muy feliz, se nos ha deshidratado un poco de tanta alegría.
Estamos cansadas pero felices y después de un sueño reparador, mañana ¡a trabajar, rumbo a la Antártida! Mientras, seguimos recordando cómo hemos llegado hasta aquí…

Uxúa López

Nunca se me pasó por la cabeza ser ingeniera cuando era niña. Yo de pequeña quería ser directora de cine, charcutera, astronauta, funambulista, fotógrafa, conductora de ambulancias, escaladora, maestra y a días jardinera. Siempre he sido una niña curiosa, a la que le gustaba saber cómo funcionaban las cosas, desmontaba todo lo que caía en mis manos, y en ocasiones lo montaba. Me encantaban los Legos y los Mecanos, hacer plastilina y jugar con los clips (así le llamábamos a los Playmobil), jugar en la calle al balón, andar en bicicleta o ir a descubrir mundo por las lindes de mi pueblo, Tafalla.

En mi casa no hubo un ordenador hasta que cumplí 13 años, que mi hermano trajo un 486 que retiraban de su oficina. Y poco después, llegó ese aparatito que hacía esos ruidos que a toda mi familia ponían de los nervios y solo podía usar cuando no había nadie más en casa porque ocupaba la línea de telefóno: el modem. Ese chisme me abrió las puertas a un mundo inmenso y desconocido, la red de redes, Internet. No me podía imaginar que 20 años más tarde me dedicara a hacer cachitos de esa red. Escribiendo esto, me doy cuenta que aquí, mientras estoy camino de la Antártida dispongo de una conexión similar a la que había en mi casa hace 20 años, así que tendremos que armarnos de esa paciencia infantil para poder seguir enviando noticias desde aquí.

No sé si fue premonitorio, pero recuerdo de muy niña ver en la revista dominical del periódico una foto de una señora que a mí me recordaba a una azafata del “Un, Dos, Tres” con un montón de libros apilados que tenían una altura mayor que ella. Ponía que esa señora había escrito todo eso y que era el código software que hizo el Apollo 11 llegara a la luna, era Margaret Hamilton. Quedé impresionada solo con el hecho de que alguien pudiera haber escrito tanto, no entendía la magnitud de lo que había hecho, pero esa imagen se me quedó grabada.

Otra mujer que inspiró mi infancia fue Miriam García Pascual. Fue una de las mejores escaladoras del mundo, ¡y era de mi pueblo! Yo me sentía profundamente orgullosa de sus hazañas por todo el mundo. Lleno de energía mi primeros años con su valentía, su determinación y arrojo. Poco antes de fallecer durante la ascensión al Meru Norte, en la India, escribió un libro “Bájame una estrella” que he leído en innumerables ocasiones siempre algún detalle nuevo que ponía luz en diferentes aspectos de mi vida.

Alexandra Dubini

Cuando era pequeña, recuerdo que siempre quería bailar frente al televisor hasta que mi madre decidió inscribirme en un club de baile. Tenía 4 años. Eran principios de los 80, y al mismo tiempo en la televisión también hablaban mucho de un virus llamado SIDA al que todo el mundo temía. Era un nuevo tipo de virus y los científicos nos advertían de su gran peligrosidad. En aquel momento pensaba: «Necesito investigar este virus y encontrar una cura».

Cuando llegué a la Universidad, ya se habían logrado muchos progresos y el virus ya no era tan terrible como antes. Aun así decidí ir a la escuela de medicina, pero no estaba segura de si quería estudiar ciencias y no pude pasar el primer año. No me desanimé del todo y me matriculé en la Universidad del Mediterráneo para estudiar un título llamado “Ciencia de la Vida y de la Tierra”. Por aquel entonces decidí ir a Inglaterra para continuar estudiando biología allí e inglés al mismo tiempo. Gracias a una beca de Erasmus me uní a la Universidad de East Anglia en Norwich y allí tuve los mejores años de mi vida estudiantil: encontré la motivación y me volví a enamorar de la ciencia. Además, me uní a una compañía de danza por lo que estaba viviendo mis dos sueños, ciencia y arte al mismo tiempo. Terminé el grado y comencé un doctorado para estudiar el mecanismo de una proteína específica involucrada en la producción de Hidrógeno. Recuerdo que pensaba, ¿por qué debería estudiar esto? Recuerdo que al preguntarle a mi supervisor para qué se utilizaba el Hidrógeno, él me respondió que se podría convertir en el combustible del mañana.
Encontré que mi investigación podría tener un impacto importante en la sociedad. Y supongo que quería salvar el planeta nuevamente. Después de doctorarme me fui a Estados Unidos para trabajar en el National Renewable Energy Laboratory y me especialicé en la producción de hidrógeno a partir de algas verdes. Estuve allí más de 10 años y fue una etapa de un gran desarrollo profesional para mí, donde conocí a grandes científicos que influenciaron para siempre mi forma de ver y hacer ciencia. Nunca dejé de bailar. Y entre giro y giro acabé poniendo ambos pies en la Universidad de Córdoba para continuar trabajando en la producción de Hidrógeno y encontrar otro campo de investigación motivante como es la biorremedianción con algas.

La vida está llena de sorpresas y estoy contenta de haber podido seguir mis dos pasiones. A día de hoy aún puedo combinar la ciencia y la danza, aunque esta última a otro nivel. Siempre pienso en una película francesa llamada “la vie est un long fleuve tranquille”, en la que 2 bebés son intercambiados entre dos familias al nacer y viven la vida de cada uno sin saberlo. La vida a veces es tan impredecible que terminamos haciendo cosas que nunca nos atrevimos soñar. El tesón y la paciencia son dos cualidades esenciales que nos ayudan a alcanzar cualquier objetivo que no propongamos en nuestra vida.