La codorniz, ave del año 2020 de Seo/BirdLife, ha adelantado su llegada a España esta primavera a consecuencia de las temperaturas más altas de lo normal registradas en el invierno, según datos de la plataforma e-Bird de la ONG, que recoge los datos de aficionados a las aves y ornitólogos en sus salidas al campo en enero, febrero y marzo, hasta la declaración del estado de emergencia.

La codorniz común es un ave migratoria que llega incluso hasta el sur del Sáhara y vuelve a España para criar. El técnico del área de ciencia ciudadana de SEO/BirdLife, Blas Molina, ha indicado que entre enero y principios de marzo destaca una «mayor presencia de codornices en estos primeros meses del año respecto a los previos, especialmente desde mediados de febrero hasta principios de marzo».

Para Molina es «posible» que las temperaturas «anormalmente altas» que se han registrado este invierno puedan estar «precipitando la llegada de la especie», ya que además, el desarrollo de la vegetación en general está «anticipando las llegadas», ya que durante los meses de enero y febrero el tiempo ha sido «más propio de la época estival que de finales de invierno».

Además, ha pronosticado que como el cereal, los campos de trigo, de cebada y de centeno, muy utilizados por esta especie, ya tienen un desarrollo importante, especialmente en la mitad sur peninsular, y esto puede favorecer el adelanto en el periodo de reproducción de la codorniz.

Del mismo modo, las temperaturas favorecen la actividad de los invertebrados, que son parte importante de su base alimenticia. Sin embargo, pese a este favorable inicio, SEO/BirdLife está a la espera de la evolución de la primavera ya que afirma que existe una relación entre la precipitación y su periodo potencial de cría.

En ese sentido, señala que la lluvia provoca un mayor desarrollo y un retraso en la maduración de los cereales lo que alarga indirectamente el periodo potencial de cría de la codorniz y la probabilidad de segundas puestas.

Por ello, Molina advierte de que una primavera seca tendría un efecto «muy perjudicial» para las «mermadas poblaciones de codornices», aunque confía en que las lluvias de los últimos días contribuyan a una primavera «muy verde, si todo sigue así».

La Península Ibérica alberga la población de codorniz común más importante de Europa occidental y en España se encuentra el núcleo más grande, con una distribución por toda la Península y los archipiélagos.

Con todo, apenas se contabilizan 225.000 ejemplares tras sufrir un declive del 74 por ciento en los últimos 20 años, según los últimos datos del programa de seguimiento de aves de SEO/BirdLife.

Además de la alteración de su hábitat, la especie también sufre una «fuerte presión cinegética» y una gran contaminación genética por la suelta de codorniz japonesa o híbridos con fines genéticos, lo que amenaza a la supervivencia de la especie, junto con los efectos del cambio climático en sus patrones migratorios y su éxito reproductor, así como a los posibles problemas en sus zonas de invernada.