Medio Ambiente

Greta: una cruzada polémica y adolescente contra el cambio climático

La jovencísima activista se ha convertido en año y medio en una super estrella global con un discurso apocalíptico

Greta Thunberg llega a Madrid. EFE

«Soy diferente y ser diferente es un regalo. El Asperger me hace pensar y ver la realidad más allá del marco tradicional. No me creo las mentiras fácilmente. Puedo ver a través de esas mentiras». Greta Thunberg (Estocolmo, 2003) ya es Greta, la abanderada de la lucha contra el cambio climático, una cruzada polémica, que ha movilizado a millones de jóvenes en todo el mundo. Es una Juana de Arco que lucha contra los negacionistas. Hay quienes ven a una pobre niña rica manipulada por intereses ocultos y por una familia estrambótica. Es indudablemente la superestrella de la cumbre del clima (COP25) que se está celebrando en Madrid.

Ha llegado a Madrid este viernes -el viaje en el tren nocturno Lusitania ha durado diez horas con 17 paradas- después de arribar en la Península Ibérica el martes, procedente de Hampton, Virginia, tras 21 días de viaje en un catamarán, tripulado por una pareja australiana que ha documentado el periplo en Sailing La Vagabonde. La travesía ha sido dura y la ha realizado para evitar los aviones. «Mi viaje es un mensaje», ha dicho al atracar este martes en Lisboa.

«No le digo a nadie más cómo debe viajar. Todo el mundo tiene que hacer lo que pueda por estar en lado correcto de la Historia». Ha descansado unos días antes de seguir por tierra rumbo a Madrid.

También se desplazó por mar a América en septiembre pasado. En esa ocasión viajó a bordo del yate Malizia II, perteneciente a la familia real monagesca. Pierre Casiraghi estaba al timón de la embarcación, dotada de paneles solares, junto a su compañero de regatas Boris Herrmann. A Greta le gusta leer y pasear. Confiesa que echa de menos a su hermana Beata y a sus dos perros Moses y Roxy cuando está de viaje tanto tiempo.

Greta asiste este viernes en Madrid a la concentración para denunciar la emergencia climática. Greta grita a los adultos por su falta de acción contra el calentamiento global. Millones en todo el planeta se han unido a su lucha.

Greta era Greta Tintin Eleonora Thunberg el 20 de agosto de 2018 cuando puso un cartel escrito con letras mayúsculas negras sobre fondo blanco que decía: «Skolstrejk för klimatet» (huelga escolar por el clima). Suecia había vivido el verano más caluroso en 262 años. La quinceañera se plantó ante el Parlamento y repitió su protesta cada viernes hasta vísperas de la jornada electoral, el domingo 9 de septiembre.

En aquel momento, Greta Thunberg justificaba su drástica medida. «Soy demasiado joven para votar. Pero la ley me obliga a ir al colegio. Quiero que me escuchen… Si a los adultos no les importa mi futuro, a mí tampoco», decía la adolescente, que desde el primer momento tuvo el apoyo del colectivo ecologista We don’t have time, amparado por el magnate sueco Ingmar Rentzog y el activista Bo Thoren. Habían publicado su manifiesto el 22 de abril de 2018.

Aquello fue su estreno como activista con proyección internacional y empezó a despertar la atención de los medios europeos. En las redes sociales ha cimentado su estrategia encaminada a conseguir que su mensaje llegue a toda partes. En sus cuentas de Twitter y de Instagram da cuenta de todos sus movimientos y tienen millones de seguidores: más de ocho millones en Instagram y más de tres millones en Twitter.

Palabra de Greta

Su movilización rompió fronteras en otoño de 2018 con protestas convocadas en todo el mundo bajo el hashtag #Fridaysforfuture. En diciembre de 2018 unos 20.000 jóvenes se sumaron a su grito. Acudió entonces a la cumbre del clima (COP24) celebrada en Katowice, Polonia. Fue su primer gran discurso en un acontecimiento internacional, convocado por Naciones Unidas. Greta se ha tomado un año sabático para difundir su mensaje sobre la emergencia climática por el mundo.

«No son lo suficientemente maduros para decir las cosas como son. Incluso esa carga nos la dejan a nosotros, los niños… Nuestra civilización está siendo ser sacrificada para que otros tengan la oportunidad de hacer grandes sumas de dinero», dijo Greta, que se desplaza por vía terrestre o marítima para evitar el avión que contamina más.

No quiero que tengáis esperanza, quiero que entréis en pánico. Quiero que sintáis el miedo que tengo yo y después actueis», afirmó en el Foro de Davos en enero de 2019

Ya en 2019 intervino ante en el foro donde se reúnen las grandes fortunas del mundo, en el Foro Económico Mundial de la ciudad suiza de Davos. Ante los más ricos del planeta Greta dejó claro su mensaje: «No quiero que tengáis esperanza, quiero que entréis en pánico. Quiero que sintáis el miedo que tengo yo y después actuéis». Y lanzó lo que se ha convertido en su eslogan y da título a la biografía familiar: «Nuestra casa está en llamas. Estoy aquí para decirles que nuestro hogar está ardiendo».

En abril a Greta se le saltaron las lágrimas en el Parlamento Europeo. «Alrededor del año 2030, habremos llegado a un punto en el que desataremos una reacción en cadena que probablemente supondrá el fin de nuestra civilización».

Y añadió: «Nos estamos enfrentando a la sexta extinción masiva. La erosión masiva del suelo fértil, la deforestación de los grandes bosques, la contaminación del aire, la pérdida de vida salvaje e insectos, la acifidificación de los océanos, son problemas acelerados por un modo de vida que, en la parte más rica del mundo, vemos como un derecho».

En mayo fue portada de la revista Time, que dijo que Greta es una de las pioneras que están dibujando el mundo de hoy. «Ahora hablo a todo el mundo», dijo a la revista.

Greta sabe bien de lo que habla, pero siempre remarca que no es a ella a quien la población ha de escuchar, sino a los científicos. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) señala que el aumento del nivel del mar en 2100 puede ser de casi un metro si el calentamiento global supera los 3 grados centígrados. Millones de personas se verán obligadas a dejar sus hogares.

La vida marina y los ecosistemas oceánicos se enfrentarán a mayores amenazas a medida que la temperatura de la superficie del mar aumente y los océanos se vuelvan más ácidos. A finales de este siglo la frecuencia de las olas marinas podría multiplicarse por 50 (con aumentos de temperatura de 3-4 grados C) en comparación con los niveles registrados a finales del siglo XIX.

Ante el Congreso de Estados Unidos, el 19 de septiembre pasado, instó a los políticos estadounidenses a que se unieran detrás de la ciencia y luego actuaran. Estados Unidos se ha retirado del Acuerdo de París, firmado en diciembre de 2015, por mandato del presidente, Donald Trump. Aún acude a las cumbres como observador.

Esta salida se hará efectiva realmente en noviembre próximo, justo después de las presidenciales. Será crucial para que EEUU pueda volver a luchar contra el cambio climático que Trump no sea reelegido. A la COP25 ha asistido la demócrata Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, y ha dejado claro que hay esperanza: «Seguimos dentro».

Me han robado mis sueños y mi infancia con sus palabras vacías… Estamos en el comienzo de una extinción masiva y de lo único que pueden hablar es de dinero», dijo Greta en la ONU en Nueva York

La intervención más impactante de Greta tuvo lugar en la sede de la ONU en Nueva York en septiembre pasado. «Todo está mal. Yo no debería estar aquí arriba. Debería estar en la escuela, al otro lado del océano. Sin embargo, ustedes acuden a nosotros en busca de esperanza. ¿Cómo se atreven?», clamó Greta.

«Me han robado mis sueños y mi infancia con sus palabras vacías. Y, sin embargo, soy de los afortunados. La gente está sufriendo. La gente se está muriendo. Ecosistemas enteros están colapsando. Estamos en el comienzo de una extinción masiva. Y de lo único que pueden hablar es de dinero y cuentos de hadas de crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?», dijo visiblemente enfadada.

Sus palabras para unos son la crónica de una alarma anunciada. Sin embargo, hay quienes se burlan abiertamente como el presidente Trump. Después de su discurso ante la ONU, Trump escribió en su biblia tuitera: «No parece una niña muy feliz esperando un futuro brillante y maravilloso…» Greta no se quedó callada. Replicó con un paisaje de un bosque y este mensaje: «Una muy feliz joven buscando un futuro brillante y maravilloso».

En este trepidante año Greta ha llegado a ser incluso una de las favoritas a recibir el Premio Nobel de la Paz. No habría sido el primer caso de una adolescente galardonada. Ya lo fue la paquistaní Malala Yousafzai, quien a los 17 años recibió el Nobel «por su lucha contra la supresión del derecho a la educación de niños y jóvenes».

Una madre eurovisiva

Su preocupación por el cambio climático venía de lejos. Con ocho años ya se preguntaba por qué los seres humanos estaban cambiando la faz de la tierra y dañando la atmósfera, y por qué no se escuchaba sobre esta catástrofe en todas partes. A los 11 años vio un documental sobre la basura acumulada en los océanos que le dejó impactada. Tanto, que cayó en depresión y dejó de comer y hasta de hablar.

Sus padres, Sara Magdalena (Malena) Ernman, de 49 años, y Svante Thunberg, de 50, llevaban una vida contaminante, como la mayoría de nosotros. Viajaban mucho, sobre todo la madre, mezzosoprano, tenían coches de alta cilindrada y comían carne. Dieron un vuelco a su vida.

Lo cuenta la madre en Nuestra casa está ardiendo. Una familia y un planeta en crisis, una biografía de toda la familia. En la versión sueca figura Malena Ernman en la portada, pero en la internacional se ve a Greta, quien firma otra obra titulada No One is Too Small to Mark the Difference.

Cuando le preguntan quién es su referente, Greta suele evocar a Rosa Parks, la mujer afroamericana que se negó a ceder su asiento a un blanco en Alabama, cuando las leyes racistas segregaban los puestos en el transporte público por el color de la piel. Rosa Parks marcó la diferencia y su gesto se considera el detonante de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos.

El padre, Svante, actor y productor de teatro, es quien acompaña a Greta en sus viajes. Fue representante de su esposa, y ahora lo es de su hija. La madre, muy conocida en Suecia, rechazó a partir de entonces cualquier representación que requiriera montar en avión.

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Gott nytt år!!

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Greta también tiene una hermana dos años menos, Beata Mona Lisa, a quien le apasiona cantar y bailar. A Greta, muy estructurada, le diagnosticaron síndrome de Asperger, trastorno obsesivo compulsivo y mutismo selectivo a los 11 años. Beata, más caótica, tiene TDAH con rasgos de Asperger, TOC y trastorno de oposición desafiante, desde una edad similar.

Hasta que Greta se convirtió en superstar, la más famosa de la familia era su madre, Malena Ernman. Inició su carrera como intérprete lírica en 1997 como la princesa Cecilia en la ópera Liten Karin. Ha actuado por todo el mundo y su gran éxito lo cosechó con El barbero de Sevilla.

En 2009, saltó a Eurovisión con una canción titulada La Voix, en inglés y francés. No convenció por exceso de histrionismo. Para representar a una potencia eurovisiva como Suecia (Abba) quedó muy por debajo del nivel habitual: el puesto 21 de 25. Ese año España fue penúltima.

Uno de los principales argumentos de los críticos de Greta apunta a la familia por utilizar a la jovencísima Greta. El propio presidente ruso, Vladimir Putin, ha señalado que está siendo víctima de gente que se aprovecha de su obsesión por el clima.

Los padres, cuya vida gira en torno a sus dos hijas, Greta y Beata, aseguran que no están obteniendo beneficios económicos y que las ganancias por los libros se destina al activismo ecologista. La hermana menor, Beata, se focaliza en la lucha de género y se especula que pronto van a lanzarla como gran activista del feminismo. Como si la familia Thunberg Ernman fuera una fábrica de superestrellas del activismo global.

Grandes defensores y grandes detractores

En este año y medio de exposición pública, Greta ha logrado que su mensaje llegue a grandes figuras internacionales como el Papa y el presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Con el Pontífice logró intercambiar unas palabras en el Vaticano. El Papa Francisco, autor de una encíclica sobre cuidado de «la casa común», es decir, del medio ambiente, Laudatio Si, expresa su admiración por Greta y le dice al final de la breve conversación: «Go ahead, Greta! (Sigue adelante, Greta)».

Greta también se encontró con el ex presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en septiembre pasado. Obama elogió a la jovencísima activista y aseguró en su cuenta de Twitter: «Greta y y somos un equipo». Obama aseguró que Greta encarna el espíritu de los líderes a los que apoya la Fundación Obama, en cuya sede se vieron los dos. «Encarna nuestra visión», subrayó el antecesor de Trump.

El pasado 27 de septiembre se celebró la mayor concentración registrada hasta ahora contra el cambio climático en el mundo. Millones de personas, muchos de ellos jóvenes pero también de otras generaciones, salieron a las calles en una jornada mundial de huelga en la que exigieron una acción inmediata para frenar el calentamiento global. Greta encabezó la mayor protesta, en Montreal. Hubo marchas en 150 países.

En contra de Greta, bien por el dramatismo con el que expone su preocupación por el medio ambiente, o bien por su sobreexposición mediática, o por excesos como viajar 21 días en catamarán que permiten y alientan sus padres, hay desde mandatarios como el estadounidense Trump y el ruso Putin, hasta periodistas como el australiano Andrew Bolt, del Herald Sun de Melbourne y comentarista de Sky News. Según Bolt, Greta está «profundamente perturbada».

En un artículo, Bolt señalaba: «Cuando la profundamente trastornada Greta Thunberg expande su pánico climático debemos preguntarnos por qué tantos líderes mundiales la escuchan». A Bolt le inquieta por qué una niña como Greta es tratada como una gurú apocalíptica por mandatarios y empresarios en todo el mundo.

Cuando la profundamente trastornada Greta Thunberg expande su pánico climático debemos preguntarnos por qué tantos líderes mundiales la escuchan», dice el periodista australiano Andrew Bolt

Greta contestó al periodista de forma contundente: «Sí estoy profundamente perturbada por el hecho que estas campañas de odio y conspiración puedan seguir porque los niños nos comunicamos y actuamos de acuerdo con la ciencia. ¿Dónde están los adultos».

Sobre las manos oscuras que mecen a Greta Thunberg el diario británico The Times ha publicado que hay una serie de empresas, lobbies, académicos, y hasta un think tank ligado a una ex ministra sueca que se estarían preparando «para la mayor bonanza de contratos gubernamentales de la Historia: la ecologización de las economías occidentales. Lo sepa Greta o sus padres es la cara de su estrategia política», apuntaba esta publicación.

Detrás del encumbramiento de Greta, estarían, según The Times, el magnate sueco Ingmar Rentzhog, ligado a empresas con intereses en renovables y promotor de Global Challenge, fundado por la ex ministra Kristina Persson.

Tanto en el caso de sus fans como en de quienes están en su contra radicalmente resulta útil plantearse la máxima latina quid prodest? ¿A quién beneficia Greta con sus llamamientos sobre el cambio climático? ¿A quiénes favorecen los que critican que sea tan apocalíptica y radical?

Greta confiesa que no sabe si se dedicará a la política, pero que se ha lanzado a la arena del activismo porque será ya demasiado tarde cuando tenga edad de ser política. El tiempo se nos acaba es uno de sus lemas recurrentes.

En varias intervenciones alude a cómo hace lo que hace por las generaciones futuras: «En el año 2078 celebraré mi 75 cumpleaños. Si tengo hijos, quizá pasen ese día conmigo. Quizá me pregunten por ustedes. Tal vez me pregunten por qué no hicieron nada mientras aún había tiempo para actuar».

«No me gusta llamar la atención ni estar en el foco, pero no me puedo quejar porque yo me lo he buscado», ha confesado al escritor David Wallace-Wells, autor de El planeta inhabitable. Greta cree que, después de esta toma de conciencia global, «hay esperanza».

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