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Los estadounidenses se vuelcan en las urnas en las elecciones más polarizadas en décadas

El demócrata Joe Biden promete "restaurar la decencia", mientras que el presidente Trump ve difícil que él pueda perder

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Una larga fila de votantes esperan su turno para votar en North Charleston, Carolina del Sur. EFE

Los estadounidenses quieren decidir quién será el próximo presidente de Estados Unidos: el actual, Donald Trump, o el líder demócrata, Joe Biden. Más de cien millones ya habían votado antes de esta histórica jornada. En seis estados el voto anticipado y por correo ya superaba el presencial antes de abrirse los colegios.

Hace cuatro años acudieron a las urnas 138,8 millones, un 54,7%. Todo indica que en 2020 la participación batirá récords. En un momento de polarización extrema son pocos los que se quedan indiferentes.

Solo el 3% de los votantes registrados estaban indecisos en la víspera del 3-N. Hace cuatro años había muchos más: un 11%.

En principio, la participación favorece a los demócratas, que tuvieron graves problemas para movilizar a su electorado hace cuatro años, si bien es cierto que los fieles a Donald Trump, sobre todo los varones, tanto blancos como latinos, siguen apoyándole incluso en más número. Son las mujeres quienes pueden marcar la diferencia: los sondeos auguran 25 puntos de diferencia entre mujeres y hombres a favor de Biden.

Después de un sprint final de infarto, los dos candidatos, los de más edad que jamás han competido por la Casa Blanca, tuvieron este 3-N una jornada más sosegada. Los dos se mostraron seguros de su victoria y los dos acudieron a misa.

Donald Trump, que ha dado 16 mítines en cuatro días, ya votó de forma anticipada en Florida, donde tiene ubicada su residencia, y este martes lo hacía la primera dama, Melania, sin mascarilla.

Biden promete «restaurar la decencia»

Joe Biden, que sería el segundo presidente católico después de John F. Kennedy, acudió a primera hora a la iglesia St. Joseph on the Brandywine de Wilmington, Delaware, junto a su esposa Jill y dos de sus nietas. Su mensaje este martes ha sido claro: ha prometido «restaurar la decencia».

Biden ha reiterado en la campaña que es una elección sobre el alma de América. «Lo que deseo es recuperar el honor en la Casa Blanca», ha añadido.

Los Biden visitaron juntos el cementerio donde están enterrado su hijo Beau, que falleció en 2015 a los 47 años. También recordaron a la primera esposa de Joe Biden y su hija Naomi. Las dos perdieron la vida en un accidente de tráfico en diciembre de 1972. Biden acababa de ganar el escaño de senador por Delaware y pasó las Navidades a pie de cama en el hospital con sus hijos Hunter y Beau.

A continuación Joe Biden visitó su hogar natal en Scranton, en el disputado estado de Pensilvania con 20 votos electorales. Estas son las elecciones de «Scranton contra Wall Street». Así reivindicaba su origen obrero frente a un magnate, Trump.

En la que fue su casa hasta los 11 años Biden dejó escrito un mensaje en el salón que da por hecha su victoria: «Desde esta casa a la Casa Blanca». El 1 de septiembre de 2008 el dueño actual de la casa le pidió que firmara en una pared y escribió en la que fue su habitación: «Estoy en casa».

Luego ha estado en Pittsburgh, la principal ciudad de Pensilvania. Trump arrebató este estado a los demócratas por 1,2% en 2016. Las encuestas dan posibilidades a Biden, lo que le daría un gran espaldarazo para llegar a la Casa Blanca.

Joe Biden se ha desplazado luego a su residencia en Wilmington, en Delaware, donde va a vivir el emocionante y complejo recuento. Por ejemplo, como en Pensilvania no se ha empezado a contar el voto anticipado hasta que han abierto este martes los colegios difícilmente se conocerá todo el recuento esta madrugada.

Trump se confiesa en la Fox

Donald Trump ha arrancado la jornada con un tuit en el que recordaba su fin de fiesta en Kenosha, uno de los disputados condados de Wisconsin, que le catapultó a la Casa Blanca hace cuatro años. Trump se despidió de sus fieles seguidores bailando al ritmo de Y.M.C.A, de Village People.

En Fox & Friends, el presidente se ha mostrado convencido de que a ganar, lo que no se descarta a pesar de que la mayoría de las encuestas dan por vencedor al demócrata Joe Biden. «Lo hemos hecho mucho mejor. Nos sentimos muy bien. Vamos a ganar».

Según Real Clear Politics, la ventaja sería de 7,2% pero muy ajustada en los seis principales estados bisagra. En todos salvo Carolina del Norte las encuestas reflejan la ventaja de Biden.

Hablaré de victoria cuando haya victoria. No es un juego»

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A Donald Trump le han preguntado en la Fox si iba a anunciar el resultado durante la noche, como había dicho previamente. El presidente ha reiterado que el voto por correo puede ser fraudulento y llegó a declarar que había que declarar al vencedor lo antes posible. «Hablaré de victoria cuando haya victoria. No es un juego», ha remarcado.

Horas después, Trump ha visitado la sede del Partido Republicano en Virginia. Allí ha insistido en que a él le resulta más fácil ganar que perder. En todo momento ha dado por hecho que ganará un segundo mandato de forma clara. Y posibilidades tiene, una entre seis, según los expertos. Como hace cuatro años y lo logró.

De hecho, ha congregado a 250 personas a pasar la noche electoral en la Casa Blanca. Como si no estuviéramos en plena pandemia. Y como si no se hubieran contagiado decenas de funcionarios en la última reunión multitudinaria en la Casa Blanca, cuando anunció la nominación de la juez Amy Comey Barrett.

Temor a disturbios

Trump y Biden se la juegan en unos pocos estados: sobre todo, en Florida y Pensilvania. De Florida va a depender si vamos a conocer quién será el ganador a primera hora del miércoles, hora española, o habrá que esperar horas, incluso días. De Florida dependen 29 votos electorales.

Si Joe Biden ganara Florida, Donald Trump podría empezar a hacer las maletas, a no ser que haya un vuelco en otros estados probables de los demócratas. Si el presidente mantiene Florida, en lo que se ha empeñado con su política sobre Cuba y Venezuela, sus posibilidades de dar un vuelco a los sondeos aumentan.

Y también será mayor la incertidumbre porque habría que esperar hasta que se complete el recuento en el cinturón del óxido o rust belt (Pensilvania, Michigan y Wisconsin) donde se ha empezado este martes a tratar el voto anticipado y por correo.

El problema será este impás. El presidente tendrá que ser paciente y no poner en cuestión el recuento. Y, sobre todo, ha de calmar los ánimos de sus seguidores más violentos, dispuestos a tomar las calles si pierde el presidente. De hecho, muchos comercios y oficinas cercanos a la Casa Blanca llevan días tapiados, y la zona cercana tiene restringido el acceso.

Por primera vez en décadas hay temor a que el proceso electoral en la primera potencia global acabe en disturbios en las calles. En los últimos meses varias ciudades han sido escenario de saqueos de vándalos, que han aprovechado las protestas en las que se denunciaba los abusos policiales. Ahora los más extremistas entre los votantes de Trump solo están dispuestos a aceptar su victoria.

Si gana Trump, el ex vicepresidente Biden reconocerá los resultados, pero también podría haber violencia de los más radicales en la izquierda. De Trump y Biden depende que lanzar la señal de que la democracia en América sobrevive a la polarización actual.

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