Arranca un 2021 desolador en una Venezuela con una sociedad que lucha por su superviviencia, una hiperinflación demoledora, y una dramática situación humanitaria. El desafío de la oposición venezolana en este 2021 pasa por reinventarse o desvanecerse.

La Asamblea Nacional de Venezuela, que hasta ahora era el bastión institucional de la oposición al régimen chavista, inaugura este martes su periodo de sesiones dominada por chavistas, que se hicieron con una aplastante mayoría en las elecciones del 6 de diciembre, marcadas por una escasa participación, de apenas un 30% y el boicot de la mayor parte de la oposición. Jorge Rodríguez, hermano de Delcy, mano derecha de Nicolás Maduro, será el presidente del Legislativo chavista.

La oposición al régimen chavista, mayoritaria en la anterior legislatura, por su parte, se ha prorrogado el mandato, de modo que hay ahora dos Asambleas. Ya había dos presidentes, el chavista Maduro, que ostenta el poder de facto, y el presidente encargado, Juan Guaidó, quien sigue contando con el apoyo, sobre todo, de Estados Unidos.

Este lunes, en vísperas de que el chavismo se haga con el poder legislativo, Estados Unidos daba un paso adelante en favor de Juan Guaidó. El Departamento del Tesoro de EEUU ha emitido una licencia que autoriza las operaciones con Guaidó, al que mantiene su reconocimiento como «presiente interino». Según el documento del Tesoro, «los ciudadanos de EEUU tienen autorización para realizar transacciones y actividades con cualquier persona nombrada por Guaidó, la IV Asamblea o su comisión delegada».

El gobierno Biden va a ser igual de duro con Maduro pero cambiará el mantra de la usurpación»

luis vicente león

Sin embargo, está por ver cuál es la posición que adoptará Joe Biden cuando asuma como presidente el 20 de enero. «El gobierno Biden va a ser igual de duro con Maduro. Pero cambiará el mantra de cese de la usurpación», señalaba en una entrevista con El Independiente Luis Vicente León, director de Datanálisis.

El laberinto venezolano sigue sin ofrecer salidas viables a una oposición al régimen chavista que encara uno de los años más difíciles de su ya dilatada trayectoria. Las elecciones presidenciales de 2018, en las que Maduro se atribuyó de forma fraudulenta la victoria, derivaron en un giro de guion de la oposición. Juan Guaidó se proclamó presidente encargado ante una asamblea popular con una clara hoja de ruta: poner fin a la usurpación, poner en marcha un gobierno de transición y convocar elecciones libres.

Dos años después, a pesar de que unos 60 países de la comunidad internacional, entre ellos la mayor parte de la UE, han reconocido a Guaidó, y de que en su arranque galvanizó a una mayoría de venezolanos, ninguno de estos objetivos se han alcanzado.

Es su gran talón de Aquiles. Y, como dice Luis Vicente León en su cuenta de Twitter, «ningún grupo político puede sostenerse permanentemente sin presentar resultados concretos. Ese será su reto mayor y de eso dependerá su futuro».

Autoprórroga del mandato

Si bien las elecciones legislativas organizadas por el chavismo han sido cuestionadas por gran parte de la comunidad internacional, también es cierto que el mandato de la actual Asamblea Nacional llega a su fin este 5 de enero. Para solventar este problema jurídico y político Guaidó convocó una sesión extraordinaria el 26 de diciembre con el fin de plantear la extensión de sus funciones, y logró que se aprobara su propuesta.

«La continuidad constitucional será ejercida hasta que se realicen elecciones presidenciales y parlamentarias libres en 2021, ocurra un hecho político sobrevenido y excepcional en 2021, o hasta por un periodo parlamentario anual adicional a partir del 5 de enero de 2021», señala el texto aprobado. La Asamblea Nacional funcionará a través de la llamada comisión delegada.

Tres de los partidos del G4 (Voluntad Popular, Primero Justicia y Un Nuevo Tiempo), los puntales de Guaidó, dieron su visto bueno a esta prórroga del mandato. El partido más antiguo de Venezuela, Acción Democrática, sin embargo, salvó el voto, es decir, no se pronunció.

Otros dos diputados, Stalin González, de Un Nuevo Tiempo, y Marialbert Barrios, de Primero Justicia, han anunciado que dan por cerrado su ciclo como diputados por estar en desacuerdo con esta extensión de funciones de la Asamblea Nacional de mayoría opositora. En su cuenta de Twitter, Marialbert Barrios, anuncia que deja de ser diputada.

A su vez, Stalin González ha publicado en El Mundo un artículo titulado No podemos ser como ellos. Sostiene González, uno de los opositores que proviene de la dirigencia estudiantil de las protestas de 2007, que hay que ir más allá de la demanda de una convocatoria electoral.

«Esto no es un adiós ni un hasta luego. Seguiré trabajando desde todos los espacios posibles, ni norte es claro. Queda mucho trabajo por delante, debemos organizarnos e intercambiar ideas. Es hora de respetarnos y construir espacios direccionados hacia la democracia».

El 5-E, un punto de inflexión

«El 5 de enero es un día dramático. Se extiende el estatuto de transición. Lo dramático es que eso incluso sobre el papel tiene debilidades. No puedes autoprorrogar un mandato, aunque no puedas entregarlo si no ha sido elegido con transparencia. Nos deja a todos en una especie de vacío», explica Ysrrael Camero, historiador y analista, representante de Un Nuevo Tiempo en España.

El objetivo de Maduro era acabar con Guiadó y con el liderazgo del G4. De una u otra manera, logra sacarse de encima a Guaidó y a la Asamblea dominada por la oposición»

ysrrael camero

Según Camero, «el objetivo de Maduro era acabar con Guaidó y con el liderazgo del G4. De una u otra manera, Maduro logra sacarse de encima a Guaidó y a la Asamblea Nacional dominada por la oposición al chavismo».

Lo que no habría logrado es que las elecciones legislativas sean reconocidas por la comunidad internacional. EEUU y la Unión Europea rechazaron los resultados por las condiciones en que se celebraron los comicios, que sí fueron reconocidos por los aliados tradicionales de Maduro, como Rusia o Cuba.

Con Trump Guaidó ha contado con una apoyo claro, y Biden dista mucho de ser un admirador de Maduro. Sin embargo, podría optar por una vía más pragmática y coordinarse con la Unión Europea para buscar cómo el régimen chavista puede aceptar concesiones a cambio de levantar algunas sanciones. Será clave la relación entre Joe Biden y Josep Borrell, el jefe de la diplomacia europea.

La oposición que se ha presentado a las elecciones ha quedado minimizada. El chavismo cuenta con 256 de los 277 escaños que se disputaron el 6 de diciembre. No pueden ejercer de contrapeso al régimen.

Para Guaidó y quienes le respaldan en el G4 es vital que la comunidad internacional siga de su lado. El hecho que hayan logrado ponerse de acuerdo, con disidencias, a la hora de prorrogar el mandato, les da opciones. Lo contrario había trasladado la imagen de caos.

Pero el liderazgo de Guaidó ya lo disputó de alguna forma Henrique Capriles al negociar por su cuenta con el chavismo la excarcelación de un centenar de presos políticos, entre ellos el diputado Juan Requesens, y luego mostrarse dispuesto a participar en los comicios. Después Capriles dio marcha atrás, ya que ni siquiera la presión de la UE sirvió para que Maduro retrasase las elecciones legislativas para dar más garantías al proceso.

En el último sondeo de octubre de Datanálisis, Guaidó contaba con un 25% de apoyos. Había llegado a contar con un 61% en febrero de 2019. En diciembre había remontado a un 30%. María Corina Machado, en desacuerdo con la prórroga del mandato, ronda el 20%. Y Capriles estaría algo por debajo. «Lo significativo realmente es que el 80% quiere cambio. Es decir, hay una total desconexión», nos explicaba Luis Vicente León en diciembre.

El rechazo a Maduro es claro también: no llega ni siquiera en el mejor momento al 20% de apoyos. Pero un 56% no están ni con el chavismo ni con la oposición.

Vuelta a los orígenes

Coincide con este diagnóstico Ysrrael Camero. «Lo que reflejan las elecciones es que hay una desconexión entre los políticos y la sociedad. Hay que buscar cómo expresar eso en términos políticos. «A corto plazo hay pocas posibilidades de que haya cambio político en Venezuela. Si postergas esa, el tema de la emergencia humanitaria y el trabajo social y político es prioritario» apunta el analista. Evoca el trabajo hecho por Acción Democrática en los años 40.

El problema para muchos es que asumir ahora que no está tan cerca como se creía «el fin de la usurpación» supone un duro golpe. «Es muy duro cuando llevas 22 años en esto. Yo tenía 22 años cuando asumió Hugo Chávez. Y han pasado 22 años desde entonces. Es la mitad de mi vida», añade Camero.

Muchos dirigentes de la oposición, como el propio Juan Guaidó, proceden del movimiento estudiantil. Empezaron hace 14 años y ahora tendrían que volver a empezar con el objetivo de reconectar con la sociedad, una sociedad más escéptica, más desesperanzada y más empobrecida.

«Para lograr un cambio has de lograr una fuerza masiva movilizada. Lech Walesa pudo hacerlo pero tenía a millones detrás», insiste Camero.

A corto plazo muchos analistas coinciden que Maduro se siente fuerte tras imponer sus elecciones y es posible que haya mayor represión. El Foro Penal denuncia en su último informe que existen en Venezuela 359 presos políticos en su último informe de noviembre. La mayoría de ellos no son dirigentes, sino ciudadanos a los que se utiliza como instrumento para propagar el miedo.

Si fuera así, habrá más opositores, diputados en la Asamblea de Guaidó, que se irán al exilio. Ya ha dicho Maduro que «no le temblará el pulso» para aplicar «todo el peso de la ley» contra «estas ínfulas de autoproclamación y de extensión ilegal e inconstitucional de supuestos mandatos».

Maduro ha amenazado varias veces con detener a Juan Guaidó pero no ha llegado a hacerlo, aunque sí ha hostigado a su círculo más cercano. Es una estrategia para amedrentar y para debilitar sin que la reacción internacional se desborde, como pasaría si fuera Guaidó el arrestado.

En todo caso la oposición corre el riesgo de convertirse en una oposición en el exilio, y desde el exilio difícilmente se puede desbancar al poder. La figura más relevante que ahora está fuera de Venezuela es Leopoldo López, también de Voluntad Popular como Guaidó, quien fuera el preso político más conocido de Venezuela. Leopoldo López intenta desde Madrid articular las relaciones con el gobierno español y con la UE.

A medida que avance el año es posible que Maduro, como ya hizo otras veces, podría jugar a cambiar de estrategia y mostrarse dispuesto a negociar a cambio de que se levanten sanciones. En Venezuela se celebrarán elecciones regionales y locales y vuelve a darse la disyuntiva si es mejor participar, aunque el margen de actuación sea estrecho, o bien boicotear las convocatorias.

Mientras el régimen se atrinchera, y la oposición se aferra a sus demandas de cambio como si las reglas del juego fueran las de la democracia, los venezolanos se levantan cada día sin saber qué van a comer.