Hay una escena que Roberto Batista (Nueva York, 1947) tiene grabada en su mente de tal forma que ha escrito un libro, Hijo de Batista (editorial Verbum), para liberarse de ella. Era el 30 de diciembre de 1958 cuando llegó a Nueva York desde La Habana con su hermano Carlos Manuel. Había prosperado el golpe abanderado por Fidel Castro contra su padre, el dictador Fulgencio Batista. Fue entonces cuando se dio cuenta del peso del apellido Batista.

«Eramos unos niños de nueve y 11 años y nos recibió una turba insultándonos y humillándonos. Nosotros no sabíamos qué estaba pasando en Cuba. Luego estuvieron esperando a mis padrinos a que tramitara nuestra documentación. Me pareció una eternidad. Y al salir también había periodistas que nos preguntaban. Así tomé conciencia de mi apellido. Esa fue una noche larga que no parece terminar», explica Roberto Batista, quien pasa una larga temporada en Madrid, donde viven sus hijos.

Su padre acabó sus años de exilio, tras pasar por la República Dominicana y Madeira, en la capital de España. Murió en Málaga en 1973, pero está enterrado en el cementerio de San Isidro.

Confiesa que nunca tuvo intención de escribir este libro. Unos amigos suyos, intelectuales cubanos, le convencieron para que dejara constancia de una visión de su padre hasta ahora desconocida. Fulgencio Batista, autodidacta, era un voraz lector y escribió cinco libros, entre ellos, Cuba traicionada, Paradojas o Auge y declive de la República de Cuba.

La despedida que falseó ‘El Padrino’

Fulgencio Batista como hombre de familia cariñoso, siempre con Cuba en su cabeza y en su corazón, y con aspiraciones de hombre de Estado. Su nombre se asocia, sin embargo, a la Cuba en la que la mafia estadounidense campaba a sus anchas, una fiel aliada del gobierno de Washington.

Roberto Batista, que ejerció como abogado en Nueva York hasta su jubilación, se rebela contra esa imagen de su padre, fruto, a su juicio, de la propaganda castrista.

Revela cómo la celebre fiesta de fin de año, con mafiosos incluidos, de la que acabaría escapando su padre nunca sucedió, al contrario de lo que se ve en la película El Padrino. Fulgencio Batista fue a despedirse de los militares antes de partir de Cuba ese último día del año 1958. No hubo juerga sino que fue un adiós austero.

Tampoco tuvo lugar la reunión de capos mafiosos durante su mandato, ya que Al Capone y los demás estuvieron en el Hotel Nacional en 1948, cuando Fulgencio Batista vivía en Daytona Beach, en Estados Unidos. Admite Roberto Batista que la mafia hizo negocios «legales» en Cuba cuando su padre estaba en el poder.

Luces y sombras

Reconoce que en Hijo de Batista ha querido hablar de los pros y los contras de su progenitor. «Hemos tenido una niñez muy feliz. Tuvimos un hogar tranquilo en Cuba. Pero sé que hay una figura pública de mi padre, que se presta a interrogaciones. Para muchas cuestiones no tengo respuestas. Cuestiono el golpe de Estado del año 1952 y su política después de las elecciones de 1954, y cómo se desarrollaron aquellos años. En esos dos primeros años ejerció como dictador y en 1954, como presidente electo, restauró la Constitución de 1940».

Capitán de las Islas, salido como la fibra o la greda de las raíces populares, pueblo él mismo, pueblo en su gracia»

pablo neruda, sobre fulgencio batista

Previamente, Fulgencio Batista, un militar de origen muy humilde nacido en Banes, Holguín, había sido presidente constitucional entre 1940 y 1944. En esa época el poeta chileno Pablo Neruda, le dedicó estas líneas: «Capitán de las Islas, salido como la fibra o la greda de las raíces populares, pueblo él mismo, pueblo en su gracia».

En 1933 había dado un primer golpe, la revuelta de los generales, que instauró la llamada Pentarquía como junta de gobierno. Supervisaba el proceso Batista como jefe de las Fuerzas Armadas.

Después de ese primer mandato constitucional entre 1940 y 1944 se estableció en Estados Unidos, pero regresó a la isla en 1952 para competir de nuevo en unas elecciones. Al darse cuenta de que no tenía posibilidades de ganar, dio el golpe el 10 de marzo de 1952, ese golpe que condena hoy su hijo Roberto. Fidel Castro iba a presentarse a esas elecciones frustradas.

Batista subestimó a Fidel Castro, con quien llegó a reunirse acompañado por Rafael Díaz-Balart, hermano de su primera mujer, porque quería hacer política en su partido. «No es un candidato», le dijo Fulgencio Batista a Díaz-Balart. Después del asalto al Cuartel de la Moncada, el 26 de julio de 1953. Encabezaba la rebelión Fidel Castro, que se salvó de ser ejecutado. Otros opositores no habían corrido la misma suerte.

Roberto Batista interpreta que su padre estaba defendiendo a la población al reprimir a los disidentes, si bien «hubo algún que otro atropello, pero eso pasa cuando los países tienen una conflagración nacional». Fulgencio Batista fue clemente con Fidel Castro. «Hizo mal en liberarlo de los 15 años de cárcel a los que estaba condenado pero hizo bien en ser clemente», señala. Aunque si hubiera sabido que Fidel iba a mantener el régimen más de 60 años… Remarca que Fidel Castro fusiló mientras que su padre «ponía fin a los disturbios».

Veremos a nuestro pueblo rojo por la sangre que han anunciado derramar y la que habrá de derramarse y negro por el luto que de enseñorearse de la nación»

fulgencio batista

¿No es Fidel Castro producto de un sistema político que dominó su padre? «No lo creo», confiesa. «Es más, mi padre dijo en todo momento lo que iba a pasar. Dejo constancia en el libro de cómo mi padre ya vio hacia dónde iba Cuba con Fidel Castro. A su llegada a la República Dominicana el 1 de enero de 1959 dijo: ‘Veremos a nuestro pueblo rojo por la sangre que han anunciado derramar y la que habrá de derramarse y negro por el luto que ha de enseñorearse de la nación».

En todo caso, Roberto Batista cree que ya «no es tiempo de Batistas ni de Fidel Castro, son las nuevas generaciones las que han de llevar a Cuba a la democracia. Los jóvenes tienen mucho que aportar». En eso confía Roberto Batista, quien sueña con una democracia, en la que esté legalizado el Partido Comunista. Pero no se aventura a decir cuándo se dará el cambio en Cuba.

Anti Trump

Socialdemócrata confeso, Roberto Batista se declara anti Trump. «No puedo con él», asegura, aunque sabe que muchos cubanos de origen le apoyaron y gracias a ellos pudo ganar Florida en las últimas elecciones de 2020.

«Soy partidario de una democracia representativa y de intervenciones estatales para obtener justicia social. Defiendo el New Deal y del estado del bienestar. Apoyo a Joe Biden», afirma Roberto Batista, quien se describe como una mezcla de cubano, español, americano y suizo.

«A mí la política en el exilio me hizo mucho daño. No soy un animal político como mi padre. Nunca se me pasó por la cabeza», confiesa.

Como relata en Hijo de Batista durante mucho tiempo no pudo hablar de Cuba. Fue esa noche del 30 de diciembre su pesadilla. «Me dejó sin autoestima», afirma. Nunca ha escondido su origen, pero sí que tenía reparo en mostrarlo. Cuando estaba en la universidad se veía sin argumentos para defender lo que hizo su padre y lo evitaba.

«Mi padre sí nos hablaba de Cuba y se refería a sus libros escritos en el exilio para dejar constancia de lo que había sucedido», cuenta Roberto Batista, que defiende que cuando dejó el país Fulgencio Batista Cuba era rica.

Era la Cuba del glamour porque mi padre estaba preparando el país para el turismo»

roberto batista

A los que se refieren a esa Cuba de los 50 como un gran prostíbulo, los remite a aquello en lo que se ha convertido el país caribeño. «Era la Cuba del glamour, porque mi padre estaba preparando el país para el turismo. Cometió el error del golpe, pero era un hombre que pudo haber sido un gran estadista. Tenía una visión para el país y, como era querido por el ejército, dio ese paso, un paso equivocado, a mi juicio».

Relación con Franco y con España

En los años 40 Fulgencio Batista se había referido al dictador Francisco Franco como «fascista». Batista se puso del lado de los aliados, mientras que Franco apoyaba al Eje, aunque España se mantuvo fuera de la Segunda Guerra Mundial. «Mi padre vigilaba para que los submarinos alemanes intervinieran en el Caribe. Entonces las relaciones eran tensas. Luego en los 50 ya se restablecieron las relaciones».

Pasó los últimos años de su vida en Portugal, donde recibió el apoyo del general Salazar, y en España, en plena dictadura franquista. «Nunca llegaron a verse pero Franco le asignó una buena protección», afirma.

Los Batista han echado raíces en España, donde viven los dos hijos de Roberto, que ha seguido las elecciones a la presidencia de la Comunidad de Madrid con gran expectación. Reconoce que admira a Isabel Díaz Ayuso, flamante ganadora, y desconfía de Pablo Iglesias, quien se presentaba como candidato por Unidas Podemos.

«Hay una amenaza socialcomunista en España, aunque ahora se haya retirado Pablo Iglesias. Pero está preparando una operación mediática importante. Iglesias y su equipo son herederos de los bolcheviques de Maduro. Es importante que España siga teniendo presente la Constitución de 1978″, apunta Fulgencio Batista.

Después de este primer libro, que le ha servido de catarsis, Roberto Batista no descarta una segunda parte. O quizá una serie de Netflix sobre las dos caras de su padre.