Las espléndidas estancias de la Villa La Grange, en Ginebra, están siendo el escenario del primer encuentro entre los presidentes de Estados Unidos, Joe Biden y Rusia, Vladimir Putin. Ginebra ya albergó el encuentro entre Ronald Reagan y Mijail Gorbachov, en noviembre de 1985. Esa reunión marcó el inicio del fin de la Guerra Fría. Biden ha defendido al inicio de la cumbre los encuentros «cara a cara» y Putin ha confiado en que sea una conversación «productiva». No se han hecho esperar. Un detalle significativo, ya que Putin ha llegado a tardar una hora en una cita con el Papa de Roma.

Ahora las relaciones entre la Administración Biden y el Kremlin están en su peor momento en tres décadas. Biden y Putin son adversarios íntimos y en un enclave asociado a la neutralidad se ven por primera vez cara a cara como líderes de las dos potencias globales.

«Las relaciones entre Estados Unidos y Rusia han acumulado muchos problemas acumulados que requieren de un encuentro de algo nivel de modo que espero que nuestra entrevista sea productiva», ha dicho Putin nada más ver a Biden en el interior de la villa La Grange en Ginebra, según el traductor.

Vladimir Putin ha llegado a mediodía a Ginebra y pasadas las 13.30 se ha encontrado con Joe Biden en la villa del siglo XVIII. Un apretón de manos en la entrada ha sido muy celebrado por los medios rusos, como el saludo entre las dos superpotencias. Es lo que busca Putin, imagen de líder global. Después se han dejado grabar unas imágenes en la reunión con sus jefes de la diplomacia, Antony Blinken y Serguei Lavrov.

El presidente Biden, que ha elegido Europa como destino de su primer viaje internacional, llegó el miércoles por la tarde a Ginebra, procedente de Bruselas. El fin de semana estuvo en Cornualles, en la cumbre del G-7, para luego reunirse con los aliados en Bruselas el lunes y con los máximos representantes de la UE el martes. En el seno de la cumbre de la OTAN, tuvo lugar el paseo de Pedro Sánchez con Joe Biden, su primer y breve vis a vis.

Hacia las seis de la tarde comparecerá el líder ruso ante los medios y aún está por fijar la hora de la rueda de prensa de Biden, que esta misma noche partirá rumbo a Washington.

«Es muy significativo que se vean en Ginebra, y no en Helsinki, como la última vez con Trump. En Ginebra tuvo lugar la reunión entre Reagan y Gorbachov. Los rusos pueden lograr más beneficios que los estadounidenses de este encuentro», señala Juan Antonio Gurpequi, catedrático de Estudios Norteamericanos y miembro del Consejo Académico del Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá de Henares.

No habrá rueda de prensa conjunta, lo que da idea de la falta de confianza mutua. En Helsinki en 2018, el predecesor de Biden, Donald Trump, sí compareció junto a Vladimir Putin. En su última entrevista antes de la cumbre con Biden, Putin ha elogiado a Trump, a quien ha calificado como «un individuo extraordinario y talentoso» frente a Biden, «hombre de carrera», del establishment.

Putin, «asesino sin alma»

Todavía resuenan los ecos de las palabras de Biden sobre Putin. Cuando George Stephanopoulos le preguntó en la cadena de television ABC si creía que Putin era un asesino, Biden respondió: «Mmmm… lo creo». Y añadió: «No tiene alma». Putin se lo tomó con calma: «Hay que serlo para reconocerlo». Son viejos conocidos y entre ellos no hay empatía.

Ya mantuvieron un encuentro en Moscú en 2011 cuando Biden era vicepresidente con Obama y Putin, primer ministro. Biden acaba de llegar a la Presidencia pero lleva casi cuatro décadas en el Congreso y fue ocho años (2008-2016) vicepresidente con Obama. Putin lleva 21 años el poder en Rusia.

Lejos quedan encuentros que acabaron a carcajadas como el de Boris Yeltsin y Bill Clinton cuando en 1995 en Nueva York el presidente ruso dijo a la prensa, que había vaticinado que el encuentro sería «un desastre». En la comparecencia conjunta, Yeltsin declaró: «Por primera vez os digo que sois vosotros (en alusión a la prensa) los que sois un desastre». Clinton empezó a reír sin poder contenerse y luego se unió Yeltsin. La afición de Yeltsin por el alcohol ayudaba mucho a la distensión en aquellos tiempos.

Entre Washington y Moscú la relación ha ido empeorando desde Barack Obama. Y entonces Joe Biden era vicepresidente. La invasión de Crimea fue determinante para el distanciamiento entre EEUU y el Kremlin.

Sin embargo, Trump elogiaba a Putin, como un líder fuerte. En la cumbre de Helsinki Putin negó la injerencia en las elecciones de EEUU. Y Trump aseguró que creía a Putin, cuando eran los servicios de inteligencia de EEUU los que sospechaban de la intervención rusa. «El mundo quiere que nos llevemos bien», dijo entonces Trump.

Hay una desconfianza estratégica muy profunda. Rusia no va a ser más predecible ni menos agresiva»

nicolás de pedro

En realidad, las relaciones entre Trump y Putin eran buenas en lo personal pero había recelos entre las administraciones. «Hay una desconfianza estratégica muy profunda. Rusia no va a ser más predecible ni menos agresiva, como le gustaría a Biden. Tampoco creo que Rusia se aproxime a EEUU en el pulso con China», señala Nicolás de Pedro, senior fellow en The Institute for Statecraft de Londres. «Y, desde luego, el Kremlin no va a permitir que se ponga sobre la mesa el tema del respeto a los derechos humanos en Rusia, por ejemplo, lo relacionado con el encarcelamiento de Alexei Navalni. Si sale el tema, la cumbre acabará con tono bronco».

En busca de una relación más predecible

La cumbre se celebra a propuesta de Estados Unidos. Joe Biden busca entablar una relación más predecible y, sin duda, ver cómo disolver esa cercanía entre Moscú y Pekín, algo que parece complejo. En realidad, es China la prioridad de EEUU y por ello busca que el Kremlin no sea un obstáculo más. Fue el presidente de Estados Unidos el que propuso en abril en una llamada telefónica a Putin esta cumbre bilateral.

Habrá pocos avance, pero es importante que se celebre la cumbre porque la tensión entre EEUU y Rusia es muy fuerte»

carlota garcía encina

«Habrá pocos avances, pero es importante que se celebre porque la tensión entre Estados Unidos y Rusia es muy fuerte. En estos momentos es cuando estas cumbres son necesarias. El objetivo es trabar una relación compartimentada, rebajar la tensión y lograr que la relación sea más estable y predecible. Joe Biden es el primer presidente de Estados Unidos que llega a la Casa Blanca sin intención de resetear la relación con Rusia. Solo quiere que la relación sea manejable», afirma Carlota García Encina, investigadora principal en el Real Instituto Elcano.

«Fue una nueva noticia que se prorrogara el nuevo START. Puede haber avances sobre el cambio climático y el Ártico. Se darán pequeños pasos. El gran escollo es Ucrania y, si no se resuelve, la relación entre Estados Unidos y Rusia no podrá mejorar sustancialmente», añade García Encina. Biden busca colaborar en lo que se pueda y competir donde chocan los intereses nacionales.

El asesor de Seguridad Nacional Jake Sullivan confía en que después del encuentro haya instrucciones claras sobre cómo trabajar en «estabilidad estratégica». La expresión se refiere a cómo las dos principales potencias nucleares han de mantener un equilibrio para evitar un conflicto abierto. Poco después de asumir como presidente, Biden renovó el nuevo START.

Relación diplomática bajo mínimos

Ni el embajador ruso está en Washington ni el estadounidense en Moscú. John Sullivan, el estadounidense, regresará pronto a la capital rusa, según el Departamento de Estado. En la reciente cumbre entre los jefes de la diplomacia de EEUU, Antony Blinken, y Rusia, el veterano Serguei Lavrov, ya empezaron a hablar sobre cómo mejorar las relaciones diplomáticas.

En la embajada de EEUU en Moscú queda una representación muy escasa y los consulados en San Petersburgo, Vladivostok y Yekaterimburgo siguen cerrados o suspendidos. Los rusos que quieren visitar Estados Unidos han de pedir visado en un tercer país.

Hay dos estadounidenses encarcelados en Rusia, Paul Whelan y Trevor Reed. Whelan está condenado a 16 años por espionaje y Reed a nueve años por poner en peligro la vida de policías rusos. Los dos niegan los cargos.

Es posible que Rusia quiera cambiarlos, como se hacía en la época de la guerra fría, por rusos que están en prisión en Estados Unidos, como el comerciante de armas Viktor Bout y al supuesto traficante de drogas Konstantin Yaroshenko.

Navalni y Ucrania, líneas rojas para Rusia

Rusia considera que Ucrania y Bielorrusia son espacios que tiene derecho a tutela por haber formado parte de la Unión Soviética. El Kremlin sigue defendiendo que Crimea es parte de su territorio y se ha puesto del lado del bielorruso Alexander Lukashenko, que se mantiene en el poder tras unas elecciones fraudulentas.

Sobre Navalni, ya dejó claro Putin en la última entrevista antes de verse con Biden que si los estadounidenses aluden a los «presos políticos», él se preocupará por los arrestados tras los sucesos del Capitolio el 6 de enero. El Kremlin defiende a ultranza que no puede injerirse en la política interna de otro país, ni siquiera cuando están en tela de juicio los derechos humanos.

Joe Biden se ha presentado como un defensor de los derechos humanos y si coloca este tema sobre la mesa van a saltar las chispas. Otro tema espinoso es la ciberseguridad. Estados Unidos ha acusado a Rusia de amparar o promover hackeos como el sufrido por el gasoducto Colonial. El Kremlin considera estas acusaciones infundadas y reflejo de la tendencia anti rusa de Occidente.

Desde nuestro punto de vista si los líderes de Rusia y de EEUU pueden trabajar juntos y cooperar, nuestra gente, y el mundo, será un lugar cada vez más seguro»

antony blinken

«Desde nuestro punto de vista si los líderes de Rusia y de Estados Unidos pueden trabajar juntos y cooperar, nuestra gente, y el mundo, será un lugar cada vez más seguro», dijo Blinken al terminar su cara a cara con Lavrov en Islandia.

Hace 36 años en Ginebra, Reagan y Gorbachov empezaron con mal tono. Reagan dijo que «la URSS había provocado conflictos y confrontaciones en todo el mundo» y se refirió a cómo «el marxismo leninismo buscaba su expansión por todo el mundo».

Gorbachov reaccionó diciendo que no había dio a Ginebra a hablar de marxismo leninismo. Gorbachov acabó llamando a Reagan «dinosaurio conservador» y Reagan dijo del padre de la perestroika que era un «testarudo bolchevique».

Sin embargo, en la segunda jornada se produjo el deshielo y en el brindis después de la comida Reagan y Gorbachov reconocieron que había empezado algo nuevo en Ginebra. No hubo acuerdos, pero los dos se dieron cuenta de que en una confrontación directa no habría vencedores ni vencidos.

Este miércoles 16 de junio tampoco se esperan acuerdos pero sí una señal que dé cierta tranquilidad al mundo. Biden y Putin pueden seguir siendo adversarios y mantener sus diferencias, pero la cooperación estratégica es imprescindible.