«¿Quién va a ganar en las elecciones presidenciales en Irán? O Sayyid Ebrahim Raisol-Sadati o Ebrahim Raisi», decía la broma que circulaba por Teherán. En realidad, son la misma persona. Sayyid Ebrahim Raisol-Sadati es el nombre completo del juez Ebrahim Raisi, bendecido por los ayatolás para ser el heredero del actual presidente, Hasan Rohani. Ebrahimi Raisi ha ganado efecticamente por un 62% de los votos emitidos. Han sido 17,8 millones de votos de los 28,6 millones el total. En segundo lugar ha quedado Mohsen Rezai, con 3,3 millones de sufragios.

Su gran competidor ha sido la abstención. Han dejado de ir a las urnas 31 millones de iraníes de los 59 millones convocados. Oficialmente la participación ha sido de un 47,4%. Ya en las legislativas de febrero se batieron los récords con un 42,5%.

Los ayatolás tenían todo atado y bien atado en la convocatoria a las urnas de este viernes 18 de junio. Ebrahim Raisi (Mashhad, 1960), presidente del Poder Judicial, cuenta con la bendición del Líder Supremo, Ali Jamenei. Ha superado con creces el 50% de los votos, de modo que ha ganado en primera vuelta. El presidente saliente, Hasan Rohani, ha felicitado al que será su sucesor así como los otros competidores, que ya partían como vencidos. Jamenei y Raisi ya se han reunido y del encuentro se hace eco Raisi.

El Consejo de Guardianes de la Revolución ha hecho todo lo posible por garantizar su victoria clara. Se terminaron esas convocatorias en las que desde el régimen se permitía a los llamados reformistas presentarse para legitimar la contienda electoral.

Casi 600 candidatos se postularon para suceder a Hasan Rohani, quien renovó como presidente en 2017 compitiendo precisamente contra Ebrahim Raisi. Rohani es presidente desde 2013. Llegó al poder con la promesa de entablar relaciones con Washington y otras potencias occidentales.

Dos años más tarde se firmaba el Acuerdo Nuclear. Irán aspiraba a que la apertura económica diera paso a un anhelado progreso. Pero el proceso fue lento y saltó en pedazos con la Administración Trump, firme aliada de Israel, acérrimo enemigo del régimen de los ayatolás.

En estas elecciones presidenciales, el Consejo de Guardianes de la Revolución aprobó solo a siete candidatos. Sin embargo, solo quedan cinco porque tres se han retirado. El único moderado que queda en la carrera es Abdolnasser Hemmati, que estuvo a cargo del Banco Central. De todas formas, el Consejo de Guardias de la Revolución puede descalificar a candidatos hasta el mismo día de la votación.

Entre los rechazados estaban Ali Larijani, ex presidente del Parlamento, así como Mostafa Tajzadeh, ex viceministro del Interior que pasó seis años en la cárcel por apoyar las protestas contrarias al régimen, y también Mahmoud Ahmadineyad, quien ya fue presidente.

En juego la sucesión del Líder Supremo

Como señala The Economist, «esto dista mucho de ser una convocatoria electoral; es una coronación, la coronación de Ebrahim Raisi, a cargo del poder judicial que ayudó a ejecutar la ejecución masiva de presos políticos en los ochenta». Fue en 1988, tras la guerra irano-iraquí.

También estuvo a cargo de la purga de opositores tras triunfar la Revolución Islámica en 1979. En 2018 Estados Unidos sancionó a Ebrahim Raisi por presuntos abusos de derechos humanos.

Ebrahim Raisi puede ser el sucesor del Líder Supremo, que ya tiene 82 años y una salud quebradiza. Una clara victoria le dará empuje para ser el sucesor»

irene martínez, i. for statecraft

«Ebrahim Raisi puede ser el sucesor del Líder Supremo, Ali Jamenei, que ya tiene 82 años, y una salud quebradiza. Si Raisi gana claramente, contará con el apoyo de Jamenei y de la Guardia Revolucionaria. Esto le dará mucho empuje para ser el sucesor», afirma Irene Martínez, investigadora en The Institute for Statecraft de Londres.

«Tiene un pasado oscuro, ya que se le acusa de haber eliminada a un millar de personas en sus primeros años como juez. No le temblaba la mano a la hora de ejecutar la pena capital. Llegó a la política en 2017. Antes estaba en el establishment del régimen. Sobre sus opiniones se sabe poco. Los debates han sido aburridos y en ellos no ha expuesto valoraciones propias. Lo hará previsiblemente cuando sea elegido. Es indudable que está muy alineado con el Líder Supremo», señala la investigadora.

El futuro del acuerdo nuclear

Este cambio en Irán tiene lugar justo cuando se han reactivado las conversaciones sobre el Acuerdo Nuclear, que Donald Trump acabó echando por tierra de forma unilateral. Tras la decisión de Trump, EEUU volvió a aplicar sanciones a Irán, lo que ha dañado profundamente la economía del régimen de los ayatolás.

«De cara al acuerdo nuclear, seguirá siendo el Líder Supremo quien marque las directrices. Necesitan que se eliminen las sanciones de EEUU. El nuevo presidente tomará posesión en agosto y desde ahora hasta esa fecha crecerá la presión para que el equipo saliente, con Rohani en cabeza, cierre el acuerdo nuclear, pero que los méritos se los lleve Raisi», apunta Irene Martínez.

Los negociadores cambiarán y serán mucho más duros, además de menos experimentados. Mientras sigan a cargo Rohani y sus asesores, habrá posibilidades de que se retome el acuerdo. De todas formas, hay muchos obstáculos. Entre ellos, su participación en guerras de proxys en Oriente Próximo. Teherán quiere limitar el acuerdo al ámbito nuclear, mientras que Estados Unidos pretende frenar el avance de Irán en la región.

Abstención histórica

En las elecciones legislativas de febrero la participación fue bajísima. El desencanto se unió a los estragos por el coronavirus. Las encuestas apuntan a que en estas presidenciales puede superarse el 57% de entonces. Finalmente ha sido de casi un 53%.

Especialmente alta fue la abstención en las grandes urbes, especialmente en Teherán. Ya en febrero solo votó el 26% de los iraníes en la capital. La brecha entre ciudades y campo es cada vez mayor.

La preocupación entre los ayatolás erea grande. De este modo, en los últimos días se han intensificado los llamamientos al voto. Incluso el Líder Supremo ha dejado claro del deber moral y ciudadano de acudir a las urnas.

Pero los iraníes no ven sentido a votar en unas elecciones cuyo resultado ya está sentenciado. Los reformistas incluso prefieren la abstención a apoyar al candidato moderado que queda en liza.

Rohani empezó con buen pie al lograr el Acuerdo Nuclear en 2015. La inflación bajó hasta el 7%, la menor en décadas. Según los datos del Banco Mundial, previos a la pandemia, la inflación era del 40% y el PIB había caído un 6% por segundo año consecutivo. Las sanciones han hecho que se hundan las exportaciones de crudo y gas.

La pandemia ha empeorado la situación. Han muerto en Irán 82.000 personas con más de tres millones de casos. Menos del 6% ha recibido alguna dosis de la vacuna. La crisis del coronavirus se ha sumado a los perjuicios por las sanciones para dibujar un escenario desastroso. El paro juvenil no baja del 22%. Son los jóvenes y las mujeres los que más alientan las protestas, siempre severamente castigadas.

Como escriben Saeid Golkar y Kasra Aarabi en la revista Time, «estamos ante el inicio de un nuevo sistema político, pero no se trata del que querían la mayoría de los iraníes».

«La represión autoritaria ha aumentado en los ocho años de la llamada presidencia reformista de Rohani. Su gobierno reprimió con violencia las protestas anti régimen de noviembre de 2019. Las fuerzas de seguridad han matado a unos 1.500 civiles armados. Así se ha puesto el último clavo en el ataúd de esa idea de un sistema que puede ser reformado con el voto de los iraníes», afirman Golkar y Aarabi.

En los 90 describió Jamenei los cinco pasos de la Revolución Islámica. El primero era la Revolución en sí. El segundo consiste en la creación de un régimen islámico, a lo que seguiría un gobierno islámico. La cuarta fase sería la islamización de la sociedad, que posteriormente sería un modelo para otros países.

El rumbo sería ahora encauzar la transición de la República Islámica al Estado Islámico, apuntalado en la Guardia Revolucionaria Islámica, como ejército ideológico. De hecho, un comandante de este cuerpo, Mohamad Reza Naghdi, ha reconocido que tanto Jamenei como el ayatolá Jomeini tienen en mente crear ese Estado islámico. Jamenei quiere asegurarse que el régimen le sobrevivirá.