Una mujer compra una mascarilla en una calle de Nairobi, Kenia.

Una mujer compra una mascarilla en una calle de Nairobi, Kenia. Dennis Sigwe | DPA | EP

Internacional

La 'fuga de vacunas' de África: sólo un 3,1% de la población está inmunizado

África afronta su tercera ola de coronavirus sin vacunas. Aunque en algunos países parece haber empezado a remitir, como en Sudáfrica, en otras 21 naciones los casos han ido incrementando en más de un 20 por ciento durante al menos dos semanas consecutivas, tal y como alertaba la Organización Mundial de la Salud hace unos días. «No se haga ilusiones, la tercera ola de África no ha terminado en absoluto. Este pequeño paso adelante ofrece esperanza e inspiración, pero no debe ocultar el panorama general de África», alertaba Matshidiso Moeti, director regional de la OMS para África.

«Muchos países todavía están en riesgo máximo y la tercera ola de África ha aumentado más rápido y más alto que nunca», indicaba Moeti, que apuntaba además hacia un posible aumento en los contagios por las celebraciones del Eid al Fitr, conocida como la fiesta del cordero.

África Subsahariana se encuentra «en el peor momento de todos» desde que empezó la pandemia, asegura para El Independiente Quique Bassat, epidemiólogo e investigador ICREA en el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación la Caixa. «Hasta ahora, el impacto en África Subsahariana [de las dos primeras olas de Covid-19] había sido moderado, con relativamente pocas muertes. África Subsahariana tiene el 16% de la población mundial, pero tenía aproximadamente un 3,5% de los casos mundiales y un 3,8% de las muertes mundiales», refleja este experto.

Es lo que ha ocurrido siempre con las enfermedades infecciosas: los más pobres siempre van por detrás en las prioridades globales»

QUIQUE BASSAT (ISGLOBAL)

Bassat explica que ahora la situación ha cambiado: «África está en una tercera ola mucho más virulenta, mucho más infecciosa y con una incidencia mucho mayor, probablemente debido a la variante Delta, aunque no tenemos datos muy fiables de qué proporción de los casos es variante Delta, y están empezando a subir los casos que requieren hospitalización y las muertes como no se había visto hasta este momento». Para poder enfrentarse al virus en una región en la que los sistemas de salud se caracterizan por su fragilidad, el África negra necesitaría comenzar a recibir vacunas, algo que no está sucediendo.

Hasta este jueves, de acuerdo con los datos de Our World in Data, sólo el 3,14% de la población africana en su conjunto habría recibido al menos una dosis de la vacuna contra el coronavirus. No obstante, se trata de una cifra difusa, ya que en ese porcentaje entran las estadísticas de países tan diferentes como Seychelles (con un PIB per cápita de 17.448,27 dólares en 2019), que ya ha inmunizado al 74,11% de su población, y Camerún (con un PIB per cápita de 1.507,45 dólares en el mismo año), que sólo ha vacunado al 1,06%.

Pero Camerún no es el país con menos ciudadanos incoados. Por debajo de este país, como refleja este gráfico en el que no aparecen reflejadas algunas naciones como Costa de Marfil, Burundi, Eritrea y Tanzania por falta de datos, se encuentran Somalia (1,03%), Mali (0,72%), Sudán del Sur (0,46%), Benín (0,36%), Burkina Faso (0,16%), Chad (0,13%) y República Democrática del Congo (0,09%). «Es lo que ha ocurrido siempre con las enfermedades infecciosas: los más pobres siempre van por detrás en las prioridades globales. En África hay que diferenciar claramente lo que pasa en el norte con lo que pasa en África Subsahariana. Sudáfrica -con el 9,41% de población vacunada- es el único país del África Subsahariana en el que ha habido un cierto progreso», sostiene el investigador del ISGlobal.

«La gran mayoría de los países africanos tienen un 1% o un 2% de población vacunada, muy focalizada en los trabajadores de salud, que han sido siempre los escogidos como los prioritarios, pero muy poca de la población vulnerable por edad o por enfermedades crónicas» han sido inmunizados, cuando es a ellos a los que realmente esas vacunas «les pueden salvar la vida», expone Bassat. 

Distribución de vacunas a través del Mecanismo Covax

Las dosis proporcionadas por el Mecanismo Covax, encargado de distribuir vacunas financiadas por donantes a los países de ingresos bajos, comenzaron a administrarse a principios de marzo en Ghana y Costa de Marfil. El objetivo de este mecanismo es que las vacunas enviadas desde los países ricos lleguen a las zonas empobrecidas para que la inmunización se lleve a cabo de forma equitativa, es decir, para que no suceda lo que está pasando.

«Para finales de 2021 tenía que haber una proporción importante de la población africana vacunada, pero ha habido muchos retrasos en la distribución de vacunas, vacunas que se había prometido que iban a formar parte de Covax no lo han hecho o han sido atrasadas. Ha habido mucha fuga de vacunas, y dosis que originalmente estaban previstas para países más pobres», pero finalmente, por «la presión del mercado y la capacidad de los países más ricos de pagarlas y de priorizarlas para ellos en vez de para los demás, han acabado no llegando a los países a los que tenían que llegar», desarrolla el epidemiólogo del ISGlobal. «Esa es la ley del más fuerte con la que los países africanos no pueden competir». 

Los obstáculos para inmunizar al continente africano

Las trabas para lograr una inmunidad de rebaño frente al Covid-19 no se detienen aquí, dado que también juega un importante papel la escasez de puestos de salud. La organización sin ánimo de lucro Fundación Recover alertaba en su segundo informe sobre Educación y Formación Sanitaria en Benín, Camerún y Costa de Marfil, elaborado en la época prepandémica, que estos países contaban con menos de dos médicos por cada 10.000 habitantes, mientras que en España esta cifra ronda los 40.

«Por desgracia, aunque esas vacunas lleguen gratuitas, que los gobiernos no las tengan que pagar porque van a través del mecanismo Covax, o que estén altamente subvencionadas, ocurre lo que pasa siempre con los países africanos, que no llegan suficientes medios de intervenciones» para salvar vidas en esos territorios, reflexiona Bassat.

Asimismo, al continente están llegando vacunas rusas y chinas gracias a acuerdos bilaterales entre los Estados africanos y esos países. «No tienen el sello de calidad por un registro que una autoridad competente -como la Agencia Europea del Medicamento (EMA) o la administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA)- confiere», indica Bassat. Por ello, sostiene que ni siquiera ese 3,1% de población africana incoada «puede decir que están inmunizados con unas vacunas que consideramos actualmente como las mejores».

Gobernantes ante una pandemia global: ¿compromiso o cinismo?

Sólo estaremos a salvo cuando estemos todos protegidos. Este tipo de frases coparon los titulares durante los primeros meses en los que el Covid-19 comenzó a hacer estragos en las zonas más ricas del mundo. Sin embargo, no se ha actuado en consecuencia. «Yo creo que los gobernantes sí que piensan que es una pandemia global y que hay que atajarla en todos los países; tendrían que ser muy cínicos para decirlo sin pensarlo», considera Bassat, que agrega que «otra cosa son los compromisos políticos que se han adquirido para los ciudadanos de cada país y ahora mismo los países, por egoísmo y por proteger a sus propios ciudadanos, no piensan en proteger a la totalidad del mundo».

«Para eso, hay que vacunar a todos y hay que ser valiente como gobernante y decir: ‘Nos sobran estas vacunas, no vamos a pedir más porque no las usaremos en el país. Y el porcentaje que sobre, por descontado va a los países pobres’. Pero no he visto todavía ningún gobernante que haya dicho esto creyéndoselo», concluye este investigador.

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