La jornada del 26 de agosto permanecerá en la memoria de los americanos durante décadas. En el hasta ahora peor día de la Presidencia de Joe Biden, el Pentágono ha confirmado la muerte de 13 militares estadounidenses, víctimas de una cadena de atentados perpetrados por el autoproclamado Estado Islámico en Afganistán. Han resultado heridos 15 soldados. Es la jornada más luctuosa para el Ejército de EEUU desde hace una década. En Afganistán no caían soldados de EEUU desde febrero de 2020.

«No olvidaremos. No perdonaremos a quienes han perpetrado este ataque. Iremos a cazarlos y no pararemos hasta que paguen por ello», ha dicho el presidente en su alocución. Sus amenazas van directas al Estado Islámico del Jorasán que ha reivindicado estos ataques en Kabul. «No vamos a detenernos ante el terror. Continuaremos la evacuación». Ha añadido: «No van a intimidar a América».

Ha asegurado que saben dónde están quiénes han organizado estos atentados y que irán a por ellos. Sin embargo, no ha dejado claro cómo lo hará, ya que la retirada sigue teniendo una fecha inminente, el 31 de agosto. O confía en los talibanes para acabar con los autores de estos ataques o simplemente era pura retórica.

No ha querido responsabilizar a los talibanes de los ataques. También ellos dicen haber perdido al menos a 28 militantes. En total, han perdido la vida 60 civiles en Afganistán y hay más de 150 heridos. «Por interés propio a los talibanes les va bien que salga la gente cuanto antes. No es una cuestión de confianza, sino de interés», ha señalado el presidente.

Ha alarmado a políticos y militares estadounidenses el hecho de que los militares dieran listas del personal estadounidenses y aliados afganos que solicitaban acceso al aeropuerto, según informa Politico.

«Ha sido un día duro… Estos militares son héroes que han dado la vida por otros en una operación de evacuación sin parangón en la Historia. Han hecho posible que miles puedan salir del país», ha dicho Biden, en su alocución. «Son la inspiración de América», ha añadido, al trasladar su pésame por todas las víctimas. «Tenemos el corazón roto», ha dicho, recordando cómo su hijo también estuvo sirviendo a EEUU en misiones en el exterior. Ha pedido un minuto de silencio después de su emocionada alocución.

Gabinete de crisis con la vicepresidenta fuera

Joe Biden canceló su encuentro con el primer ministro israelí, Neftali Bennett, y se reunió con sus asesores en la Situation Room, entre ellos el secretario de Estado, Antony Blinken, y el secretario de Defensa, Lloyd J. Austin III, entre otros. La vicepresidenta, Kamala Harris, se encuentra de viaje en Vietnam.

Los militares estadounidenses estaban ayudando a evacuar al personal afgano vinculado a las fuerzas internacionales, amenazado por los talibanes en el poder desde el pasado 15 agosto. Controlaban la entrada por la Abbey Gate cuando un suicida se inmoló y se llevó por delante a decenas de personas, entre ellas los marines. EEUU ha evacuado más de 100.000 personas desde la toma de Kabul, según informó Jen Psaki, portavoz de la Casa Blanca.

Apenas unas horas antes, Estados Unidos, Reino Unido y Australia advirtieron del riesgo de un atentado en las inmediaciones del aeropuerto de la capital afgana. De hecho, las autoridades de EEUU recomendaban no concentrarse en esa puerta donde tuvo lugar uno de los ataques. También hubo otra explosión ante el Baron Hotel y una tercera no confirmada por el Pentágono.

El anterior presidente de EEUU, Donald Trump, ha lamentado en un comunicado la tragedia, que «nunca debería haber tenido lugar y de ahí que nuestro dolor sea mayor». Trump ha criticado duramente la gestión de la retirada que Biden ha llevado a cabo, si bien fue él quien pactó la salida de las tropas de EEUU y la concesiones a los talibanes que han facilitado su llegada al poder. El senador republicano Josh Hawley ha llegado a pedir la dimisión de Biden.

Al preguntar a Biden si asume la responsabilidad de las muertes de este 26 de agosto, el presidente ha reconocido que él tomó la decisión de organizar la retirada. Sin embargo, ha aludido a que fue Trump quien pactó con los talibanes en Doha que los estadounidenses se irían de Afganistán a cambio de que no les atacaran. «¿Qué alternativa tenía?», ha dicho Biden. «¿Mandar más tropas y echar abajo el pacto con los talibanes?… Si Osama bin Laden hubiera estado en Yemen, nunca habríamos ido a Afganistán. Fuimos a cazar Bin Laden y a parar el terrorismo».

La popularidad de Biden está en caída libre y ya está por debajo del 50%, en un 47%, según FiveThirtyEight. Casi el 70% de los estadounidenses considera que la gestión ha sido mala y solo el 16% aprueba lo que ha hecho. El 59% responsabiliza directamente a Biden, el 40% a sus asesores, el 24% a los militares de EEUU, el 32% al ejército afgano y el 35% al antiguo gobierno afgano, según Political Polls.

El presidente Joe Biden ha defendido en reiteradas ocasiones su decisión de salir de Afganistán de forma definitiva antes del 11 de septiembre. No quiere que otro presidente de EEUU herede una decisión tan difícil de asumir y mantiene que no quiere que se sacrifiquen más vidas de estadounidenses. Ha reconocido que EEUU fue a Afganistán a defender las vidas de los estadounidenses, no de los afganos. En la misma línea se manifestó el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

El próximo 11 de septiembre se cumplen 20 años del 11-S cuando se perpetró el mayor atentado jamás perpetrado en suelo americano. El presidente republicano George W. Bush decidió la invasión de Afganistán, desde donde se organizaron los ataques. Osama bin Laden, líder de Al Qaeda, dio la orden desde Afganistán, donde gobernaban los talibanes. Veinte años después los talibanes vuelven a estar en el poder. Y EEUU sale de Afganistán derrotado y humillado. «Era hora de acabar esta guerra», ha concluido. Pero, ¿ha terminado?