«Estamos preparados para defender las fronteras de Polonia». El ministro polaco de Defensa, Mariusz Blasczak, ha anunciado que su país va a emplazar 12.000 soldados en la frontera para contener el aluvión de migrantes desde Bielorrusia. El gobierno polaco ha declarado el estado de emergencia en la franja fronteriza. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha acusado a Bielorrusia de «poner en peligro la vida de la gente» y de «instrumentalizar a los migrantes por motivos políticos».

Varsovia calcula que unas 800 personas han dormido junto a la frontera por el paso de Kuznica-Bruzgi, pero habría unos miles escondidos. Polonia ha bloqueado el paso de camiones y ha cerrado sus puertas. El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, ha dicho que la crisis migratoria en la frontera con Bielorrusia amenaza la estabilidad y la seguridad de toda la Unión Europea, según informa France Presse. A su vez, el gobierno bielorruso ha señalado que no se dejará intimidad por «provocaciones» en la frontera.

El presidente bielorruso, Aleksander Lukashenko, responde con estas técnicas de guerra híbrida a las sanciones impuestas por la Unión Europea por la represión contra la disidencia en su país. Tiene el amparo del Kremlin.

En mayo, Lukashenko forzó el aterrizaje en Minsk de un avión de Ryanair en el que viajaba el disidente Roma Protasevich de Atenas a Vilna, capital de Lituania. Con una falsa amenaza de bomba obligó al piloto a cambiar el rumbo y en Minsk detuvieron a quien fuera uno de los organizadores de las protestas contra Lukashenko que viajaba con su novia. Días después salió retractándose de toda su trayectoria. Tras este abuso contra los derechos humanos que pudo ver el mundo entero, Lukashenko se sintió más fuerte.

Y siguió dando pasos. Esta crisis migratoria se viene gestando desde agosto. Miles de personas procedentes de Irak, Afganistán y Siria han llegado a Bielorrusia en puente aéreo con escala en Estambul gracias a visados que facilitaban las autoridades de Minsk. A su llegada los trasladan en autobuses hacia la frontera con Polonia o con Lituania.

La situación este lunes era de locura. Los refugiados, incluidos niños, en el lado bielorruso de la frontera tras ser escoltados por las fuerzas leales a Lukashenko, mientras los soldados desfilaban en el lado polaco. Los soldados polacos informaban por megafonía que solo se podía cruzar a su país por los controles fronterizos.

La oposición llama a la OTAN

Stanislaw Zaryn, portavoz del Ministerio de Servicios Especiales de Polonia, tuiteó este lunes: «El intento masivo de forzar la frontera polaca ha comenzado». Desde principios de agosto unas 30.000 personas han cruzado la frontera entre Bielorrusia y Polonia de forma ilegal. Al menos 8.400 están en Alemania, país que en 2015 acogió a cerca de un millón de refugiados.

Hay informes de que al menos nueve personas habrían muerto en la zona fronteriza. Y cada vez es más dura la situación en los campamentos improvisados por las bajas temperaturas, sobre todo.

De momento, Polonia ha rechazado la ayuda de Frontex, la agencia de fronteras de la UE, que tienen su sede en Varsovia. Las autoridades polacas argumentan que apenas cuentan con 1.300 funcionarios y la policía de fronteras polaca cuenta con 16.000 efectivos y puede reforzarse con otros 10.000 soldados.

El líder de la opositora Plataforma Cívica, Donald Tusk, ex presidente del Consejo Europeo, ha pedido al gobierno que solicite a la OTAN que se reúna para analizar este ataque a uno de sus aliados.

El Departamento de Estado de EEUU se ha puesto claramente del lado de Polonia y ha condenado a Bielorrusia por «la explotación y la coerción a gente vulnerable». El portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, ha anunciado más sanciones de EEUU como forma de presionar al régimen de Lukashenko.

Como el caso de Ceuta

«Es una crisis migratoria generada artificialmente. Lukashenko utiliza a los migrantes como arma arrojadiza. Polonia y Lituania son víctimas de esta agresión. Hay que dar una respuesta humanitaria sin ninguna duda, pero sin olvidarnos de quién ha provocado esta crisis», afirma Nicolás de Pedro, responsable de investigación en The Institute for Statecraft.

«En España sabemos qué pasa cuando se utiliza la migración como arma arrojadiza. Es igual que lo que vivimos en Ceuta. La lógica es la misma. Utilizan a personas vulnerables. Y es incluso una situación más complicada porque Marruecos los podía repatriar», añade Nicolás de Pedro.

El investigador apunta que el riesgo de escalada es elevado. «Si hay un incidente fronterizo armado, entre polacos y bielorrusos, puede ser gravísimo. Como escenario planteo la posibilidad de que Rusia aproveche la situación para anexionarse Bielorrusia».

Está claro a quién perjudica esta crisis. En primer lugar, a los migrantes que son utilizados con fines políticos y que ponen en riesgo su vida. Les dan esperanza de un mundo mejor, invierten los ahorros de toda su vida, y luego acaban siendo utilizados para poner en evidencia a un país vecino. Y a la Unión Europea por extensión.

Esta crisis sucede justo cuando Polonia está en crisis con la UE por las dudas sobre su respeto al Estado de Derecho. Pero esa es otra cuestión. ¿A quién beneficia esta tensión en las fronteras de la Unión Europa? Las miradas se dirigen hacia el Este.