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Putin ordena la invasión de Ucrania con el envío de tropas a Donetsk y Lugansk

Estados Unidos pide a sus diplomáticos que salgan de Ucrania y la UE anuncia que aplicará sanciones

Ejercicios militares de tropas rusas

Una imagen fija tomada de un video del documento puesto a disposición por el servicio de prensa del Ministerio de Defensa ruso. EFE

El líder ruso, Vladimir Putin, ha ordenado a las tropas rusas que entren como «fuerzas de paz» en las repúblicas de Donetsk y Lugansk, recién reconocida su independencia. Está claro que la estrategia del Kremlin era dar luz verde a este reconocimiento para entrar en territorio ucraniano. Es una violación de la soberanía de un Estado independiente.

Las tropas rusas se dirigieron a Donetsk y Lugansk nada más firmarse el decreto y ya están allí. Los efectivos ucranianos ya no se enfrentarán en el Donbás a separatistas prorrusos, sino a sus protectores, los soldados rusos. Los separatistas solo controlan una tercera parte del territorio del Donbás: quedan fuera ciudades como Mariupol, de 400.000 habitantes, o Slaviansk, de unos 100.000, bajo control de Ucrania. Está por ver si las tropas rusas llegarán hasta ahí.

En el mismo decreto que Putin da luz verde a la independencia de Donetsk y Lugansk dispone el envío de fuerzas de paz a estas provincias ucranianas, en las que se ubican las autoproclamadas repúblicas separatistas prorrusas. Primero el líder ruso se ha reunido con el Consejo de Seguridad antes de tomar la decisión, que le había solicitado la Duma. La mayoría de los asesores, entre ellos los ministros de Exteriores, Interior y Defensa, se han mostrado a favor de esta medida.

Posteriormente, en un discurso a la nación, Putin ha justificado no ya este paso, que dice que debería haber dado hace tiempo, sino la invasión de Ucrania. A su juicio, Ucrania es Rusia, y nunca debería haber dejado de serlo. Con esta alocución, que se ha prolongado una hora, ha dejado claro que su preocupación no es ya el ingreso de Ucrania en la OTAN, sino la mera existencia de Ucrania como Estado soberano.

En una intervención incendiaria, Putin ha acusado a Ucrania de ser un Estado marioneta al servicio de Estados Unidos. Ha señalado que están bajo el control de EEUU y de la OTAN, lo que pondría en riesgo la seguridad de Rusia. Putin se niega a admitir el resultado de la caída de la URSS, cuando se cumplen 30 años y dos meses de aquel suceso.

El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, en un mensaje a la nación, ha dicho claramente: «No tenemos miedo». Ha señalado que esperan pasos «claros y efectivos» contra Rusia y ha pedido una reunión urgente de los líderes de Ucrania, Rusia, Alemania y Francia.

También el ministro ucraniano de Defensa, Oleksii Reznikov, ha asegurado que los ucranianos están confiados y tranquilos. «Estamos preparados para defender nuestra soberanía. El mundo no puede quedarse en silencio. ¿Sanciones? ¿Otro ladrillo en el Muro? ¿Un nuevo Muro de Berlín?».

Lo que vemos ahora en Donetsk y Lugansk es la historia de una guerra anunciada, y en realidad gestada desde hace ocho años. Desde 2014 han muerto más de 14.000 personas como consecuencia de la intervención rusa en el Donbás y la anexión de Ucrania. Cientos de miles se vieron obligados a desplazarse. En los últimos días las violaciones del alto el fuego se han multiplicado exponencialmente. La OSCE ha registrado más de un millar al día desde el viernes pasado.

Invasión para «proteger» a los rusos

Al reconocer la independencia de Donetsk y Lugansk, Putin se arroga el derecho a intervenir con la excusa de «proteger» a la comunidad rusa. El Kremlin denuncia constantemente que los rusos en el Donbás sufren «un genocidio». Es una narrativa que les sirve para justificar ahora esta invasión.

Rusia tiene unas 190.000 tropas en torno a Ucrania. De ellas, unas 30.000 se encuentran en Bielorrusia, un Estado que ha caído bajo la égida del Kremlin. Los efectivos en Bielorrusia participaban en unas maniobras militares que deberían haber terminado el domingo pero se prorrogaron sine die. La excusa era la tensión creciente en el este de Ucrania, una tensión creada y alimentada por el Kremlin.

Desde Bruselas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, han asegurado que la respuesta será contundente, en alusión al paquete de sanciones que ya tenía preparada la UE.

En esta línea se ha manifestado el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, en su cuenta de Twitter. Considera el reconocimiento unilateral de los territorios separatistas «una violación de los acuerdos de Minsk y de la legalidad internacional».

Estados Unidos había anunciado sanciones limitadas a las dos repúblicas separatistas y ha ordenado a todos sus diplomáticos salir del país y establecerse en Polonia. A su vez, ha ofrecido protección a dirigentes ucranianos que considera que se encuentran en peligro.

También el presidente francés, Emmanuel Macron, que ha conversado después de conocer que Putin reconocía la independencia de Donetsk y Lugansk con el presidente de EEUU, Joe Biden, y con el canciller alemán, Olaf Scholz, ha condenado esta violación de la soberanía de Ucrania y ha pedido que se apliquen sanciones.

Francia ha solicitado una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, donde se ha escenificado la división entre Rusia y las potencias occidentales sobre lo que sucede en Ucrania. La embajadora de EEUU ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield, ha dicho: «Los llama fuerzas de paz. Qué tontería. Sabemos lo que son». Según la embajadora, Putin busca pretextos para la guerra y quiere volver a la época del imperio ruso. «No estamos en 1919».

El primer ministro, Boris Johnson, ha convocado el comité de emergencias (Cobra), pero ya dijo en Múnich que si invadía Ucrania, Rusia afrontaría las más duras sanciones financieras.

En menos de 24 horas la situación daba un giro de 180 grados. En la madrugada del lunes Macron anunciaba que Biden y Putin habían aceptado reunirse «en principio». La condición de Biden era que no hubiera invasión. Y Putin seguía insistiendo en que Rusia no quiere guerra ni es el agresor. Para eso cambia las fronteras de un país soberano y legitima a los separatistas prorrusos. Y luego envía soldados a pacificar. Así ha dinamitado la vía diplomática.

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