Alemania y España se necesitan más que nunca dentro de la Unión Europea. La primera potencia busca aliados sólidos y complementarios. Y a Madrid la alianza con Berlín le da impulso. El canciller alemán, Olaf Scholz, y el jefe del gobierno español, Pedro Sánchez, ambos de la familia socialdemócrata, tienen el objetivo de que los dos países forjen una “relación especial” en un momento excepcionalmente crítico por la guerra en Ucrania y la crisis energética consecuencia de la dependencia de Rusia, el invasor. Quince ministros de Alemania y España se reúnen este miércoles en La Coruña cuando arrecian las críticas contra Berlín por el multimillonario plan de ayudas, destinado a ciudadanos y empresas alemanas que puede poner en riesgo la igualdad en la competencia.

“La cumbre tiene un gran valor simbólico. Refleja las buenas relaciones con España. Esta cumbre bilateral es una señal inequívoca de que nuestra cooperación reforzada en todos los sectores. Con apenas media docena de países se celebran estos encuentros en los que participan varios ministros. y en este caso queremos organizar la cooperación para el futuro. Vamos a adoptar un plan de acción conjunto”, explica la embajadora alemana en España, Maria Margarete Gosse, en un podcast difundido por la propia embajada. 

“El plan de acción se sustenta en tres pilares importantes: en primer lugar, garantizar y mantener la economía y el bienestar de los ciudadanos, con ayudas y garantías para el suministro energético; la política de seguridad y defensa, clave en el contexto de la guerra en Ucrania; y cómo hacer que el aprendizaje en la sociedad sea continuo con una apuesta por la innovación”, añadía Gosse en una entrevista en RNE. 

Un plan ‘made in Germany’

Tanto el gobierno español como el alemán están preocupados por mitigar los efectos de la crisis energética. Temen que el descontento crezca y opciones radicales tengan cada vez más seguidores. Coinciden en abrir el grifo del gasto hasta cierto punto, porque siempre Berlín vigila el rigor presupuestario, pero la capacidad de Alemania es muy superior a cualquier país de la UE.

Sánchez era partidario de crear un “megafondo europeo”, pero la opción no salió adelante. Mantiene que si el problema es de todos, la solución ha de ser común. El megaplan de Berlín es una salida nacional que demuestra el músculo de la primera potencia de la UE pero puede dañar seriamente la necesaria unidad de los Veintisiete. 

Este plan de ayuda consiste en dedicar 200.000 millones de euros “para que las familias, los jubilados, los empleados, la gente del campo y la ciudad” puedan pagar las facturas. “Hay que evitar que las empresas alemanas caigan”, dijo el canciller. Previamente había dedicado otros 100.000 millones a aminorar los efectos de la factura energética. 

Demostramos que somos capaces de actuar. Usamos nuestra fortaleza económica para protegernos»

christian lindner, ministro alemán de finanzas

“Así demostramos que somos capaces de actuar. Usamos nuestra fortaleza económica para protegernos”, ha dicho el ministro alemán de Finanzas, el liberal Christian Lindner. La contestación vino de Italia, y nada menos que del primer ministro saliente, Mario Draghi, ex presidente del BCE y salvador del euro. “No podemos dividirnos según el margen de nuestros presupuestos nacionales”. De hacerlo, la UE se fragmentará en ricos y pobres, y se pone en riesgo la unidad del mercado y las normas de equidad en la competencia. El primer ministro húngaro, Viktor Orban, habla del “inicio del canibalismo en la UE”. La presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, aludió al “riesgo de fragmentación”. El viernes tendrá lugar una cumbre informal de jefes de Estado y de gobierno con el foco punto en la energía y en la guerra en Ucrania.

Alemania y España discrepan sobre el tope del gas. Mientras Sánchez defiende, junto a otros 14 países, la posibilidad de fijar un tope al precio del gas importado, a Alemania lo que le preocupa es el suministro. Para este invierno asegura que lo tiene ya garantizado pero va más allá.

Para Berlín, colocar topes a los precios denota un intervencionismo que prefiere no contemplar. De la misma forma, defiende la vuelta en 2024 a las reglas fiscales del Pacto de Estabilidad mientras que España considera que todas las crisis encadenadas que se están viviendo justificarían ser flexibles durante más tiempo. 

Apuesta por el Midcat

En este contexto, Scholz y Sánchez se ven en La Coruña, acompañados por siete ministros alemanes y ocho españoles, entre ellos los titulares de Exteriores, Defensa, Economía, Medio Ambiente, Agricultura o Industria, Turismo y Universidades. Desde el año 2014 no se celebraba un encuentro de esta relevancia, si bien Sánchez fue invitado el 30 de agosto a una reunión ministerial en el castillo de Meseberg, y Scholz estuvo en la Moncloa en enero de 2022. 

La interconexión gasística del Midcat (el gasoducto que atravesaría Francia) estará sobre la mesa y es donde Alemania y España confluyen. A España le interesa convertirse en un hub energético y a Alemania encontrar nuevas formas de suministro.

Para el gobierno español el desembolso económico seria muy elevado, pero hay otro escollo aún más importante: hay que atraer a Francia, muy reticente por la elevada inversión que tendría que realizar. 

En cuestión energética sí hay elementos que ilustran lo complementarios que son los dos países, ya que Alemania está muy avanzada en renovables y España ofrece un gran potencial en este sector, por ejemplo. 

El intercambio comercial anual entre los dos países supera los 70.000 millones de euros. España es el principal suministrador de bienes y servicios de Alemania, de modo que son dos economías muy conectadas. España es uno de los principales destinos turísticos de Alemania. En 2017 visitaron nuestro país 11,9 millones de personas residentes en Alemania. Poco a poco se va recuperando este sector, muy afectado por la pandemia. En 2021 ya fueron más de cinco millones. 

En defensa de Ucrania

Los dos países son firmes defensores de Ucrania frente a la agresión rusa. Alemania está pagando el precio de su dependencia energética de Moscú, una política que siguieron tanto gobiernos socialdemócratas como conservadores. También está sufriendo por haber desatendido su presupuesto de defensa. Ahora vive un Zeitenwende, un cambio de época, y trata de corregir estas fallas. 

Berlín y Madrid están ayudando al gobierno de Kiev pero están muy lejos de la asistencia militar y financiera que prestan países como Polonia o el Reino Unido. “Queremos investigar cómo seguir con nuestros socios una política de seguridad que ayude a la OTAN y conecte a la OTAN con la UE”, ha dicho la embajadora Gosse. 

El plan de acción que va a ser adoptado este miércoles es una hoja de ruta que se irá adaptando a los tiempos. “En este plan de acción se refleja en qué queremos cooperar: política exterior y de desarrollo, seguridad y defensa, energía, crecimiento económico justo y sostenible, protección del clima, cohesión social, educación e innovación, intercambio cultural… Y van a ponerse en marcha proyectos concretos. Es un documento vivo”, añadía la embajadora, en el podcast. 

España tiene una capacidad única para trabajar con Alemania en la adaptación conjunta de Europa a las nuevas realidades»

Jeremy cliffe, ex corresponsal en berlín

Hay base para que esta relación especial prospere. Según escribía en Agenda Pública el periodista Jeremy Cliffe, ex corresponsal de The Economist en Berlín, “más de lo que se aprecia fuera de Alemania, la mayor economía de Europa se siente incómoda por su tamaño y su peso… Alemania y España se parecen más que cualquiera de los dos a Francia… España tiene una capacidad única para trabajar con Alemania en la adaptación conjunta de Europa a las exigentes nuevas realidades europeas. España puede ayudar a tranquilizarla, estimular su pensamiento y animarla a alcanzar mayores niveles de ambición”. 

Pero Alemania ha de tener en cuenta que no es el único país que sufre las inclemencias de la guerra en Ucrania y que la experiencia de la pandemia nos enseñó que la mejor manera de salvarse es actuando conjuntamente. Y la única forma de frenar a los radicales que se aprovechan de las aguas turbulentas.