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Así ha quedado el Palacio de Planalto, sede del gobierno, tras el asalto bolsonarista

El ministro de Comunicación brasileño desvela que los golpistas se llevaron "armas letales y no letales"

Daños provocados por los seguidores de Bolsonaro en Planalto

Daños provocados por los seguidores de Bolsonaro en el Palacio de Planalto. E.I.

«Un caos absoluto. Es muy serio. Un intento de golpe de Estado». Así describía Paulo Pimenta, ministro de la Secretaría de Comunicación Social, el estado en el que ha quedado el interior del Palacio de Planalto, en Brasilia. Junto al Congreso y el Supremo Tribunal, fue objeto del asalto de miles de bolsonaristas que este domingo arrasaron con todo a su paso. De la sala de armas de la Oficina de Seguridad Institucional se llevaron, según Pimenta, «armas letales y no letales». Un video difundido por el gobierno brasileño muestra los destrozos en la sede del Ejecutivo brasileño. Los golpistas no respetaron nada. Quedó agujereado el cuadro Duas Mulatas, pintado por Di Cavalcanti, en 1962.

«Una parte de las personas que entraron en el Planalto sabía lo que estaba haciendo. Mientras la horda destruía todo, otros actuaban con inteligencia. Se llevaron armas, documentos…», ha dicho a los periodistas en las puertas del Palacio.

Obra del arquitecto Oscar Niemeyer, el nombre oficial de la sede del gobierno federal es el Palacio de los Despachos y se ubica en la Plaza de los Tres Poderes, junto al Congreso y el Supremo Tribunal, que también sufrieron enormes daños. En Planalto tiene su oficina el presidente de la República, Lula da Silva, pero la residencia oficial está en el Palacio de la Alvorada.

No lograron entrar en el despacho de Lula, con puerta blindada, pero sí en la oficina de la primera dama, Rosangela Lula da Silva, a quien suelen llamar Janja. También resultó dañada la oficina de secretario de Comunicación, Paulo Pimenta.

En la sede del Supremo Tribunal hubo cuantiosos daños en obras de arte. Los manifestantes se ensañaron en la llamada Sala de los Bustos con figuras de la República, como Rui Barbosa, responsable de la creación del Tribunal en el modelo actual. Entre los objetos de valor histórico que dañaron hay una alfombra que perteneció a la princesa Isabel, hija del emperador Pedro II.

La silla de la presidenta Rosa Weber, obra del artista Jorge Zalszupin, ha sido arrancada. Pintaron la escultura Justicia, de Alfredo Ceschiatti. En la plaza de los Tres Poderes también se rompieron baldosas y pintaron los monumentos. Actuaron como una horda bárbara en los edificios que albergan las principales instituciones del país.

Lula da Silva había asumido el poder el pasado 1 de enero, tras derrotar por la mínima a Bolsonaro el 30 de octubre. Desde entonces unos cientos de bolsonaristas estaban acampados frente al Cuartel General del Ejército en protesta por lo que consideraban un fraude. Este lunes el Supremo ha ordenado a las fuerzas de seguridad desmantelar este campamento y otros en el país.

También se ha reunido el presidente Lula con representantes del poder legislativo y del judicial. Tras su encuentro con la presidenta del Supremo, Rosa Weber, y el presidente del Senado en ejercicio, Veneziano Vital do Rêgo, y el Congreso, Arthur Lira (aliado de Bolsonaro), han emitido un comunicado de condena del asalto titulado En defensa de la democracia. «Rechazamos los actos terroristas, vandálicos, delictivos y golpistas». También han participado el ministro de Defensa, José Múcio, y los altos cargos de las Fuerzas Armadas. Los golpistas han sido derrotados después de una puesta en escena digna de las hordas bárbaras.

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