El año que escribe su primeras líneas mientras lees comienza a rodar con una herencia sangrienta. Un reguero de conflictos armados lo volverá a cruzar. Miles de seres humanos, la mayoría civiles, volverán a sufrir las consecuencias de vivir en lugares del planeta donde la paz es una auténtica quimera, un año más. Un sistema de predicción basado en inteligencia artificial desarrollado por el Peace Research Institute de Oslo (PRIO) y la Universidad sueca de Uppsala traza para 2026 un mapa macabro, con una apuesta basada en datos de donde podría concentrarse la violencia armada.
Las cifras -bajo las que se esconden personas con nombre y apellidos- no describen un escenario hipotético, sino la prolongación de conflictos que ya están activos y, en muchos casos, enquistados, en mitad de un amplio rearme global. “Nuestra previsión destaca dónde es más probable que aumente la intensidad de los conflictos este 2026, lo que proporciona a los gobiernos, a la ONU y a las organizaciones humanitarias una base más sólida para planificar con antelación y salvar vidas”, explica Håvard Hegre, profesor investigador del PRIO que dirige el equipo VIEWS (Violence and Impacts Early-Warning System, en sus siglas en inglés).

Las cifras de 2026
Según las estimaciones más recientes del modelo VIEWS, las zonas con mayor proyección de muertes por conflicto en 2026 serán Ucrania, con 28.300 fallecidos; Palestina/Israel, con 7.700; Sudán, con 4.300; Pakistán, con 2.000; y Nigeria, con 1.900. Les siguen Etiopía, Somalia, Siria, Yemen y Burkina Faso, confirmando que África y Oriente Próximo seguirán soportando buena parte del peso de una violencia global de raíces y causas dispares que seguirá lastrando el año que arranca.
En Ucrania, según este sistema basada en IA, la guerra con Rusia continuará con una intensidad elevada pese a los esfuerzos diplomáticos intermitentes, como la que abandera entre bandazos e incertidumbres la administración Trump. En las últimas semanas de 2025, Moscú lanzó nuevas oleadas de drones y misiles contra ciudades ucranianas, incluidas infraestructuras energéticas y zonas residenciales, mientras Kiev intenta consolidar apoyos internacionales de cara a un eventual proceso de negociación. Los ataques recurrentes han provocado víctimas civiles y cortes de electricidad en pleno invierno, subrayando la fragilidad de cualquier escenario de desescalada.

En Palestina e Israel, la violencia ha descendido respecto al pico alcanzado durante la ofensiva israelí sobre Gaza en 2023 y 2024 -que la comisión de investigación de la ONU calificó abiertamente de genocidio-, pero la situación sigue siendo extremadamente volátil. Tras el alto el fuego alcanzado en octubre de 2025, la Franja permanece devastada, con una crisis humanitaria profunda, bloqueo del trabajo de las ONG, desplazamientos masivos y un sistema sanitario colapsado. La tregua es extremadamente frágil -estancada en la primera fase- y los enfrentamientos esporádicos, junto con las tensiones en Cisjordania y el sur de Israel, mantienen el riesgo de una nueva escalada regional. A finales de 2026 Israel celebrará elecciones parlamentarias con el futuro de Benjamin Netanyahu en entredicho.
Sudán representa uno de los casos más alarmantes. El conflicto entre el ejército regular y las Fuerzas de Apoyo Rápido -con respaldos internacionales- ha convertido al país en escenario de la mayor crisis humanitaria del mundo. La violencia ha dejado huellas profundas: el vaciamiento de ciudades enteras, el éxodo de la población, la destrucción de mercados y hospitales y el colapso de los servicios básicos en amplias zonas del país. Más de 12 millones de personas han sido desplazadas y millones enfrentan inseguridad alimentaria extrema. Aunque la previsión de muertes para 2026 es inferior a las registradas en 2025, el dato más inquietante es la rapidez con la que se deteriora la situación: en apenas un mes, la estimación del modelo se ha duplicado, reflejo de una violencia que se expande sin contención. “Debería servir como una clara señal de alerta para cualquiera que trabaje en Sudán, ya que la situación sobre el terreno podría empeorar considerablemente en los próximos meses”, alerta Hegre.

Nigeria, por su parte, ilustra un tipo de conflicto menos visible pero persistente. Al norte del país, bandas armadas y grupos criminales continúan perpetrando ataques contra aldeas, secuestros masivos y asesinatos de civiles. En paralelo, se ha producido un aumento de la presión política interna sobre el Gobierno ante el fracaso de las estrategias de seguridad, en un contexto donde la violencia combina insurgencia yihadista, crimen organizado y abandono estatal.
Estas previsiones deben considerarse como escenarios más probables, no como certezas
El modelo VIEWS no pretende ofrecer certezas, sino escenarios probables. “Estas previsiones deben considerarse como escenarios más probables, no como certezas. Muchas fuerzas, como la diplomacia, la consolidación de la paz, la acción humanitaria y la intervención geopolítica, pueden cambiar la trayectoria de los conflictos. No obstante, los resultados pueden ayudar a los actores sobre el terreno a priorizar la atención y los recursos donde es más probable que se necesiten”, asevera Hegre.
Sin embargo, la experiencia reciente invita al escepticismo. El sistema ha logrado identificar correctamente a la mayoría de los países más letales en años anteriores, lo que refuerza su valor como herramienta de alerta temprana. Ya identificó correctamente siete de los diez países más mortíferos en 2024 y seis de los diez primeros en 2023. Su arquitectura integra amplios conjuntos de datos abiertos, que incluyen la violencia histórica, los indicadores socioeconómicos, las condiciones climáticas, la geografía y las instituciones políticas. Sirve como una brújula para saber desde este primero de enero donde la violencia causada por el hombre volverá a dejar dolor y desolación.
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