"Putin está atrapado. No ve ninguna salida, así que sigue presionando y espera que la amistad de Trump, la ayuda china, la ayuda iraní y la distracción de Estados Unidos reduzcan el apoyo a Ucrania hasta que este país acabe colapsando de alguna manera". El general Wesley Clark, quien estuvo al frente del Comando Supremo Aliado de la OTAN, ve al líder ruso en una situación desesperada, al igual que otros analistas. Es la razón por la que el Kremlin ha incrementado los bombardeos sobre ciudades ucranianas, a pesar de que su efecto en la evolución de la guerra es nulo. Acaba de rechazar un encuentro con el presidente ucraniano para poner fin a la guerra y sigue apuntando a los europeos por su apoyo a Kiev. En su huida hacia adelante, es previsible una escalada de la guerra híbrida. Es consciente de que la OTAN no sabe cómo responder a esas acciones.
"Ahora la guerra depende mucho de quien vaya ganando la carrera tecnológica de los drones. Y Ucrania tiene una ligera ventaja. Además, Irán está distrayendo la atención de Trump, que ahora no presiona a Ucrania. La situación es peor para Putin sobre el terreno, en clave política y económica", afirma Juan Rodríguez Garat, almirante retirado. "Estamos viendo que Kiev ataca refinerías con éxito y se empieza a interceptar a los buques de la flota fantasma. La marea favorece ligeramente a Zelenski, y eso se nota en la carta que ha dirigido a Putin. Esto no quiere decir que la guerra vaya a acabar mañana. Putin prefiere seguir a reconocer que no ha logrado lo que quería", añade el militar.
También Putin está atrapado por la guerra debido a que el país se ha reorganizado en función de las necesidades que genera. Como señalan Seva Gunitsky y Jeremy Morris en Foreign Affairs, hay una "inercia de la guerra". Y exponen las razones por las que a Putin le resulta difícil salir del laberinto que él mismo ha creado. "El Kremlin ha convertido la guerra en el principio organizativo central de la vida social y económica, y el Estado ruso, a su vez, se ha visto transformado por la guerra. La economía sumergida del país, los mercados laborales, los presupuestos regionales, las jerarquías sociales y los incentivos políticos se han reordenado en torno al conflicto (...) La base industrial de Rusia se ha vuelto estructuralmente dependiente del gasto militar, hasta tal punto que regiones y sectores enteros no pueden sobrevivir sin él". El caso de los veteranos también es muy llamativo. Unos 700.000 tendrían que volver del frente, y ya han regresado unos 140.000. Van a convertirse en una base política leal al Kremlin.
"Putin sigue siendo la figura clave en la toma de decisiones dentro de un sistema diseñado para concentrar el poder. Sin embargo, sus opciones también se ven limitadas por las consecuencias de sus propias políticas. No puede desmovilizar sin desencadenar una grave crisis de desempleo y reinserción. No puede recortar el gasto en defensa sin causar estragos en las regiones e industrias que dependen de él. Y no puede abandonar el discurso de la lucha existencial sin socavar la legitimidad en la que se sustenta su autoridad", señalan Gunitsky y Morris en el artículo.
La estrategia de Ucrania
Los golpes que ha asestado Ucrania esta semana son muy simbólicos. Justo cuando empezaba el Foro Económico de San Petersburgo, también conocido como el Davos de Putin, los drones ucranianos alcanzaban una refinería a 16 kilómetros escasos del centro de convenciones donde se celebraba el evento. Los invitados internacionales de Putin pudieron ver la humareda. También en la jornada final las autoridades rusas interceptaron 140 drones en la ciudad natal de Putin. San Petersburgo se encuentra a más de mil kilómetros de la frontera ucraniana.
"Los ucranianos no tienen la fuerza suficiente para expulsar a los rusos del territorio ocupado pero sí para impedir que avancen o que lo hagan lentamente o a gran coste. Pueden sostener el frente. También tienen capacidad para acciones a larga distancia, como los ataques en San Petersburgo. Son acciones con gran impacto en Rusia", afirma Nicolás de Pedro, investigador en The Institute for Statecraft de Londres.
Apenas horas antes Putin, en su discurso en el foro, aseguraba que las fuerzas rusas estaban avanzando para conseguir sus objetivos en Ucrania, sin renunciar a la "desnazificación" del país. "¡Trabajad, hermanos!", dijo para alentarlos a seguir en la lucha. La expresión tiene gran carga simbólica para las fuerzas rusas y deja claro que no hay alto el fuego ni negociación a la vista.
Putin despreció el contenido de la carta que le dirigió Zelenski sobre una reunión cara a cara para terminar la guerra. En realidad, el mensaje se dirige a las élites rusas y la población del país a quienes recuerda cómo Putin mantiene una guerra que cuesta decenas de miles de bajas. Y confirma que Ucrania va a seguir defendiendo su independencia frente a Moscú.
La última estimación que ha revelado la Inteligencia británica apunta que Rusia ha perdido cerca de medio millón de soldados en los más de cuatro años de guerra en Ucrania. En abril las bajas rusas serían unas 30.000. Rusia no puede reemplazar combatientes a ese ritmo. Anne Keast-Butler, directora de GCHQ, aseguró también que las fuerzas rusas están "retrocediendo en el campo de batalla" dentro de Ucrania por primera vez desde finales de 2022.
Guerra de desgaste y cálculo matemático
"La guerra se ha convertido en una guerra de desgaste basada en el frío cálculo matemático: ¿Es Ucrania capaz de matar con sus drones más soldados que los que Rusia puede reclutar y entrenar cada mes? Según los cálculos ucranianos llevan meses consiguiéndolo", explica Jesús Manuel Pérez Triana, analista militar y editor de GuerrasPosmodernas.com y @osintsahel. "Además, Ucrania ha expandido su producción de drones kamikaze de alcance medio. Con ellos está machacando las líneas logísticas rusas", añade Pérez Triana.
"Con los drones terrestres el campo de batalla se está vaciando. La guerra de maniobra es imposible por la omnipresencia de drones en el campo de batalla. Y lo que hay es una zona gris cada vez más profunda donde hay bolsas de combatientes de cada bando mezclados. En estas circunstancias es difícil romper el frente y avanzar en profundidad", indica el analista.
De este modo, ni Rusia puede lograr su objetivo principal, que sería somete al gobierno de Kiev, ni Ucrania tampoco tiene a su alcance expulsar a los rusos del territorio ocupado. El Kremlin incrementa los bombardeos porque sabe que la debilidad ucraniana es la defensa antiaérea. Así no persiguen avances sino que cada vez más población ucraniana y de los países europeos que apoyan a Kiev presionen para que acabe la guerra sea como sea. Tanto los bombardeos sobre ciudades de esta semana como las amenazas a diplomáticos europeos en Kiev, a los que Moscú presionó para que dejaran sus legaciones, son señales de desesperación.
"La guerra va a continuar con el frente estabilizado. En Ucrania se defienden las ciudades. No hay trincheras, el resto es tierra de nadie. Allí se infiltran los soldados y si no los mata un dron avanzan. Rusia avanza más pero a costa de más víctimas. Cada vez le cuesta más tiempo a Rusia ocupar ciudades más pequeñas. La campaña terrestre no va a ningún lado. Putin prefiere continuar esta guerra sin futuro a reconocer que no ha ganado", apunta el almirante retirado Rodríguez Garat.
Los ucranianos se han concentrando en dañar objetivos económicos como refinerías. Sus incursiones en territorio ruso también tienen un claro valor simbólico: no se trata de una operación militar especial, sino una guerra, y os va a afectar cada vez más. Es el mensaje para el pueblo ruso.
Escalada en respuesta al descontrol
Hay consenso en que el curso de los acontecimientos no favorece a Rusia. Tatiana Stanovaya, investigadora principal de la Fundación Carnegie para Rusia y Eurasia, apunta en The Washington Post que "dado que la ventaja militar de Rusia está empezando a desvanecerse y Ucrania está ampliando el alcance geográfico de sus ataques y su intensidad, la escalada es la única forma de responder a una situación que no se puede controlar".
Esa escalada puede llevar a incrementar las acciones de guerra híbrida en los Bálticos y el flanco oriental. Recientemente vimos cómo un dron ruso cayó en una población de Rumanía y causó dos heridos. El expresidente ruso Dmitri Medvédev, ahora vicepresidente del Consejo de Seguridad, dijo que aquello solo era "una primera señal de advertencia".
"Ciudadanos de los países de la UE, deben darse cuenta de que sus autoridades han entrado unilateralmente en guerra con Rusia", publicó Medvédev en X. "Así que manténganse alerta y no se sorprendan por nada. Se acabó el sueño tranquilo".
Es un intento de desestabilizar a los gobiernos europeos, que no sabe cómo responder a estas amenazas híbridas, y aumentar la presión a lo que muchos llaman "la trampa negociadora". Es una trampa porque Putin está claro que no quiere negociar sino conseguir que Ucrania se someta al Kremlin.
Atención a la cumbre de Ankara
Según Nicolás de Pedro, como Trump en Irán, Putin en Ucrania, puede buscar "una salida a la desesperada". Considera clave lo que suceda en la próxima cumbre de la OTAN en Ankara, el 7 y 8 de julio. Donald Trump ha anunciado recientemente que retirará 5.000 soldados de Alemania, aunque luego no lo ha llevado a cabo. También el Pentágono dijo que no habría una rotación de 4.000 efectivos en Polonia y luego Trump echó atrás esta decisión. Pero está claro que hay una divergencia entre europeos y la Adminstración Trump sobre lo que debe ser la OTAN.
"Los europeos siguen viendo en vigor la cláusula de defensa colectiva y para los americanos la OTAN tendría que estar a su servicio. Trump llegará enfadado por no haber logrado un éxito en Irán. Los rusos están muy atentos. La clave de la disuasión en Europa son los americanos y sin ellos no hay disuasión frente a los rusos. Pueden tomar malas decisiones. Con los ucranianos cometieron ese error", apunta De Pedro.
Nina Krushcheva, bisnieta del líder soviético Nikita Krushchev, en declaraciones a Al Arabiya, subraya: "Rusia ha perdido su momentum. No creo que Ucrania esté ganando pero están mejor que hace dos meses. Putin es de escalar. Cuando las cosas no van como él quiere, te tira la mesa encima. Si se ve acorralado, va a luchar más, no menos. Es su naturaleza".
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