El primer ganador de la muy concurrida reunión entre PSOE y Podemos ha sido el partido morado, que ha conseguido bautizar -algo que les gusta mucho y a lo que han accedido los socialistas- unas meras conversaciones de las habituales en la vida del Congreso de los Diputados nada menos que como «mesa de colaboración parlamentaria».  Y, a partir de la institucionalización de unas negociaciones que son propias de su función  como diputados, los de Pablo Iglesias ya han podido tirarse a la piscina, calificar al PSOE como «socio prioritario» y asegurar que estaban ya, los socialistas y ellos, avanzando en el «proceso de construcción de un gobierno alternativo». Ahí es nada. Las discrepancias sobre el problema de los independentistas catalanes, que se agrava más y más, no les preocupan en absoluto porque hoy han recibido de la formación de Pedro Sánchez el bautismo como miembro fiable y deseable de la exclusiva cofradía de los partidos de Gobierno.

Quiéralo o no la portavoz del PSOE Margarita Robles, que escuchaba perpleja las preguntas de los periodistas sobre estas interpretaciones de Irene Montero, eso es lo que Podemos ha sacado en claro de esta reunión que,  a juzgar por el número de asistentes, parecía más una Conferencia de Paz en Oriente Próximo que un encuentro para poner a punto iniciativas legislativas sobre la agenda social. Si esos son los acuerdos a los que han llegado, la verdad es que sobraban la mitad de los asistentes, empezando por sus líderes.

Para ese viaje no se necesitaban tantas y tan adornadas alforjas, pero es que los viajeros se dirigían a destinos muy diferentes. Podemos buscaba una teatralización de su entrada en la madurez política de la mano de un padrino de postín y ése es el papel que ha cumplido Pedro Sánchez sin darse cuenta de que Iglesias, más listo que él para vender motos, le ha comido una vez más la merienda.

Podemos busca la teatralización de su madurez política de la mano de Sánchez

De la reunión de ayer lo que ha salido ante la opinión pública es que el PSOE y Podemos se empiezan a poner de acuerdo. Y eso a quien beneficia es sobre todo a Podemos en un momento en que su crédito político está bajando en las encuestas de manera evidente y muy preocupante para el partido. ¿Sirve la reunión al PSOE para atraer al votante que desertó de sus filas en las últimas elecciones, sirve para demostrarles que, efectivamente, «nosotros somos izquierda»? No es probable y para comprobarlo basta examinar la comparecencia ante la prensa de la portavoz socialista que se esforzó en echarle agua al vino que había servido minutos antes su homóloga Irene Montero. Pero mucha agua, agua en abundancia, tanta que por un momento pareció que cada una de ellas nos hablaba de reuniones distintas.

Margarita Robles quería hablar sobre todo del salario mínimo, de los parados jóvenes, de los pensionistas y Montero estaba allí para anunciarnos el inicio de un nuevo cliclo político en el que, juntos PSOE y Podemos, sacarán a Rajoy del Gobierno. Y Robles, que no estaba por la labor de secundar la versión triunfante de la podemita, se limitó a precisar con varios escuetos «ya veremos».

En definitiva, Pablo Iglesias le ha vuelto a sacar a Pedro Sánchez la baza que ya le sacó cuando lo hizo recorrer la carrera de San Jerónimo junto a él, solos los dos y, enfrente, las cámaras de televisión y el país entero. Así  es como procura ir creciendo a pesar de sus debilidades  el líder morado. Pero así no es como puede ir recuperando posiciones el líder socialista.