El féretro de Dalí va a ser desenterrado a grúa. Lo van a sacar del hueco que ocupa desde 1989 en el museo que lleva su nombre en Cataluña, en Figueras. Lo hacen porque desde hace diez años una pitonisa llamada Pilar Abel asegura ser su hija y ha mostrado las pruebas necesarias como para que un juez decida poner punto y coma a su descanso.

Su cuerpo fue embalsamado y parece que el trabajo fue tan bueno que va a ser difícil que de ahí puedan sacar algo. Que el procedimiento ha podido afectar de forma irreversible al ADN, incluso al de sus dientes. Pero, sin rendirse, y enfundados en trajes especiales, los encargados de la tarea buscarán en sus huesos, su pelo, sus uñas… esperando que en las próximas semanas se sepa si el pintor surrealista tuvo o no descendencia.

Muchos decían que a Dalí lo de mantener relaciones íntimas no le atraía demasiado, que cuando conoció a su mujer, Gala, de la que estuvo fascinado hasta su muerte, era aún virgen y que quizá eso no cambió con el tiempo. Decían que ella apagaba su deseo con otros hombres.

El pintor y Gala pensaron en su futuro y al ver que este era mortal, decidieron hacerlo eterno»

Quizá todo fue una leyenda, y él también pasó algún rato con otra mujer y de ahí Pilar, o quizá no. Pero pese al revuelo que ha causado esta decisión, con muchas autoridades culturales y políticas en contra, la tumba de Dalí va a ser abierta a calzador, una cripta en la que a lo mejor nunca ha querido estar. El pintor y Gala pensaron en su futuro y al ver que este era mortal, decidieron hacerlo eterno.

Dalí hizo construir una cripta para los dos, en el Castillo de Púbol que le había regalado a su mujer. Descansarían juntos, uno al lado del otro, y sus manos se tocarían eternamente. Habían tallado un agujero en cada una de las tumbas para que sus dedos se entrelazasen para siempre. Gala murió antes que Dalí, en 1982, y le sigue esperando. El pintor nunca llegó a enterrarse ahí.

«En secreto y sin testigos»

El alcalde de Figueras de la época aseguró que el surrealista le había confesado su intención de descansar en está localidad, en su museo, dejando atrás la promesa que le había hecho a Gala. Y que aquella petición se había producido «en secreto y sin testigos». No lo dejó por escrito, pero su carácter voluble dio a esas palabras más autoridad de la debida.

Muchos dicen que él nunca hubiese dejado sola a su mujer. Que era ella su sombra y su luz. Puede que ahora, cuando su tumba va a ser abierta, el alma de Dalí se vaya a llevar una felicidad momentánea. Puede que llegue a pensar que por fin le van a dejar en su verdadero destino. Que ya, de una vez, la mano de Gala se iba a poder cerrar rodeando la suya.

En cambio, sólo va a despertar por unas horas para otra cuenta pendiente. O para nada. Hasta dentro de veinte días no sabremos si a Salvador Dalí le van a molestar con razón o si la fama de su sexualidad genuina cogerá aún más fuerza. Lo que está claro es que a Gala tendrían que decirle que deje de esperar, que cierre ya el puño y si quiere lo haga con la rabia del que ha sido traicionado.