Mientras en la mesa de debate de La 1 un grupo de tertulianos discutía las ventajas de echarle laurel a las lentejas, Mariano Rajoy comparecía en la Audiencia Nacional como testigo de la trama Gürtel. La tele pública fue la única cadena nacional que no emitió en directo el testimonio del presidente del Gobierno en el juicio de la que seguramente sea la mayor trama de corrupción política de la democracia.

Cierto que la retransmisión perdió algo de morbo una vez que se supo que Bárcenas no iba a estar presente en la sala, pero sorprende la falta de confianza de TVE en que Rajoy tuviera algo interesante que decir.

Lástima que los espectadores de La 1 no pudieran ver a Rajoy declarando, bajo juramento, que sabía de las obras en Génova «porque iba a Génova y veía que había obras». Y que desconocía quién organizaba los actos de su partido: «Yo voy ahí, pronuncio unas palabras, estoy con la gente…»

Jamás me he ocupado de ninguna cuestión de contabilidad»

Porque igual que las estrellas de rock no se preocupan de quién monta el escenario, el presidente del Partido Popular en las campañas electorales que organizaba se limitaba únicamente a actuar. «Jamás me he ocupado de ninguna cuestión de contabilidad», dijo Rajoy varias veces, subrayando la jota del jamás. Desconocía quién pagaba los actos del PP igual que Ana Mato no preguntaba de dónde salía el confeti en los cumpleaños de sus hijos.

La principal línea argumental del presidente del Gobierno ha sido que sus responsabilidades en el partido eran «políticas», no «contables». Y ha insistido en que no conocía al supuesto cabecilla de la trama: «No hablaba con Correa, yo soy un político». Como si en vez de ser el que repartía los sobres en Génova, donde se paseaba como si fuera su casa, Don Vito fuera el que montaba los focos.

Lo importante es tener buenos colaboradores que tomen decisiones acertadas»

El momento cumbre de la comparecencia de Rajoy fue al afirmar que él no podía estar pendiente de los detalles de lo que pasa en 8.000 municipios, que «lo importante es tener buenos colaboradores que tomen decisiones acertadas». Que se lo digan a Esperanza Aguirre, que sí que dimitió por equivocarse al elegirlos. Y varias veces, además.

No ha dudado Rajoy en echarle las culpas a la ex presidenta de la Comunidad de Madrid de cuantas ranas hubiera por allí. «Le di el consejo de que se enterara de qué es lo que exactamente estaba ocurriendo y que tomara las decisiones justas, oportunas y pertinentes”. Si hubiera sido un capítulo de House of Cards, Rajoy habría mirado a cámara y guiñado un ojo.

Pero no eran las organizaciones de los mítines en Pozuelo y Majadahonda lo único que no le constaba a Rajoy. También ha titubeado al explicar quién pagó un viaje con su familia a Canarias en 2004. «No compruebo ninguna de mis facturas de mis billetes de avión», declaró en uno de los momentos más tensos. Lástima que el presidente del Tribunal, Ángel Hurtado, estuviera empeñado en interrumpir las preguntas incómodas de los letrados. Porque nos hemos quedado con las ganas de saber cómo sabía Rajoy que ese viaje se lo pagó su partido y no, qué se yo, Correa, si él nunca mira las facturas.

Y con la misma lógica que explica que un vaso sea un vaso y un plato sea un plato, un SMS es un SMS: «Hacemos lo que podemos significa hacemos lo que podemos», respondió Rajoy a la pregunta de qué quiso decir con su famoso mensaje de apoyo a Bárcenas. A las puertas de la Audiencia Nacional, un grupo de ciudadanos protestaban con pancartas cargadas de ironía: «Sé fuerte, Rajoy».

Mientras tanto, en La 1, seguían analizando el poder desinfectante del laurel. Y por mucho que el presidente del Gobierno se empeñe en hacer como que la corrupción en el PP no va con él, la Gürtel son lentejas.