Ha quedado muy claro que Carles Puigdemont va a intentar en una primera instancia resistirse a la aplicación del artículo 155 que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunció este sábado a primera hora de la tarde. El presidente de la Generalitat, que será apartado de su cargo en los próximos días, va a aprovechar el poco tiempo que le queda al frente de su gobierno para organizar la resistencia dentro de las instituciones y fuera de ellas, en la calle, con el apoyo irrenunciable de las dos organizaciones ciudadanas en la que el govern ha depositado su fuerza y también su poder.

La Generalitat es ahora mismo lo que es la gente en las calles, es exactamente lo que suponen las manifestaciones convocadas por Ómnium y la ANC. Por eso los dirigentes de esas  dos entidades son convocados a las reuniones de los consejeros en pie de igualdad con ellos: porque hoy son Alcoberro y Mauri quienes tienen el poder y quienes sostienen a un gobierno que sin ellos ya no sería nada. Puigdemont se ha puesto en manos de las masas y circulará por los caminos que ellas le determinen.

En esas condiciones era demasiado optimista pensar que, en un ejercicio de responsabilidad, iba a aprovechar el hueco que le proporcionaba la preceptiva tramitación en el Senado del artículo 155 para escapar de la tenaza amenazante de perder las competencias del autogobierno y convocaría elecciones anticipadas en Cataluña.

Puigdemont se ha puesto en manos de las masas y circulará por los caminos que ellas le determinen

No ha sido así sino todo lo contrario, probablemente porque sepa que, así como en este momento están movilizadas las masas independentistas, también lo están quienes se oponen a la secesión y eso significa que podría perder esos comicios. Por eso, en una intervención basada, como la de la presidenta del Parlamento Carmen Forcadell, en una letanía de  mentiras y de manipulaciones, Puigdemont se ha limitado a anunciar la convocatoria, ahora sí, de un Parlamento que lleva un mes y medio cerrado porque abrirlo no convenía a sus planes. Es posible que en ese pleno los diputados independentistas deshagan definitivamente las ambigüedades del president y proclamen la independencia. Cometerían un error, uno más, porque esa independencia no tendría traducción alguna en la realidad y porque además convertiría a sus firmantes en reos de un delito muy grave. Pero eso es exactamente lo que Puigdemont y quienes le dirigen y le mandan están buscando. No nos engañemos: quieren que les metan en la cárcel.

Como saben que no tienen ninguna salida, han optado por la resistencia callejera, a ver si el Gobierno pica otra vez y comete el error de caer en la trampa de la “represión” que, con tanta habilidad suya como candidez de la otra parte, tendieron el 1 de octubre a la Guardia Civil y a la Policía Nacional. Esta vez no va a pasar eso. Probablemente asistiremos a una guerra de desgaste en la que se va a dar muy pocas opciones al secesionismo para vestirse de nuevo con la túnica de las víctimas.

Han optado por la resistencia callejera, a ver si el Gobierno pica otra vez y comete el error de caer en la trampa de la “represión”

Para el Gobierno es esencial seguir contado con el cerrado apoyo de los miembros de la Unión Europea, hasta el momento completamente impermeables a las apelaciones “democráticas” que les hacen una y otra vez los miembros de la Generalitat por mucho que Puigdemont intente predicarles su verdad en inglés. Por esa razón, Rajoy administrará con prudencia las medidas de ataque. Así que por la vía europea, que es una vía esencial desde todos los puntos de vista, tienen la salida cegada.

También la tienen cerrada por la vía de la negociación con el Gobierno si es que ese diálogo pretenden mantenerlo en torno a la independencia para lo que, según ellos, les han mandatado más de dos millones de catalanes en un referéndum que fue una burla y cuyos resultados no están acreditados por nadie más que por el propio Puigdemont. Por lo tanto, no hay ningún motivo para dar crédito a esas cifras que manejan con tanto aplomo como falta de rigor.

El país necesita resetearse, empezar de nuevo y poner sus cuadernos en limpio

Ahora bien, está bastante claro que, dure lo que dure la aplicación por parte del Gobierno del artículo 155, esta legislatura -hablo de la nacional, no sólo de la catalana- se habrá acabado en cuanto se levante la medida. Y, dado que hasta el momento el señor Puigdemont no ha dado muestras de querer aprovechar la oportunidad para darle de verdad y sin manipulaciones la palabra al pueblo, Mariano Rajoy debería calibrar la posibilidad de, una vez el clima político y callejero en Cataluña se haya aplacado, lo cual llevará unos cuantos meses, convocar elecciones generales al mismo tiempo o inmediatamente después de las autonómicas.

El país necesita, como se dice ahora, resetearse. Necesita empezar de nuevo y poner sus cuadernos en limpio para seguir adelante con una cierta conformidad consigo mismo. Cierto que para eso aún falta mucho y que antes tendremos que atravesar hondos barrancos y sortear tremendos remolinos. Pero en eso estamos ya. Se trata de buscar y encontrar lo antes posible una salida.