El relevo al frente del Grupo Prisa (empresa editora de El País) ha sido complicado. Las circunstancias eran las más propicias para un atrincheramiento que se ha prolongado más de lo necesario.

Juan Luis Cebrián (Madrid 1944) fue el primer director de El País y, durante mucho tiempo, fue también mano derecha del fundador del conglomerado, Jesús Polanco. En la última década, justo tras la muerte del que fuera conocido como «Jesús del gran poder», Prisa ha sufrido un enorme deterioro de su posición financiera como consecuencia de la entrada en el negocio de la televisión y en la guerra por los derechos de retransmisión de los partidos de fútbol.

Prisa ha sufrido un enorme deterioro financiero tras la entrada en el negocio de la televisión

En ese periodo, la familia Polanco ha ido perdiendo poder a medida que nuevos accionistas han ido incorporándose al capital. Entre ellos, Telefónica, Caixa, Santander y el grupo Amber Capital (con casi un 20%).

El próximo año vencen 1.000 millones de deuda y Prisa se ha visto obligada -en una operación aprobada por su Junta General Extraordiaria- a realizar una ampliación de 550 millones para hacer frente a esos compromisos.

Cebrián se ha hecho publicar una entrevista en El País como antesala de la Junta para dejar claras dos cosas: que se va «de forma voluntaria» de la presidencia; y que él quiere seguir siendo la garantía de la «independencia» de los medios que conforman el grupo.

Pero ninguna de las dos es cierta. En un consejo en el que la familia Polanco no se entiende con Amber ni éste con los accionistas mexicanos (Roberto Alcántara), el único consenso que existe es que Cebrián tenía que abandonar la presidencia del grupo.

El representante de Amber Capital, Joseph Oughourlian, tuvo en la Junta una intervención demoledora contra el factótum de Prisa: «El verdadero cáncer de Prisa es el excesivo personalismo… Juan Luis, tú no eres la compañía, como me dijiste un día».

Ha habido un amplio consenso para que Cebrián deje ya el consejo. Todos están de acuerdo en que su gestión ha sido un desastre

Ese excesivo personalismo es el que impidió hace unas semanas la incorporación como presidente ejecutivo de Javier Monzón (ex presidente de Indra y ahora consejero del Santander) y el que frustró también la llegada de Jaime Carvajal. Aunque Cebrián ha presentado el nombramiento de Manuel Polanco (hijo del fundador) como cosa suya, no hay nada más alejado de la verdad. Cebrián hubiese querido para ese cargo a Cristina Garmendia o bien a Elena Salgado, ases que tenía guardados en la manga pero a los que no ha podido recurrir por la cerrada oposición de la mayoría del consejo.

Tampoco es cierto que Cebrián vaya a controlar el nombramiento de los directores de los medios que conforman Prisa. El consejo sí le permitirá, a través de una Fundación de nueva creación, tener un cierto control editorial sobre el grupo, pero nada más.

La gestión del día a día será cosa del consejero delegado Manuel Mirat. Polanco no será ejecutivo, pero cuenta con un consenso amplio, sobre todo de los accionistas españoles.

Cebrián ha sido uno de los periodistas más relevantes de los últimos 40 años. Bajo su mandato convirtió a El País en el periódico más influyente de España. Su problema fue cuando quiso convertirse en empresario. Su fracaso en esas lides no tiene discusión.

Amigo de Felipe González, hizo de El País el periódico de cabecera del socialismo español. Durante los últimos años, Cebrián ha sido el artífice de un acercamiento estratégico al gobierno de Mariano Rajoy. De hecho, sus relaciones con la vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, son excelentes.

Muy respetado en la profesión y entre los trabajadores de Prisa, perdió su carisma cuando se comprobó que predicaba recortes mientras cobraba suculentos bonus.

El presidente de Prisa desde 2012 cobrará cuando se haga efectiva su salida 6 millones de indemnización más otros incentivos por la ampliación de capital que sumarían otros 5 millones de euros.