Crudo lo tiene el que fue mayor de los Mossos porque ahora obran en poder de los jueces -la juez Carmen Lamela, de la Audiencia Nacional, ante la que declara este viernes, y el juez instructor del Supremo, Pablo Llarena– una avalancha de datos contrastados, las grabaciones de los comunicados internos de los policías autonómicos el 1-O y los testimonios de quienes prepararon junto a él el dispositivo de prevención de las votaciones del referéndum ilegal, que le dejan muy poca, por no decir ninguna salida. Rectifico: a Josep Lluis Trapero se le abre una salida, pero es la que le conduce camino de la cárcel.

Si nos atenemos tan sólo a lo declarado en sede judicial por el coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos, que fue el coordinador de las tres fuerzas policiales -Policía Nacional, Guardia Civil y Mossos d’Esquadra- para el 1 de octubre, Trapero queda dibujado como un hombre profundamente comprometido con la estrategia diseñada por el secesionismo para lograr que el referéndum se celebrara y fuera todo un éxito de participación.

El ex mayor no quiso en ningún momento modificar el dispositivo que tenía preparado desde días antes, y eso a pesar de que Pérez de los Cobos le advirtió que era un dispositivo claramente insuficiente. Pero eso se podría explicar por un excesivo prurito profesional y por un afán de impedir que alguien ajeno al cuerpo policial autonómico le enmendara la plana. Sin embargo, esa versión exculpatoria queda dinamitada en cuanto se añade al relato del auténtico comportamiento de los Mossos, dependientes de Trapero, a lo largo de toda la jornada.

El ex mayor no quiso modificar el dispositivo preparado desde días antes, y eso a pesar de las advertencias de Pérez de los Cobos

Empezando porque desde la víspera se alerta a los responsables de las mesas electorales de que los Mossos se van a pasar por allí a eso de las seis de la mañana, de modo que se les puso sobre aviso y se les permitió convocar a las masas para que rodearan los colegios, argumento que sería más tarde utilizado por los agentes  para no intervenir: había demasiada gente, hubiéramos causado más daño.

Pero no es sólo eso: es que las investigaciones de la Guardia Civil han podido acreditar que los casi 100 colegios que los Mossos declaraban haber cerrado no eran tales porque se trataba de puntos de votación en pueblos pequeños donde se había estado votando durante toda la jornada y cuyos datos electorales habían sido comunicados a la sede que más tarde presentó algo parecido a unos resultados finales aunque sin contrastar ni contar con un control acreditado y fiable.

En definitiva, el informe oficial remitido por los Mossos de Trapero era mentira. Trapero había tratado de engañar a quienes investigaban los sucedido aquel día. Eso, más la constatación de que la policía autonómica a sus órdenes directas lo que hizo el 1-O fue facilitar la jornada ilegal del referéndum, pone al antiguo mayor en una posición insostenible: ya no caben dudas de cuál fue su papel ese día.

Trabajó a las órdenes del secesionismo y violó la ley, las sentencias del TC y las órdenes del juzgado de Barcelona

En consecuencia, la actuación de sus agentes en el episodio del 20 de septiembre cuando se produjo el acoso a los agentes de la Guardia Civil, que cumplían una orden judicial para requisar material en la Consejería de Economía, debe ser examinada e interpretada a la luz de lo que ya se ha comprobado, que es que Josep Lluis Trapero trabajó a las órdenes del secesionismo y violó la ley, las sentencias del Tribunal Constitucional y las órdenes del juez del juzgado de Barcelona.

A estas alturas es evidente que el comportamiento del ex mayor de los Mossos es una pieza esencial  para completar el cuadro delictivo que se desató en los meses de septiembre y octubre en Cataluña. Por eso tiene mucho sentido que los fiscales del Supremo insistan en su petición al juez Llarena para que incorpore la pieza de Trapero en el sumario en curso. Pero Llarena, que quiere cerrar pronto la investigación para que el juicio oral se celebre lo antes posible, se resiste: no quiere prolongar demasiado esta fase del procedimiento. Sea como sea, lo juzgue como hasta ahora la Audiencia Nacional o lo juzgue finalmente el Tribunal Supremo, el destino de este hombre parece estar cantado.

El hombre que fue inicialmente admirado por todos los españoles por lo que pareció inicialmente un comportamiento ejemplar con motivo de los atentados terroristas de agosto en la capital catalana y en Cambrils, el hombre en cuyo cumplimiento escrupuloso de la ley confiaron ciegamente todos los defensores de la unidad de España, ha resultado ser un traidor a su compromiso jurado cuando tomó posesión de su cargo y que le obligaba a cumplir el Estatuto y la Constitución.

Trapero fue un inmoral que se ha comportado de manera ignominiosa. No merece llevar ese uniforme

Un tramposo que intentó, y logró, engañar a quienes contaron con él y con el Cuerpo bajo su mando para conseguir que la ilegalidad no se adueñara ese día de Cataluña, como se adueñó. Y eso sucedió gracias sobre todo al comportamiento directo y personal de Josep Lluis Trapero, que se puso a las órdenes de los secesionistas mientras conseguía tapar sus verdaderas intenciones para que los candorosos responsables llegados de Madrid no pudieran darse cuenta de lo que verdaderamente había tramado y se proponía ejecutar.

Por eso, en el juicio sobre la actuación del que fue jefe de los Mossos, además de las ilegalidades cometidas y de los posibles delitos que puedan -deberían- llevarle ya a la cárcel, hay otro juicio moral que no comporta castigo material de prisión pero cuya sentencia le acompañará toda su vida: Trapero fue un inmoral que se ha comportado de manera ignominiosa. No merece llevar ese uniforme.