Alemania, Gran Bretaña, Suiza y Bélgica… En esos países los medios de comunicación y parte de la opinión pública están recibiendo un mensaje inquietante: que en España algunos cargos electos huyen porque la justicia les quiere encarcelar. Aunque es inexacto y falaz en origen, este mensaje se ha convertido en el último éxito y quizá el único que por ahora han conseguido los independentistas, internacionalizar el conflicto. Ninguno de los fugados escoge el país por casualidad, todos buscan eternizar el problema y excepto Puigdemont, detenido contra su voluntad, todos escogieron bien el lugar donde fugarse de la justicia española.

No les basta con haber provocado la estampida de casi 4.000 empresas, no es suficiente con la pérdida de 4.500 millones de euros de inversión y 80.000 empleos hasta el 2019. En los próximos veinte años, una o dos generaciones tendrán que pagar la factura del procés que hoy sigue creciendo, pero como todo nacionalismo no solo lucha por un objetivo, sino que hunde al que no piensa como él, por eso además quieren hundir la marca España, es su venganza final.

Se han blindado en una realidad paralela y no quieren escuchar la verdad, que vivimos en Europa

Se han blindado en una realidad paralela y no quieren escuchar la verdad, que vivimos en Europa, donde los Estados son libres y democráticos, que en Alemania un partido como el de Puigdemont, Junqueras o la CUP no existirían porque en el artículo 4 de su Constitución lo dice claro: “Los partidos y agrupaciones políticas deben respetar los principios de la soberanía nacional”, sin embargo ¿alguien pone en duda la democracia en Alemania?

En esta batalla de 2 millones de votantes independentistas frente a 5 millones de catalanes, la propaganda siempre la manejaron ellos, son expertos en simular que ellos representan a la mayoría, que ellos son Catalunya (fue Pujol el primero en sacar rédito de ese mantra) y hoy sus herederos siguen colocando a sus presidentes en el Parlament, a sus directores en su televisión, a sus rectores en sus universidades, escuelas, colegios profesionales… Han mantenido durante casi 30 años un control férreo sobre la sociedad civil y no están dispuestos a perderlo. Por eso tantos catalanistas o nacionalistas se convirtieron en independentistas. La mayoría de ellos de derechas y burgueses, por eso aplauden al procés en el Gran Teatro de El Liceo mientras reniegan de él los trabajadores de la SEAT.

Aunque 50.000 personas salieron a manifestarse por la libertad de Puigdemont tras ser detenido, cientos de miles se quedaron en sus casas preocupados por la deriva salvaje de los acontecimientos. Mientras a Marta Rovira, Ponsatí o Comin entre otros les paga las facturas la ANC y Omnium Cultural (en Catalunya se la apoda hace años como Odium cultural), a los autónomos y asalariados que ven cerrar empresas y bajar la facturación de sus negocios no les ayuda nadie. El Parlament de Catalunya lleva más de un año sin decidir las cuestiones más importantes porque hay dos millones de abducidos que no necesitan comer, ni trabajar, ni sanidad gratuita, ni ser europeos, ni tener el euro como moneda, … sobrevivirían solo con la independencia. Sor Lucía Caram es su ejemplo a seguir: “Hace más de 2.000 años Barrabás quedaba absuelto y Jesús, que era inocente, era detenido. La historia se repite y Jesús sigue siendo encarcelado injustamente.” Esto lo escribía en Twitter el mismo día de la detención de Puigdemont, su Dios.

Resulta que ahora la discusión principal es saber si esos países, Alemania, Bélgica, Suiza o Gran Bretaña considerarán o no que el delito de rebelión existió y por lo tanto se aplicó el procés con violencia. Si es así serán extraditados a España, sino puede alargarse la situación durante años. Ellos defienden que todo se hizo sin violencia porque no hubo agresiones físicas a nadie en la proclamación de su República.
Pero muchos lo vemos de otra forma.

Violencia es dividir a una comunidad autónoma y enfrentar a familias enteras; violencia es que siendo cargos públicos que han jurado la Constitución la pisoteen a diario; que den órdenes a su cuerpo policial para espiarnos de forma ilegal a decenas de ciudadanos. Violencia es que intentaran comprar armamento militar para los Mossos; que quemaran en una incineradora las pruebas de su malversación de fondos y guerra sucia; que provoquen huelgas salvajes y cortes de carretera ilegales; violencia es que divulguen direcciones y nombres de jueces, periodistas y cualquier ciudadano contrario al procés para que otros hagan “la purga”; rodear la Delegación del Gobierno en Barcelona mientras escupen e insultan a las fuerzas del orden, incluso impedir hacer su trabajo a los periodistas que no son “los suyos” los de TV3. En definitiva, si fomentar el odio es violencia, llevamos gota a gota y lentamente 24 años soportando esta forma de violencia. Ja n´hi ha prou.