El problema de Francisco Granados es que hay ya contra él un volquete, pero no «de putas» como ofreció en su día el viceconsejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid, Alejandro Halffter, a los agentes de la Guardia Civil imputados en el caso del espionaje a altos cargos de la Comunidad, sino de datos. Datos que va proporcionando poco a poco su gran amigo desde la juventud y socio de tropelías en la madurez David Marjaliza.

Este hombre, al que su estancia en la cárcel le convenció de que había elegido el camino equivocado que le iba a privar de ver crecer a su hijo, es para la Fiscalía una mina de información que, a pesar de haber quemado en un carro de supermercado cientos o quizá miles de documentos comprometedores de las fechorías cometidas de común acuerdo con Granados, en los que abundaban decenas de licitaciones de la Comunidad de Madrid y un cuaderno que tenía anotado el movimiento durante 15 años del dinero B que manejaba el empresario, aún conserva suficiente información documentada y superviviente de aquella quema que puede y debe hacer temblar al propio Granados.

Pero no sólo a él. Ya lo explicó el propio empresario «arrepentido» cuando compareció ante la Comisión del Congreso: «Faltan cosas»,  «Amplíen el arco», sugirió intencionadamente a los diputados que le interrogaban.

Al que seguro que Marjaliza va a hundir hasta las cachas es al PP de los tiempos de Aguirre, González y Granados

Puede que en su confesión el señor Marjaliza acabe señalando de una manera efectiva y complicándoles la vida a responsable políticos del PSOE y de IU, como ya adelantó ante la Comisión del Congreso, pero al que seguro que va a hundir hasta las cachas es al Partido Popular de Madrid de los tiempos de Esperanza Aguirre y de Ignacio González y, por descontado, a este Francisco Granados que sigue manteniendo una actitud retadora y un punto perdonavidas a pesar de haber pasado dos años y medio en prisión preventiva, un tiempo, por cierto,  a todas luces excesivo y que no se justificaba bajo ninguno de los tres supuestos que determina esa medida de privación de libertad.

Granados salió diciendo que se proponía desmontar los informes de la Fiscalía y de la Guardia Civil que le señalan como autor de numerosos casos de corrupción. Pero ahí enfrente tiene a su ex amigo Marjaliza que explica con todo detalle, por ejemplo, la información que hoy publica este periódico: las comisiones ilegales que ambos se repartían a partes iguales, junto con el entonces consejero de OHL Javier López Madrid, derivadas de las adjudicaciones de varios tramos el Metro de Madrid.

Los fiscales no se creyeron la versión de Granados y cuentan con el apoyo de una confesión a tumba abierta de su antiguo socio

Granados ya dio muestras sobradas de su audacia interpretativa cuando intentó convencer a las fiscales del caso de que las iniciales contenidas en las anotaciones de su agenda no se correspondían con los nombres de determinadas personas (Luis Delso o José Manuel Entrecanales) supuestamente participantes en la trama, sino a conceptos varios como Lista de Diputados  o Junta de Educación Concertada. Su problema es que los fiscales no se creyeron su versión. Y que cuentan además con el apoyo de una confesión a tumba abierta de su antiguo socio, en funciones ahora de «arrepentido», que le deja en una situación prácticamente imposible de salvar.

El PP de Madrid está ahora mismo literalmente rodeado por los casos de corrupción que ya se están empezando a ver en los tribunales, y lo está en un momento especialmente crítico, cuando falta apenas un año para las elecciones municipales y autonómicas y cuando los populares ven que sus antiguos dirigentes están metidos de lleno en casos flagrantes de corrupción  que les ha valido ya pasar la cárcel – es el caso de Granados y de Ignacio González-, están en riesgo de ser implicados en esos o en otros casos -eso le pasa a Alberto Ruiz Gallardón o a Esperanza Aguirre-; y, lo que es aún peor, empiezan a salpicar, aunque todavía de lejos, a su gran esperanza blanca e inmaculada Cristina Cifuentes.

Es mucho lo que se juega en Madrid el PP y no parece que tenga las cartas electorales que le den una mínimas garantías de victoria

Además del no aclarado caso de su famoso máster, la presidenta madrileña está, como informa Casimiro García-Abadillo en este periódico, en el punto de mira de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO), que la acusa de prevaricación y cohecho en la adjudicación de la cafetería de la Asamblea de Madrid a una sociedad del empresario Arturo Fernández. Lo que suceda en este punto depende de lo que la Fiscalía decida finalmente solicitar al juez, es decir, si pide o no al magistrado la imputación de la presidenta de la Comunidad, y de lo que el magistrado Manuel García Castellón determine.

Pero sea lo que sea, el hecho es que el Partido Popular está bailando en la cuerda floja en Madrid y que, si acaba cayendo víctima de  sus propios errores de corrupción en el pasado, habrá perdido de antemano la partida en la que se va a dirimir más pronto que tarde el gobierno de España. Es mucho lo que se juega en Madrid el PP, mucho más de lo que parece a primera vista. Y ahora mismo no parece que tenga en su mano las cartas electorales que le den una mínimas garantías de victoria.