Los Iglesias/Montero acaban de comprar su casa de ensueño: un chalet con gran piscina y parcela de 2.000 metros cuadrados, situado en el municipio de Galapagar. El precio supera los 600.000 euros y la hipoteca supone 540.000 euros.

Si el líder de Podemos no hubiera presumido de vivir en un piso en Vallecas y no hubiera afeado la compra de un ático por 600.000 euros al ex ministro de Economía, Luis de Guindos, probablemente su formación no tendría que haber dado explicaciones. Pero lo hizo ayer. La razón que apuntaron las fuentes podemitas para la adquisición de la vivienda es comprensible: tienen tres perros y hay un buen colegio público cerca de su nueva casa. Esperemos que en el futuro no se les ocurra tener un caballo.

Muchos hemos tenido (y hemos caído) en la tentación de comprar un chalet a las afueras de Madrid. Los niños, los perros, el colegio cercano, la huida del estrés de la gran ciudad… En fin, cosas que pasan y de las que luego casi siempre te arrepientes.

Es algo tradicional en familias con buenos ingresos y que quieren mejorar su forma de vida. En 1948 se estrenó la película Mr. Blanding builds his dream house (traducida al castellano como Los Blanding ya tienen casa), una recomendable comedia dirigida por H. C. Potter.

Mr. Blanding (Cary Grant) y su esposa (Myrna Loy) representaban la quintaesencia del sueño americano. Tenían dos hijas y vivían en un pequeño apartamento en Manhattan que se les había quedado pequeño. No tenían perros, pero sí un canario. Así que decidieron comprarse una casa a la afueras, en Connecticut. Sus peripecias son perfectamente trasladables en el tiempo a las que sufren los que deciden marcharse fuera de la ciudad.

No sería de extrañar que, en unos años, Irene terminara afiliándose a Ciudadanos y Pablo al PSOE. Serían el arquetipo de una familia ejemplar

Lo que diferencia a los Blanding de los Iglesias/Montero es que los primeros seguían una pauta coherente con su estatus de clase media (“una familia muy americana, muy tarta de frambuesa”, confiesa orgullosa la señora Blanding), mientras que los Iglesias/Montero se ven obligados a explicar su decisión por carta para que no se les confunda con “pequeños burgueses”.

La misiva de Pablo Iglesias a los militantes de Podemos aclara que entre él y su compañera pagarán 1.600 euros al mes de hipoteca, algo que no se pueden permitir, confiesa, muchas familias trabajadoras.

Lo que le avergüenza a Iglesias es que ha hecho algo absolutamente normal en una familia con buenos ingresos. El problema de la nueva izquierda radica en haber hecho bandera de la ejemplaridad y por ello su líder se ve en la necesidad de dar explicaciones.

En los años 70, cuando yo estaba en la universidad, Las Madres del Cordero, un grupo muy del gusto progre al que seguíamos muchos estudiantes antifranquistas, sacó una canción titulada Quiero ser un pequeño burgués, con una letra que decía más o menos:

Yo quiero ser pequeño burgués

comprar un 600 en plazos de un mes

un ascenso en la oficina

y en el chalet una piscina

Creíamos que nunca caeríamos en esa vulgaridad. Y nos equivocamos. Aunque nunca lo confesamos, cuando tuvimos un empleo y nos hicimos más mayores (Franco ya había muerto) nos convertimos en “pequeños burgueses”. Que es lo que le ha pasado a la familia Iglesias/Montero.

No sería de extrañar que, en unos años, Irene terminara afiliándose a Ciudadanos e Iglesias al PSOE. Se convertirían en una familia ejemplar.

Si yo fuera el responsable de un fondo de inversión, recomendaría comprar bonos españoles. La adquisición del chalet por parte de la familia Iglesias/Montero es la prueba más palpable de que los antisistema ya han comenzado a pasar por el aro. Y eso -señores de Podemos- no es tan malo como ustedes creen.