La Defensa no es, precisamente, uno de los ámbitos más tratados o debatidos en España. A la escasa atención mediática y popular se une la carencia de debates en el Congreso o el Senado sobre el tema. El Día de las FAS es una buena ocasión para la reflexión sobre su estado.

A primera vista hay que resaltar el escaso interés institucional español por la acción exterior. Por lo tanto, desde el punto político y mediático, puede decirse que España es un país introvertido, la situación internacional sólo ocupa ocasionalmente el centro de atención pública ante acontecimientos muy relevantes y ocasionales. Precisamente el mundo se encuentra en el punto álgido de una nueva era industrial, la Cuarta. Como en las anteriores, aquellas potencias que primero la asimilen llegarán a ser las dominantes y dictarán los rasgos del Orden Internacional. Por el contrario, aquellos que se posicionen tarde se quedarán en el atraso. España sigue ensimismada

El problema tiene que ver, entre otros motivos, con la falta de protagonismo internacional español en los dos últimos siglos, fundamento de la carencia de cultura estratégica, y por la necesidad sobrevenida, dado el diseño del sistema político actual, de tener que emplear muchas de las energías patrias en preservar la cohesión nacional, a la vez que se descuida la influencia del mundo en el que vivimos, desde una percepción de inexistencia de peligro exterior.

Desde el punto político y mediático, puede decirse que España es un país introvertido

En la comparecencia ante la Comisión de Defensa del Congreso, el pasado mes de abril, el Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), de forma profesional y precisa, advirtió sobre la situación en la que se encuentran las Fuerzas Armadas (FAS), cercana al «límite» en eficiencia operativa, calificándola de “situación crítica», entre otros motivos por falta de inversiones y previniendo que la situación «conlleva riesgos». Dicho de otra forma, la Seguridad Nacional, es precaria en España. Este es un hecho incontrovertible y muy grave, que responde a una carencia de prioridad política para una función esencial del Estado: la Defensa. El JEMAD, según la Ley Orgánica de la Defensa Nacional ejerce como asesor militar del Presidente del Gobierno y de la Ministra de Defensa, por lo que el problema militar, vital para el Estado, es conocido con puntualidad, naturaleza y dimensión. La comparecencia tuvo una difusión mediática y política limitada; las FAS, como exige el ethos militar y recogido por la Constitución son “mudas”, por lo que es el nivel político el encargado de “revindicar” sus necesidades y anhelos.

El problema tiene otro de sus fundamentos en el desconocimiento político y mediático de la Seguridad Nacional y la Defensa, impulsado por la falta de un proyecto nacional que serviría para determinar proactivamente el lugar de España en el Orden Internacional, para poder defender sus intereses en los contextos geopolítico regional e internacional. Desde el acceso a la democracia, España ha estado cómoda en las organizaciones internacionales, diluyendo su limitado protagonismo en las decisiones mayoritarias o de los países más poderosos.

Por lo tanto, es la incapacidad política para valorar los intereses nacionales en el ámbito internacional, o lo que es lo mismo, la carencia de “cultura estratégica”, también denominada “carácter nacional”, que es expresión del patriotismo, donde reside gran parte del problema. Tras más de dos décadas de conflictos internacionales de base insurgente por actores no-estatales, donde las FAS españolas han tenido una modesta y meritoria actuación, la centralidad geopolítica emigra hacia la competición entre estados. En esa nueva situación internacional, el espacio europeo se encuentra rodeado por inestabilidades y España es “frontera”, o sea, vanguardia. Esta posición geográfica le impone objetivamente a España servidumbres militares que había que publicitar para que sean conocidas por los ciudadanos, asumidas políticamente y actuar en consecuencia, habilitando los recursos necesarios para obtener las necesarias y adecuadas capacidades operativas.

Mantener el Estado de Bienestar implica su Defensa, no lo van a hacer otros por nosotros

Ello nos lleva a la necesidad de diseñar las FAS adecuadas para actuar en el nuevo ambiente operativo, modulado en gran medida por la Revolución Tecnológica, que distarán mucho de la situación vivida hasta hace unos años. La última década perdida por la descapitalización debida a la falta de financiación, pesará como una losa en el futuro militar que, como se diría en el ámbito mercantil, “no consiste sólo en el daño emergente, también en el lucro cesante”, este último en forma de avances tecnológicos e innovación.

El problema militar de España no se soluciona efectuando adquisiciones para seguir como hasta ahora. Se necesita una innovación integral: una nueva concepción estratégica militar, una nueva organización de la Defensa, adecuada y ágil, que sea capaz de adaptase a las nuevas circunstancias para configurar unas nuevas FAS diferentes en estructura, procesos, capacitación de personal, equipos y sistemas, con capacidades de actuación en la era de la automación y que proporcione una Fuerza Conjunta capaz de actuar en el multidominio operativo (terrestre, marítimo, aéreo, espacial y ciber) y adaptase a las nuevas y previsibles formas de hacer la guerra. Esta circunstancia no es sólo española, pero a diferencia de nuestra patria, hace tiempo que otros países planificaron y pusieron en práctica los necesarios procesos de innovación.

La labor de rehabilitar, modernizar y mantener operativas las FAS es ciclópea, porque el atraso es profundo y los avances tecnológicos muy rápidos. El tema va mucho más allá de cumplir compromisos internacionales de dedicar determinado porcentaje del PIB al presupuesto de Defensa. El necesario proceso de innovación de las FAS no es una tarea ni un producto sólo militar, para que tenga éxito se ha demostrado que no basta con lo de “política de Estado”, tiene que ser una empresa nacional duradera, que se desarrolle en el ambiente de la Cuarta Revolución Industrial y que debe partir, como requisito imprescindible, de un sólido y continuado impulso político. Esta tarea evidencia la importancia de potenciar el ámbito científico e industrial de España, así como la creación de “startups” innovadoras, para estar en una posición de liderazgo en el desarrollo de aspectos como la Inteligencia Artificial tanto en tecnologías, plataformas y aplicaciones.

Todo ello en un ambiente propicio a la pedagogía de una cultura estratégica que sea capaz de asimilar el ambiente derivado del nuevo contexto geopolítico y trasmitirlo a la opinión pública. Mantener el Estado de Bienestar implica su Defensa, no lo van a hacer otros por nosotros.

Como se ha expuesto, el problema de las FAS españolas no es solo el dinero; no hay nada más oneroso que unas FAS ineficaces. Se necesitan líderes capaces de diseñar una visión del papel de España en el mundo y ponerla en práctica. La imprescindible extroversión nacional podía empezar por mostrase ante el mundo como una unidad cohesionada, y se comprendería que la supervivencia, independencia e integridad de la entidad política, España es necesaria y que nuestro bienestar y seguridad merecen la pena defenderlos.

El porvenir es, en buena medida, resultado de las decisiones tomadas por los líderes y pensadores del presente. Es su responsabilidad diseñar el futuro, en caso contrario las dinámicas del cambio llevarán a las FAS a continuar su triste declive.


Enrique Fojón es Infante de Marina retirado y miembro del Foro de la Sociedad Civil.