España está asomada al vértigo de una aventura con final posiblemente dramático. Vamos a intentar desmenuzar aquí los riesgos que ahora mismo nos amenazan. En primer lugar, al Gobierno le ha caído encima todo el pasado y más que le va a caer según avancen los meses y los tribunales vayan dictando sentencias sobre los múltiples casos, todos ellos escandalosos, que están siendo ya investigados y pendientes de juicio y según vayan apareciendo noticias sobre personajes que, como Eduardo Zaplana, acaban de aparecer en el panorama delincuencial popular.

Eso significa que, con los presupuestos recién aprobados y con una excelente marcha de la economía, el peso del historial de corrupción va a seguir hundiendo la ya muy maltrecha reputación del partido ante los ojos de los electores. Y ya pueden los actuales dirigentes desgañitarse diciendo que todo esto que se juzga sucedió hace mucho tiempo y que ellos no tienen nada que ver con lo perpetrado por sus antecesores, porque aquí se cumple una regla injusta pero inapelable según la cual los hijos cargan con la herencia de sus padres sobre todo si la herencia es vergonzosa.

El PP actual va a pagar políticamente todo lo que no pagó en su día, por desconocimiento público de lo sucedido, el PP de sus mayores. Por eso son inútiles todos sus esfuerzos por explicar hasta la extenuación que la condena al PP como partícipe a título lucrativo es civil y no penal y que eso supone que el partido no estaba al corriente de los delitos que estaban cometiendo algunos de sus dirigentes. Esas son precisiones técnicas que resultan incapaces de superar el potentísimo efecto de la constatación judicial de que, desde el mismo momento de su refundación en 1989 el PP tenía una contabilidad paralela, y por lo tanto oscura, de la que se beneficiaron muchos de sus líderes.

Si la moción de censura tiene éxito provocaría en el PP una desbandada de cuadros en dirección a Ciudadanos aún mayor de la que ya se está produciendo

El Partido Popular ha quedado gravísimamente herido por esa sentencia y ahora queda por ver si la moción de censura planteada por Pedro Sánchez convierte esa herida en una herida fatal, de muerte. Si esa moción de censura consigue tener éxito va a privar al PP de una de las pocas estructuras de poder que aún conserva en el país, bien es cierto que es la Gran Estructura de Poder de España. Y, de ser así, eso produciría en las filas de los populares una desbandada de cuadros en dirección a Ciudadanos aún mayor de la que ya se está produciendo en las autonomías y en los ayuntamientos. En definitiva, una catástrofe sin paliativos.

Vayamos ahora al Partido Socialista, que se ha encontrado con la posibilidad de volver a intentar sacar a Mariano Rajoy del Palacio de La Moncloa mucho antes de que el partido esté en condiciones de afrontar la responsabilidad de gobernar la España de hoy. Para empezar, Sánchez  accedería a la presidencia del Gobiero con unos Presupuestos Generales recién aprobados pero todavía no en vigor. Unos Presupuestos que el PSOE votó en contra y que criticó ácidamente durante los debates de su tramitación. Es muy improbable que los socialistas aceptaran gobernar sometidos a unas líneas de actuación que cuentan con su pleno rechazo.

¿Qué hará entonces Sánchez con las cuentas del Estado recién aprobadas por la mínima? Es muy improbable que las asuma tal como están si tiene la opción de no someterse a ellas una vez hubiera descabalgado a Mariano Rajoy. ¿Retirará los Presupuestos durante su trámite en el Senado? Tiene muy poco tiempo para ello pero algún tiempo tiene. Y si los retira tendría que prorrogar los de 2017 con lo que todas las partidas incluidas en ellos quedarían anuladas. Por supuesto, también los acuerdos a los que el Gobierno llegó con el PNV decaerían también. Es decir, que de lo dicho nada y que volveríamos a la casilla de salida, lo cual significa un retroceso indudable con serias consecuencias para la economía nacional.

Los secesionistas se cobrarán un precio que no está claro que los ciudadanos le permitan a Sánchez que se atreva a pagar

Luego están los apoyos que el PSOE necesita para sacar adelante esa moción de censura. Y, dado que Ciudadanos ya se ha negado a facilitar a Pedro Sánchez que le madrugue a Albert Rivera la presidencia del Gobierno que el líder naranja cree que está a punto de tocar con las yemas de los dedos, los socialistas se ven obligados a hacer otra clase de cuentas. Ya lo ha demostrado el secretario general del PSOE cuando ayer por la mañana convocaba “a los 350 diputados del Congreso a desalojar a los corruptos” del poder. Eso significa que no le va a hacer ascos -que no puede hacerle ascos- al  apoyo de los independentistas catalanes.

Pero, claro, ese apoyo no sería gratis. Los secesionistas se cobrarán un precio que no está claro que los ciudadanos le permitan a Sánchez que se atreva a pagar. Y la prueba la tuvimos enseguida: ayer por la tarde el racista presidente de la Generalitat Quim Torra se apresuró a enviar inmediatamente a Sánchez una carta abierta en la que le ofrece diálogo, concordia y toda clase de mieles pero le recuerda cómo el Partido Socialista había defendido no sólo durante los primerísimos años de la Transición sino mucho antes de aquel proceso político -en el tiempo del exilio- “la autodeterminación de las nacionalidades que integran el Estado español”.

Tiene razón el señor Torra. Aquéllos eran los disparatados planteamientos de un PSOE en el exilio que asumió durante unos pocos años la joven formación de Felipe González que se estrenaba en los primeros pasos en el interior de España como oposición democrática frente al entonces todopoderoso Partido Comunista de Santiago Carrillo. La posición del PSOE cambió luego radicalmente, sobre todo cuando accedieron al poder.

Pero Torra se lo recuerda ahora, cuando Sánchez necesita los votos de los secesionistas para poder hacer realidad su sueño de alcanzar la presidencia aunque no sea por haber ganado unas elecciones sino por haber ganado una moción de censura con no importa qué clase de apoyos. Torra remata apelando a sus sentimientos de pertenencia: “¿Dónde están hoy los republicanos españoles?”. E intenta ablandar el corazón del líder socialista: “Si me permite hablarle sinceramente, les echamos de menos”.

Lo deseable es que el PSOE retirara su propuesta a cambio de que Rajoy se comprometa a convocar elecciones anticipadas

Bien, esto es sólo una muestra del menú que los independentistas catalanes le ponen sobre la mesa al aspirante socialista a la presidencia del Gobierno y que el señor Sánchez tendría que negociar, le guste o no lo que le ponen en el plato. Y con eso va entero el problema del desafío secesionista catalán. Porque el socialista no podrá contar con el apoyo de ERC ni del PdCat mientras respalde el mantenimiento del artículo 155 y secunde la política de Mariano Rajoy con la Cataluña que apuesta por la ruptura de España. De modo que no lo duden: el éxito de la moción de censura tendría efectos directos sobre el problema catalán.

Y lo mismo se puede decir respecto del PNV, un partido que ha obtenido grandes réditos de su voto positivo a los Presupuestos Generales y que no estará dispuesto respaldar a Sánchez en su intento de llegar a La Moncloa si eso significa, encima de todo, perder lo ganado con el Gobierno de Rajoy. Ese es un asunto que estará en la mesa de negociación con los nacionalistas vascos, que probablemente se sumen también en parte a lo que pacten los catalanes en lo relativo a la “nación vasca” y a su “derecho a decidir”. Pero a ver cómo se lo explica Sánchez no sólo a sus votantes sino también a los que no lo son.

En definitiva, no se trata sólo de un cambio de gobierno por la vía de una moción de censura. Estamos hablando de un cambio mucho más profundo del que parece a primera vista en el recorrido de nuestro país a medio y probablemente a largo plazo. En esas condiciones, lo que sería deseable es que el PSOE retirara su propuesta del registro del Congreso a cambio de que Rajoy se comprometiera a convocar unas elecciones anticipadas.

Los españoles tienen derecho a exigir participar en una decisión tan trascendental para el futuro de todos.