Màxim Huerta ha dimitido como ministro de Cultura y Deporte porque no le ha quedado más remedio. Él no quería irse, y prueba de ello son sus declaraciones a Carlos Alsina en Onda Cero, realizadas tan sólo nueve horas antes del anuncio de su dimisión. Su continuidad hubiera supuesto una pesadilla para Pedro Sánchez , una baza de incalculable valor para la oposición, y, sobre todo, un golpe de gracia para su credibilidad como garante de la limpieza en la vida pública, argumento principal de su moción de censura contra el gobierno de Mariano Rajoy.

La entrevista de Sánchez emitida por Telecinco en 2015 en la que afirmó que él no permitiría que una persona que ha creado una sociedad interpuesta para ahorrarse el pago de impuestos estuviera en la Ejecutiva del PSOE no le dejaba ningún margen de maniobra. Porque eso fue precisamente lo que hizo Huerta.

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid desestimó dos recursos presentados por el periodista y escritor en mayo de 2017 y le obligó a pagar 365.939 euros a Hacienda por estimar que defraudó 256.778 euros entre los ejercicios de 2006 y 2008 a través de la sociedad limitada ALMAXIMO Profesionales de la Imagen.

Dicha sociedad tributaba al 25% mientras que, de haber declarado sus ingresos en el IRPF, Huerta hubiera tenido que abonar el 48%. Además se dedujo elevados gastos que no tenían que ver con su actividad profesional, como la compra de un piso en Alicante.

El listón que el propio Pedro Sánchez estableció para su equipo hacía insostenible la permanencia en el cargo de Huerta

Pero, en lugar de reconocer su error (¿le informó al presidente de su peripecia fiscal?) y dimitir por ser incompatible su cargo de ministro con su comportamiento fiscal, Huerta se ha marchado presentándose como “víctima de una jauría”.

Sus argumentos son endebles.

1º Afirma que su situación era generalizada entre periodistas, artistas y creadores ¿En qué se basa? En todo caso, el que muchos no cumplieran con sus obligaciones fiscales no exime de responsabilidad a quien no paga sus impuestos.

2º Argumenta que la inspección fiscal actuó de manera retrospectiva. Es la única forma que tiene Hacienda de actuar. Todavía no se ha inventado la fórmula prospectiva, que evitaría la comisión del fraude.

3º Se presenta como víctima de una “caza de brujas” del PP contra “las personas críticas al gobierno”. Ese juicio de intenciones, en todo caso opinable, no se justifica en su caso. Podría tener cierto sentido, por ejemplo, si se tratara de Joaquín Sabina (cliente del despacho Nummaria, investigado por fraude fiscal), pero Huerta nunca destacó como un militante izquierdista.

4º Justifica su marcha como un gesto de amor hacia la cultura y porque quiere preservar el “proyecto de Sánchez”. Si es así: ¿por qué no dimitió a primera hora de la mañana? ¿Por qué afirmó que el incidente con Hacienda pertenecía a su vida particular y no a su desempeño como ministro?

Huerta no era el mejor candidato para ocupar la cartera de Cultura y Deporte. Si, de verdad, Sánchez quería dar un espaldarazo político a la vida cultural tendría que haber elegido a una persona con mayor bagaje y trayectoria acreditada. La información publicada por Elconfidencial ha puesto fin a su carrera en menos de una semana y, por tanto, no le ha dejado oportunidad de demostrar sus méritos para desempeñar tan importante cargo.

El presidente del gobierno ha reaccionado con premura y eso le honra. Esperemos que haya aprendido la lección.