Las elecciones del 2-D han puesto Andalucía del revés. Son el final de 36 años de socialismo y el nacimiento de la ultraderecha en un parlamento español. Cuando en el último mitin de la campaña Pedro Sánchez dijo a los andaluces “sois el espejo en el que nos miramos” es de suponer que no se refería a esto. 

La paradoja hunde en la derrota al partido más votado, el PSOE de Susana Díaz, y alza con la victoria al que ha quedado el último. El de Francisco Serrano. ¿Quién?

Al candidato de Vox en Andalucía no le ha hecho falta ni que nos aprendiéramos su nombre para sacar 12 escaños partiendo de la nada. Con el apoyo de 400.000 andaluces, el partido recién llegado ha conseguido un papel clave para lograr las codiciadas llaves de San Telmo que siempre se le habían resistido a la derecha.

Al candidato de Vox en Andalucía no le ha hecho falta ni que nos aprendiéramos su nombre para sacar 12 escaños

Está por ver todavía quién se hace con la presidencia de la Junta. Paradójico sería también que la lograra Juanma Moreno, el líder del PP con el peor resultado en 28 años. Tendrá que disputársela al candidato de Ciudadanos, Juan Marín, que reivindicó la noche electoral que, pese a haber quedado tercero, duplicar su representación parlamentaria el 2D lo legitima para suceder a Susana Díaz.

La única que no se postula a sucederse a sí misma es la líder socialista, que todavía estaba en shock cuando salió a dar su discurso. Era inútil oírla repetir que el PSOE había sido el partido más votado porque su rostro desencajado sonaba a despedida. A ver cómo casa pedirle a las fuerzas constitucionalistas un gobierno de concentración contra Vox cuando en Madrid su partido gobierna con el apoyo de quienes querían tumbar la Constitución. 

Los dos candidatos del centro derecha aspiran a cortejar a Vox para cumplir su promesa de sacar a Susana Díaz de la Junta. Y Vox no es un partido cualquiera. Su discurso anti inmigración, anti feminista, anti autonómico y a ratos antieuropeo asemejan a esta nueva fuerza que emerge en España a la Agrupación Nacional francesa de la ultraderechista Marine Le Pen, que fue por cierto la primera en felicitar la victoria de Vox.

“No tenemos ningún miedo a la extrema derecha”, dijo Pablo Iglesias desde Madrid como reacción contra los “posfranquistas sin complejos”. No parece entender el líder de Podemos que demonizar a la nueva formación antisistema de moda, le da más votos a Vox de los que les quita. Y algunos de esos votos llegan desde Podemos. Adelante Andalucía, con Teresa Rodríguez al frente, ha perdido tres escaños desde los últimos comicios en 2015 en los que irrumpió en su primer parlamento regional.

Si como vaticinaba Sánchez, Andalucía es el espejo de España, cada vez nos parecemos más Europa. Pero a la de la Italia de Salvini y la Francia de Le Pen

Cuando se convocaron las elecciones andaluzas, Vox no tenía decidido ni si se presentaría. No ha tenido ni cuñas publicitarias ni cartelería. Y ha logrado consumar el desplome del bipartidismo que empezó en las andaluzas de 2015. Hace diez años, el PP y el PSOE sumaban el 87% de los votos. Tras el 2D tienen menos de la mitad del apoyo de los andaluces que han acudido a las urnas.

La noche electoral no deja claro quién gobernará Andalucía. Pero sí adelanta un nuevo mapa político en el que toca convivir con una ultraderecha que promete “la reconquista”. Si como vaticinaba Sánchez Andalucía es el espejo de España, cada vez nos parecemos más Europa. Pero a la Europa de la Italia de Salvini, la Francia de Le Pen y la Alemania de la AfP. En estos países, los partidos tradicionales todavía se resisten a pactar con los extremos, en España los corteja el bipartidismo. O lo que va quedando de él.