El presidente del Gobierno ha debido escuchar muchas, muchas veces a Camilo José Cela, autor de una frase célebre según la cual “el que resiste, gana”. Y en eso está un Pedro Sánchez que hizo en su comparecencia de ayer un retrato triunfante de sus siete meses al frente el Ejecutivo, del que dijo que en ese corto período había hecho más por la modernización de España que los siete años del gobierno del PP presidido por Mariano Rajoy. Es decir, que está encantado de haberse conocido y ni por asomo parece estar considerando la posibilidad de adelantar las elecciones.

Cuando se le pidieron precisiones sobre asuntos incómodos, Sánchez eludió olímpicamente las respuestas

Aunque en este punto cabe todavía alguna duda. Él dijo claramente que su voluntad es la de acabar a legislatura pero no quiso precisar, a pesar de que se le preguntó en todos los formatos posibles, que hará si sus Presupuestos no son finalmente aprobados. Como en casi todas las ocasiones en que se le pidieron precisiones sobre asuntos incómodos, Pedro Sánchez eludió olímpicamente las respuestas. En definitiva, lo único que dejó claro es que él iba a presentar las cuentas del Estado en el mes de enero y no aclaró nada más ni aceptó considerar ninguna hipótesis sobre el destino final de esas cuentas, a las que los independentistas catalanes ya han puesto precio: si el Gobierno acepta negociar o al menos hablar de sus exigencias de autodeterminación, entonces le apoyarían los Presupuestos. En caso contrario, no lo harán.

Y como es muy improbable que el presidente del Gobierno llegue tan lejos en sus cesiones a los de Puigdemont y Quim Torra, es de suponer que la propuesta presupuestaria gubernamental acabara estrellándose contra el voto negativo de la mayoría de la Cámara. Pero aún en ese caso, la impresión que Pedro Sánchez dio ayer es la de que tiene la intención de seguir ocupando el palacio de La Moncloa porque considera, lo repitió varias veces, que lo que está haciendo su Gobierno en España es una labor magnífica de modernización económica, de regeneración democrática, de fortalecimiento de la cohesión social y de redistribución del crecimiento. ¿Quién se atrevería a renunciar a semejantes avances sólo porque unos socios poco flexibles no le aprueben unos Presupuestos?

Fuera de eso, de que se mantiene la incógnita de si se va a sentir forzado a convocar elecciones anticipadas, aunque la cosa pinta a que no, por lo menos no hasta el mes de octubre o noviembre próximos, Pedro Sánchez se mantuvo incólume en sus viejos planteamientos, uno de los cuales es que él está aquí para proporcionar estabilidad al país, una estabilidad que cree sinceramente que ha proporcionado a los españoles y que no parece que considere seriamente alterada por el desafío de los secesionistas catalanes.

El asunto del documento con las 21 peticiones, o más bien exigencias, que Quim Torra desveló el pasado día 25 que le había entregado lo despachó con un simple “es un monólogo”, frase con la que se consideró eximido de dar una sola explicación más. Lo mismo hizo con la pregunta de si estaba dispuesto a volver a ser investido presidente con los votos de quienes tiene como objetivo político la ruptura de la unidad de España: se la quitó de encima sin entrar en ningún momento a examinarla en toda su profundidad, que era mucha. Y otro tanto hizo con la foto de Idoia Mendia, secretaria general del Partido Socialista del País Vasco en alegre compañía con Arnaldo Otegi, un hombre que sigue sin condenar la trayectoria criminal de la banda terrorista ETA y cuya publicación en el Diario Vasco ha motivado la ruptura de José María Múgica con su partido de toda la vida: “No ha lugar para la polémica”, dijo Sánchez y aquí se acabó para él el tema.

El presidente del Gobierno se comportó como un hombre inasequible al desaliento, encantado consigo mismo

En definitiva, el presidente del Gobierno se comportó como un hombre inasequible al desaliento, encantado consigo mismo, con  su Gobierno, con su gestión y al que los problemas le rebotan como si se estrellaran contra un muro. Aquí no pasa nada, vino a decir, salvo el problema de Cataluña, que obtuvo de él una y otra vez la misma respuesta, que a estas alturas es ya como no decir nada. La frase talismán de Sánchez es : “Dentro de la Constitución, todo; fuera de la Constitución y del Estatuto, nada”. Y no hubo más.

Unos pequeños dardos lanzados contra Albert Rivera, el líder de Ciudadanos, al que el PSOE va a golpear donde más la duele, en su acercamiento inevitable a Vox, de cuyos votos depende la constitución del nuevo gobierno andaluz, y una constante apelacíón a la moderación de su Gobierno dialogante frente a la crispación que adjudica desde el comienzo de su mandato al Partido Popular fueron las dos derivadas políticas de una comparecencia destinada a glosar las excelencias de su gestión y a ignorar o a solventar con una sola frase los innumerables problemas que acechan al país y, por lo tanto, a su Gobierno.

Ése era el objetivo de su comparecencia y seguro que lo cumplió a su propia satisfacción. Otra cosa es que haya satisfecho a los periodistas que intentaron indagar, sin éxito alguno, en las intenciones reales de Pedro Sánchez ante todas las incógnitas que España tiene pendientes.