Habrá más vicepresidentes que indios y más Gobierno que gobernanza. Se trata de multiplicarlo todo, los asientos con letra dorada, las mujeres con poder astracanado, la progresía con sus banderines de progresía y la comarca de Podemos con sitio suficiente para sus sectas y sus juegos de las sillas. 20 ministerios, cuatro vicepresidencias, el senado galáctico para la España de las ocho o nueve naciones, de los miles de colectivos voraces, de los otros miles de problemas de moda, de todos los asuntos que ya tienen día de la ONU, oenegé dedicada, telemaratón programado, carrera solidaria o canción de Disney o de La Polla Récords. Un pedazo de Gobierno, en fin, que no sabremos si tendrá astronauta o estrellita, si será ministro Wyoming o Évole, pero que naturalmente estará pensado como un mueble bar de abuela, para apabullar, para rellenar, para abombar la casa como una casa de Gaudí y para repartir la familia entre cacerías de platos y una herencia falsa de marcos de fotos como lingotes de plata.

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