¿Puede China reescribir la crisis del coronavirus? Después de todo lo que sabemos, con casi 270.000 muertos en el mundo hasta ahora (más de la mitad, en Europa) y cerca ya de los cuatro millones de infectados. La respuesta es evidente: no, no puede. El Gobierno de Pekín tiene que enfrentarse a las consecuencias del virus originado en Wuhan, y debe responsabilizarse de la opacidad de su comportamiento y de sus actos. 

Desde el inicio de la pandemia, China dificultó con sus acciones la gestión de la crisis a nivel global. Lejos de un manejo transparente de la información y eludiendo sus responsabilidades, Pekín trató de ocultar el brote del virus, cambió la explicación de lo ocurrido en diversas ocasiones e incluso intentó trasladar la responsabilidad a EEUU, acrecentando la tensión ya existente entre los dos países. En sus últimas intervenciones ha tratado de influir en la actitud y opinión de distintos gobiernos europeos y de la propia Unión. 

Pues bien, la UE no puede permitirlo.

La Unión Europea y quien dirige su Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), Josep Borrell, han cometido errores que no pueden volver a repetirse. El diplomático ha sido ingenuo –él mismo lo ha admitido— en sus tratos con Pekín.

China emplea estrategias agresivas (amenazando con sanciones comerciales) e intenta influir en la opinión pública de países como Italia

China ha hecho lo contrario: en lugar de desarrollar una actitud diplomática hacia sus socios europeos, emplea estrategias agresivas (amenazando, por ejemplo, con sanciones comerciales a países como Suecia) e intenta influir en la opinión pública de países como Italia (y lo está consiguiendo…).

El pasado 24 de abril, el SEAE publicaba, de forma tardía, un informe sobre desinformación en el que determinaba que existen pruebas significativas de que China ha creado y difundido información falsa sobre el coronavirus. La publicación aplazada y su modificación respecto a una versión inicial desencadenaron una fuerte polémica.

Diversos medios, como The New York Times y The Washington Post, atribuyeron a presiones de Pekín el hecho de que el informe se publicara más tarde de lo previsto y con un contenido suavizado, diluyendo las responsabilidades chinas. 

Ante la gravedad de una posible injerencia en la soberanía europea, un grupo de europarlamentarios pedimos a Josep Borrell que diera explicaciones en sede parlamentaria. Borrell admitió el 30 de abril que China había “expresado sus preocupaciones” sobre el informe, si bien negó rotundamente que Pekín le hubiera obligado a suavizar el contenido. Borrell insistió en que no se aceptó “ninguna presión para crear una publicación que fuera sesgada”.

Y mientras, el frente de las dos grandes potencias mundiales experimenta una tensión aún mayor. La guerra comercial originada entre EE UU y China en 2018 con la amenaza de imposiciones arancelarias por parte del presidente Trump, que parecía entrar en un periodo de deshielo, se ha intensificado con la crisis del COVID-19. Ambas potencias están ahora enfrentadas política y diplomáticamente, intercambiado acusaciones sobre el origen de la pandemia.

Washington estudia presentar demandas millonarias contra China, e incluso suspender el pago de deuda. Mientras tanto, el contraataque de Pekín pasa por la difusión de información falsa mediante sus webs propagandísticas, acusando a EE UU de haber expandido los contagios; se ha endurecido la censura de las redes sociales y se ha expulsado de territorio chino a corresponsales del Post, el Times y el Wall Street Journal.

Si bien Pekín es un socio comercial de enorme importancia, Bruselas debe jugar un papel más asertivo y repensar sus estrategias

La UE, atenta a este empeoramiento de las relaciones entre Washington y Pekín, no puede por su parte doblegarse en un escenario de intento de evasión de responsabilidades en la terrible crisis sanitaria y económica que está desencadenando el coronavirus, con todas las derivadas que puede haber en los próximos meses. Si bien Pekín es un socio comercial de enorme importancia, Bruselas debe jugar un papel más asertivo y repensar sus estrategias en todos los sentidos.

El diálogo, la cooperación y la transparencia son indispensables y forman parte de la manera europea de hacer las cosas, pero no podemos olvidar que China es un rival de la Unión y que su actuación en esta crisis demanda a partir de ahora una actitud mucho más firme y exigente de los europeos en todos los ámbitos.


Adrián Vázquez Lázara es eurodiputado de Ciudadanos.