“No hagáis caso a las encuestas. Vamos a ganar, y vamos a hacerlo por más de lo que lo logramos hace cuatro años”. Como en 2016, Donald Trump repetía estas palabras mientras recorría los estados en liza: Florida, Carolina del Norte, Georgia, Arizona y el Rust Belt (Ohio, Michigan, Pennsylvania y Wisconsin).

Mientras el presidente hacía campaña en estos territorios, todas las encuestas (Emerson, Economist/YouGov, IBD/TIPP, Reuters/Ipsos, CNN, JTN/RMG Research y CNBC) menos una (Rasmussen Reports) aseguraban una victoria fácil para Joe Biden. Rasmussen indicaba que Trump ganaría con un 1% a nivel nacional. El presidente lo tenía complicadísimo. 

El aumento de la participación, además, auguraba aún más votos para los demócratas. ¿Quiénes si no se iban a movilizar contra el malvado Trump? Eso indicaban al menos la gran mayoría de medios, no sólo estadounidenses, sino mundiales, basándose en las encuestas y en su verdad de pensar que Trump era mal presidente y sus votantes habrían visto la luz por fin.

Se olvida que la ciudadanía decide, y elige, racional o emocionalmente, pero elige"

Y ese, como lo fue en 2016, ha sido el gran error. Antoni Gutiérrez-Rubí siempre dice que no se puede gobernar una sociedad que no se entiende. Yo añado: y tampoco intentar gobernarla. Porque se olvida que la ciudadanía decide, y elige, racional o emocionalmente, pero elige. Y que lo que para los medios de Estados Unidos (escritos desde grandes ciudades de amplia mayoría demócrata) es obvio, puede no serlo para todos los estadounidenses. 

Porque lo que para los medios puede ser una clara mala gestión sanitaria que pasará factura al presidente, para muchos votantes -incluso aunque compartan esa opinión-, puede ser más importante que la economía haya mejorado (o que piensen que con Trump saldrán antes de la crisis).

Y esa decisión, sea racional o emocional, es totalmente lícita, pero fue ignorada por las encuestas, pese a haber indicios interesantes.

Precisamente, una encuesta de Gallup de hace menos de un mes hacía la famosa pregunta de Ronald Reagan: «¿Diría que usted y su familia están mejor ahora que hace cuatro años, o están peor ahora?». La friolera de un 55% dijo que sí, que están mejor ahora. Y es una cifra impresionante porque ningún otro presidente (ni siquiera Reagan) llegó a esa valoración. Muchos votantes de Trump han priorizado la economía, pero ninguna encuesta lo dio relevancia.  

Tampoco se previó que la polarización que ha azuzado Trump (pero no solo él) ha conseguido movilizar no solo a los demócratas, sino también a republicanos que no estaban de acuerdo en el consenso mundial de que Trump debía perder. Y se han movilizado.

Han sido las elecciones con la mayor movilización de la historia, con 239 millones de votos (100 millones de ellos por anticipado). Y es probable que el voto anticipado pueda dar finalmente la victoria a Biden, sí, pero desde luego, el voto en las urnas ha mostrado que Trump no sólo ha mantenido apoyos, sino que ha logrado más.

El voto en las urnas revela que Trump no está solo, sino que tiene mucho votante fiel y mucho votante nuevo"

También revela que Trump no está solo, sino que tiene mucho votante fiel y mucho votante nuevo. En 2016, Trump ganó por muy poco: Wisconsin, por 27.257 votos; Pennsylvania, por 68.236 votos; y Michigan, por 11.612 votos. Lo improbable (que ganara Trump en todos estos estados) le dio la victoria hace cuatro años.

Increíblemente, cuatro años después -y pese a lo que indicaban las encuestas (Biden ganaba en Pennsylvania (+3,8%), Michigan (+8,6%), Wisconsin (+6,4%)), el rust belt seguirá teniendo la clave.

Y mucha de su ciudadanía, gane o pierda Biden al final del recuento que puede llevar días, ya ha mostrado que Trump es su presidente. Y esa, a estas alturas del día, y cuando aún no ha finalizado el recuento, ya es una gran victoria del presidente.


Xavier Peytibi es consultor de comunicación política en Ideograma y autor de Seis historias que explican la victoria de Donald Trump (Beers & Politics).