El pasado jueves Santiago Abascal se fotografió en Budapest junto al primer ministro húngaro Viktor Orban. El viernes, el líder de Vox se reunió con el jefe del partido Ley y Justicia, Jaroslaw Kaczynski en Varsovia. Orban y Kaczynski son dos iconos del populismo europeo de derechas que ha logrado alcanzar el gobierno y que se caracteriza por su ultranacionalismo, su aversión a la inmigración y su menosprecio por las reglas del estado de Derecho.

Cada uno se fotografía con quien le da la gana. Pero es obvio que las imágenes marcan. Uno es esclavo de sus compañías. Al fin y al cabo, como dice el refrán, «dime con quién andas y te diré quién eres».

El miércoles, tras conocerse el demoledor informe del Tribunal Supremo sobre los indultos a los condenados del procés, el PP salió en tromba contra la decisión que parece ya tomada por el presidente del Gobierno de excarcelarles. Pero Pablo Casado se cuidó mucho de marcar una línea roja: «No habrá foto de Colón», dijo a un grupo de periodistas. La llamada «foto de Colón» se produjo al concluir la manifestación que PP, Ciudadanos y Vox convocaron en febrero de 2019 contra la creación de una mesa de diálogo en pie de igualdad entre el Gobierno y la Generalitat para abordar el «problema político de Cataluña».

También el pasado miércoles, Vox anunció que movilizaría a los ciudadanos contra los indultos. Ante la pregunta de un periodista sobre la posición del PP de no acudir a manifestaciones conjuntas, Iván Espinosa de los Monteros se permitió bromear: «El PP no tiene capacidad de movilización. Además, los líderes del PP los domingos por la mañana los dedican a jugar al golf».

Así estaban las cosas cuando el viernes la plataforma Union 78 (liderada por Rosa Díez y el filósofo Fernando Savater) anunció una concentración en protesta contra los indultos para el domingo 13 de junio ¡en la plaza de Colón!

Vox no lo dudó un minuto y se adhirió. Ciudadanos, también. El PP terminó por apoyar la convocatoria, un poco con la boca pequeña y al mismo tiempo que, desde Génova, se enviaba el mensaje de que Casado trataría de evitar otra «foto de Colón».

Después del artículo publicado por la ex portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, en El Mundo, Casado no tenía más remedio que dar su brazo a torcer. Si no lo hacía, se arriesgaba a que muchos militantes de su partido participasen en la manifestación, bajo las banderas de Vox, y contra el deseo de su líder.

Un apunte más para entender ese cambio. Tanto la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, como el Alcalde, José Luis Martínez-Almeida, eran partidarios de apoyar la convocatoria. La victoria de Díaz Ayuso el 4 de mayo ha demostrado que una mayoría de madrileños está contra el Gobierno de Sánchez y no entendería que el partido al que votaron hace menos de un mes masivamente no respaldase una movilización que creen sobradamente justificada.

No sabemos cómo va a evitar Casado otra foto de Colón. Si el domingo 13 de junio no aparece por la simbólica plaza el votante de derechas lo interpretará como una cesión ante la presión de la izquierda y sus medios afines. Así que, tenemos ahora al líder del PP ante la decisión de si hacerse o no la foto.

Para un verdadero líder los complejos nunca pueden tener más peso que los principios

El gobierno de Sánchez y Podemos agitaron durante meses la foto de Colón como la demostración de que la derecha y la extrema derecha caminan juntas en España y que sólo las diferencian pequeños matices.

No hay más que leer los artículos o escuchar las opiniones de los periodistas afines a la izquierda para comprobar que la maquinaria ya se ha vuelto a poner en marcha.

Lo que tiene que medir Casado es qué es mejor para los intereses de España: no ir a la manifestación por el qué dirán; o acudir a ella porque, pese al riesgo de deterioro de su imagen, es más importante lo que está en juego.

En mi opinión no hay duda. Para un verdadero líder, los complejos no pueden nunca tener mayor peso que los principios.

La izquierda nunca ha sido tan remilgosa a la hora tomar decisiones: siempre lo hace en función de sus intereses ¿Recuerdan el pacto RibbentropMolotov, ministros de Exteriores de la Alemania nazi y la URSS de Stalin, firmado justo unos meses después de concluida la guerra civil en España? ¿Qué debieron pensar los derrotados republicanos españoles que tanto confiaron en la ayuda de Moscú? La explicación del Partido Comunista fue tan explícita como clarificadora: lo prioritario era salvar el gobierno proletario de la Unión Soviética, aunque para ello fuera preciso pactar con el diablo.

Coincido en muy pocas cosas con Vox, pero mis diferencias abismales con los planteamientos del partido de Abascal no me impiden apoyar la convocatoria de Díez y Savater. Hoy por hoy, es más importante evitar el oprobio que implica la cesión ante el independentismo que la alergia que muchos sentimos ante el populismo.