La mala gestión del gobierno chileno durante las protestas estudiantiles por la subida del precio del metro de Santiago desembocó en una serie de protestas de gran envergadura llamadas el Estallido Social. Estas protestas cada vez fueron mayores y por todas las partes del país, teniendo como consecuencia la reclamación de una nueva Constitución Política que dejase atrás la actual, redactada durante la dictadura de la Junta Militar. La crisis social, mezclada con la institucional, tuvieron como respuesta que el pueblo chileno votase en plebiscito redactar un nuevo texto constitucional, y que éste fuese redactado por personas electas. Empezarán su tarea este domingo 4 de julio.

Esto es un hecho único, pues las Constituciones Políticas son escritas por comités de expertos, juntas nominadas por el presidente de carácter constituyente o gabinetes de personas nominadas por cada partido. Pero nunca una asamblea de representantes electos había redactado un proyecto constitucional, hasta ahora. 

A lo largo de todo el proceso, desde su convocatoria hasta hoy, ya han surgido diferentes ideas que deberán ser debatidas en la Asamblea Constituyente. Del poder ejecutivo se quiere tratar si el sistema tiene que seguir siendo o no presidencialista como hasta ahora, o bien pasar a semipresidencialista.

Quieren abordar el retorno a la cámara única y debatir si pasar de un ‘Santiago es Chile’ a una descentralización o desconcentración real

Del poder legislativo quieren abordar el retorno a la cámara única, y suprimir el Senado, que se creó y estableció para dificultar el proceso legislativo. Y del poder judicial se plantean la supresión del Tribunal Constitucional para derivarlo todo a la Corte Suprema de Chile. También quieren debatir sobre el modelo territorial, si pasar de un «Santiago es Chile» a una descentralización o desconcentración real. 

Durante el debate constitucional chileno es posible que surja el debate sobre si la administración debe ser descentralizada o desconcentrada. La diferencia entre ambas está en que en la descentralización el poder del Estado recae en la administración de un territorio concreto; mientras que en el segundo caso, el poder del Estado está en ese mismo territorio, no hay administración sucursalista, es Estado.

La cuestión social tampoco queda atrás, actualmente Chile es un Estado social y subsidiario, no un Estado del Bienestar, aunque dependiendo de cómo se interprete la Constitución Política actual se puede intervenir en casi todo, pero no es el caso. La política actual de no intervenir salvo donde el mercado no llegue, tradición de los Chicago Boys, sigue aún hoy día.

Y, por último, dentro del aspecto de las políticas sociales, la cuestión de los pueblos originarios. Hay facciones que quieren proteger los derechos de los pueblos originarios y que ello se vea reflejado en la Constitución Política. Incluso tratar de constituir un Estado plurinacional, como lo son Bolivia, Perú o Ecuador.

Es cierto que, durante los últimos días del segundo período de Michelle Bachelet, en 2018, existió un proyecto de un nuevo texto constitucional que ya recogía parte de las reformas sociales que ahora se quieren incluir en esta nueva Constitución. Pero no prosperó y se abandonó el debate, hasta que se produce el llamado Estallido Social. Hay que destacar que no hay continuidad entre el proyecto Bachelet y el actual, pues el actual surge de la necesidad de redactar desde cero una nueva Constitución Política, y no de corregir la actual

El proceso constituyente chileno abre las puertas a plantear una reforma integral del Estado para salvaguardar las instituciones políticas donde éstas recuperen la legitimidad y el prestigio social

Así pues, el proceso constituyente chileno abre las puertas a plantear una reforma integral del Estado para salvaguardar las instituciones políticas, donde éstas recuperen la legitimidad y el prestigio social. Y al mismo tiempo que todo el Estado quede vinculado a la voluntad popular, primero el de los cargos electos nombrados durante las elecciones constituyentes, y segundo porque dentro de nueve meses el nuevo texto constitucional se tiene que presentar a plebiscito nacional. Será entonces cuando se establecerá un nuevo calendario de implantación de las reformas. 

Aunque será el domingo 4 de julio cuando se inaugurará el proceso de redacción de la nueva Constitución Política, paralelo a ello habrá que estar atento a las votaciones primarias presidenciales de Apruebo Dignidad, donde está el Partido Comunista de Daniel Jadue, a las de Chile Vamos, donde está la UDI de Joaquín Lavín, y a Renovación Nacional de Mario Desbordes, del 18 de julio, sin olvidar las elecciones presidenciales del 21 de noviembre, cuya segunda vuelta tendrá lugar el 19 de diciembre de este año también.

Coinciden a mitad del período de redacción constitucional, cuyas encuestas plantean un triple empate entre el candidato comunista, el de la UDI y la de la Democracia Cristiana.

Empiezan unos meses políticos trepidantes este julio en Chile. Los comunistas pueden volver a La Moneda, que no ganan desde los tiempos de Salvador Allende, y la nueva Constitución Política, si es aprobada, puede marcar un referente histórico y un precedente para muchos países cuyas instituciones flaquean. Veremos que lecciones podremos aprender de Chile.


Guillem Pursals es politólogo, Máster en Seguridad, especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.