A partir de ahora, y tanto más cuanto más se acerque la fecha del comienzo del reparto de los fondos europeos, en el seno del Gobierno se va a librar una batalla a cara de perro entre los ministros del sector morado de la coalición y los del bloque socialista a cuenta de los impuestos. Y no sólo a propósito de los tipos mínimos que se vayan a implantar en cada uno de ellos sino también del momento en que esas decisiones deben ser tomadas y comunicadas a la población.

Ni qué decir tiene que Podemos tiene prisa por situar cuanto antes a las grandes empresas del país en la senda del 15% en el impuesto de Sociedades que incluso la OCDE ha recomendado a España. Pero junto a esa recomendación, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos dice también al Gobierno español que no implemente esa clase de medidas hasta que la recuperación del país no esté firmemente consolidada.

Ahí es hacia donde parece apuntar el presidente Pedro Sánchez y sus ministras económicas socialistas. Pero enfrente tiene a una Yolanda Díaz cada vez más consolidada en su puesto y que, además de encabezar las negociaciones con los agentes sociales y cerrar un pacto detrás de otro con ellos, tiene también una agenda política propia aunque ella procure no plantearla como un desafío al estilo Pablo Iglesias.

Y en esa agenda está incluido el propósito de que la autoría del incremento del impuesto de Sociedades que se incluya dentro de la reforma fiscal le sea adjudicada a Podemos. Por eso no quieren esperar más y no están dispuestos a que el comité de expertos -estos existen de verdad- encargado de revisar el sistema impositivo español en su conjunto acabe de cerrar su estudio y se conozcan su diagnóstico y sus propuestas de mejora, todo lo cual no estará listo antes del próximo mes de febrero.

Podemos tiene argumentos sobrados para urgir a Pedro Sánchez a avanzar en este aspecto»

«¿Tan largo me lo fiáis?», dijo Don Juan Tenorio a Don Pedro. Y eso mismo se están planteando desde Podemos, porque es evidente que no han tenido suficiente con derrotar la la vicepresidenta primera Carmen Calvo con los dos proyectos de ley salidos de la factoría de la ministra de Igualdad, Irene Montero. Esas dos leyes aunque sin duda serán modificadas durante su tramitación parlamentaria, afectan a la agenda social de este Gobierno de coalición y llevan el sello del partido morado después de una larga batalla. Pero no bastan para calmar la necesidad de Podemos de dejar claro su sello en la gestión gubernamental.

Pronto llegarán los fondos europeos y Podemos quiere tener listo para entonces por lo menos el nuevo ajuste del Impuesto de Sociedades y un capítulo en el que queden establecidas las sanciones a las grandes empresas que incurran en morosidad manifiesta en el pago de sus compromisos con las pymes y los autónomos, un empeño en el que estuvo también el gobierno de Mariano Rajoy pero que no llegó a concretarse.

Podemos tiene argumentos sobrados para urgir a Pedro Sánchez a avanzar en este aspecto de modo que esté listo para aplicarse en un momento en que las grandes corporaciones se van a ver especialmente beneficiadas de las ayudas europeas.

Pero Pedro Sánchez tiene una agenda más complicada que la puramente económica y ahora mismo, cuando su apuesta favorecedora de los intereses de los independentistas discurre por un camino lleno de peligros, no le conviene en absoluto enajenarse el apoyo a su política ya expresado explícitamente por la patronal, interesada a su vez en tener estrechas relaciones con el Gobierno, cuyo presidente va a decidir cuánto dinero se concede y a quién de esos 70.000 millones de euros que llegarán a sus manos para que los distribuya según su leal criterio.

Ahora pueden contar con el respaldo de la nueva patronal dizque «progresista» de las pequeñas y medianas empresas, Conpymes»

El presidente no tiene en estos momentos ninguna prisa, por lo tanto, por sacar adelante esa reforma fiscal. Por eso vamos a asistir a un largo tira y afloja dentro del Gobierno cuyo final no es fácil de predecir. Puede que la vicepresidenta segunda se aquiete a final pero eso es poco probable porque en el seno de Podemos está creciendo la inquietud sobre el papel secundario que sienten que les adjudica su socio socialista.

Y ahora pueden contar con el respaldo de la nueva patronal dizque «progresista» de las pequeñas y medianas empresas, Conpymes, en cuyo bautizo ofició de sacerdotisa la propia vicepresidenta segunda Yolanda Díaz con la inexplicable presencia de Begoña Gómez, la mujer del presidente, que no pintaba nada en aquella presentación.

Con todo esto, la batalla de los impuestos está garantizada y no solamente porque la presidenta de la Comunidad de Madrid está dispuesta a plantar cara a las pretensiones del Gobierno -y de ERC- de obligarle a subir los que son de exclusivo ámbito autonómico, sino porque Podemos parece no estar dispuesto a que ese campo, tan decisivo para el partido, acabe quedando libre de su impronta y de su influencia por culpa de las necesidades políticas de Pedro Sánchez.

Nueva guerra interna habemus.