El 90 % de los españoles no ha tenido en la mano un billete de 200 o de 500 euros el último año, y esto sí que hace patria o matria, esto sí que es España, un lugar en el que los billetes parecen pollos de Carpanta. Con lo de la matria, que apoya hasta Tezanos, gran abrazador de Sánchez, esto no parece ya importante, claro. El Gobierno está consagrado a hacer de la nueva España una vieja señorita de la Cruz Roja, con cofia y capita, o una vieja partera de pueblo, lo más feminista ahora, y es lógico que no preste atención a que a la gente se le está olvidando el tacto del dinero como si fuera encaje antiguo. También hemos sabido que más de dos millones de españoles no pueden comer carne o pescado tres veces por semana. Yo creo que les ha convencido Garzón, o que prefieren comerse las sonrisas de la ministra Darias, que son como de globo y casi parecen salchichas.

La carne es asquerosa y criminal, y el papel moneda es feo aunque necesario, como el papel del váter, así que dedicarse a sentimientos de mecedora que sustituyen a la teoría política y a la gobernanza es mucho más hermoso. Además, también es mucho más urgente. Por ejemplo, el Gobierno no sabe qué es Cuba, o lo sabe pero no puede decirlo por razones diplomáticas, según nos ha explicado Isabel Rodríguez, que habla como una equilibrista con sombrillita, entre la gracilidad y el abismo. No hay urgencia en que nuestro Gobierno se decida sobre si Cuba es dictadura o sólo es una no‑democracia, como un no‑muerto, cuando unos socios admiran el castrismo y otros tampoco están muy interesados, por la parte que les toca, en esas sutiles diferencias. En cambio, nuestro Gobierno sí tiene muy claro qué le conviene que sea España: una especie de regazo lleno de migas para los nacionalistas pajariles, se llame matria o se llame lo de siempre.

La matria viene para justificar o salvar al Gobierno, como una Virgen que salva la cosecha con lluvia y sobre todo con fe, que casi es más importante. Lo de la matria no es algo tan sentimental ni vaporoso como parece, más cuando ya la vende Tezanos, que es sobre todo un vendedor, no ya de aire sino de los que te venden un terrenito en la luna. No, no es que el Gobierno haya descuidado lo material, que esté espiritual, budista o sandalio, como se ponía Zapatero. No es que desprecie el monederito del español, que parece que sólo tiene esas pesetas del abuelo, como botones; ese español que mira un billete gordo como si fuera un Velázquez. No es que menosprecie la comida del español, hecha de altares al chóped y a la salchichita con bordes cobrizos, como un altar ortodoxo. Ni siquiera es que olvide al bicho, que sigue comiéndole al español la salud y el negocio como la piedra de arrecife de los chiringuitos. No, lo que uno quiere decir es que todo esto de la matria, o sea cómo acoger a los indepes y nacionalistas cariñosamente, es para los interesados verdadero dinero, verdadero alimento, verdadera salud y verdadero negocio.

El bicho vuelve, otra vez, y Sánchez, otra vez, desaparece, no quiere dedicarle ni treinta segundos, o sea un Biden, esa unidad de brevedad e insignificancia

La gente no ve billetazos ni en sueños, donde quizá los confundiría con alfombras voladoras, ni en la realidad, donde los confundiría con moneda como norcoreana o algo así. La gente no puede comer carne ni pescado, no porque piense en el Capitán Planeta sino en su bolsillo arrasado por los huracanes. El bicho vuelve, otra vez, y Sánchez, otra vez, desaparece, no quiere dedicarle ni treinta segundos, o sea un Biden, esa unidad de brevedad e insignificancia. En nada de esto parece estar el Gobierno, que anda metido en cuevas uterinas y política de marmitón, redefiniendo España como si volviera a desollar y a extender la piel de toro de la primera página de los libros de historia.

Los billetes, a quién le importan los billetes, el taco con una gomilla como con vitola o con divisa taurina, ahora que se paga con plástico o se paga con un zumbido. Nada, exageraciones. Los billetes de 500 son cosa de rusos y los de 200 son cosa de marisquería. Y la carne y el pescado en realidad son de pobres, son los pobres los que los comen, porque la verdadera clase alta, galapagareña, pija, sólo se hace cositas détox y cucadas veganas. Yo diría que matria tiene nombre de restaurante vegano, con moda de pollo de plantas (algo que realmente existe). Sí, sólo exageraciones.

El Gobierno está a lo que está no por sentimentalidad ni por faquirismo, sino por una pura cuestión de prioridades. La prioridad, claro, es Sánchez. La matria es Sánchez, acogiendo amorosamente a sus socios en su capa de mago o en su falda de tata. Ya, después, lo que queda por ahí es apenas gente que no sabe a qué huelen los billetes, como no sabe a qué huele una guantera de Porsche, ni sabe a qué huele el cordero, como si sólo pudiera olerlo Jehová. El lejano dinero que no tocamos, como un arpa; la lejana carne que no probamos, como un pubis… Tampoco es tanta desgracia ni tanta urgencia, cuando están los nacionalistas pidiendo pela y amor.