Cuando Pedro Sánchez cierre hoy el 40º Congreso del PSOE lo hará plenamente satisfecho porque habrá conseguido plenamente el objetivo que perseguía: unir a todo el partido en torno a su figura, incluso a su proyecto por más que éste esté profundamente condicionado por sus socios de Gobierno y también por los de su investidura.

Pero eso importa, o al menos no importa por el momento. La imagen de unidad llegó ayer hasta el punto de ni siquiera someter a votación el informe de gestión que presentó Santos Cerdán, confirmado ayer como secretario de Organización del Partido Socialista y que asumió el cargo en julio cuando José Luis Ábalos fue expulsado del Gobierno y también de sus responsabilidades orgánicas en el PSOE.

El favor que Felipe González ha hecho a Pedro Sánchez acudiendo a este 40º Congreso, cosa que no hizo en el 39º, ha sido de enorme trascendencia

Es que nadie pidió la palabra para intervenir en una reunión que tradicionalmente había sido objeto de intervenciones críticas y por lo menos de un cierto nivel de debate. En vista de eso, la Mesa decidió que la votación estaba de más puesto que la gestión de estos últimos años se había demostrado “impecable”, según declaró el propio Cerdán, quien previamente había dejado escrito el siguiente twit: “Somos un partido en perfecto estado de revista, preparado para los desafíos del futuro”.

De modo que este 40º Congreso del PSOE no sólo está siendo el de la unidad sino también y sobre todo, el de la unanimidad. Es que nadie, o casi nadie, ha rechistado aquí. Y eso ha sido así también en las comisiones en las que se discuten las ponencias, donde no hubo los tradicionales encontronazos entre las distintas posturas dentro del partido. No, el debate ha estado completamente ausente de este Congreso, tal y como le gusta a Sánchez que se desenvuelvan las cosas dentro de la formación que él encabeza.

Este PSOE es otro PSOE, muy distinto del que quienes tenemos una edad hemos conocido. Pero, considerando los objetivos perseguidos por Pedro Sánchez, eso supone todo un éxito que se le debe atribuir a él fundamentalmente y al nuevo equipo que ahormó el pasado mes de julio.

Con una excepción bien interesante -el «casi» del que hablaba en el párrafo anterior- y no sólo porque es la única ocasión en que alguien se rebeló públicamente sino porque la rebeldía ha estado protagonizada por las mujeres socialistas. Las feministas del PSOE han presentado numerosas enmiendas para intentar conseguir que el 40º Congreso exprese su oposición a la Ley Trans presentado por la ministra de Igualdad, Irene Montero, de Podemos, y cuyo anteproyecto ya ha sido aprobado por  el Gobierno. 

“Para seguir siendo como partido un instrumento útil para el avance de los  derechos de las mujeres es esencial que el PSOE se aleje de un mal entendido feminismo”, sostienen en un comunicado las autoras de las enmiendas presentadas en la comisión de Igualdad, donde también se ha aprobado una enmienda por la que el partido pide que el Gobierno presente antes de que acabe la legislatura una ley de abolición de la prostitución.

Por lo demás, el favor que Felipe González ha hecho a Pedro Sánchez acudiendo a este 40º Congreso, cosa que no hizo en el 39º, ha sido de extraordinaria trascendencia. Nadie ignora el profundo grado de desacuerdo del antiguo líder del PSOE con los pactos cerrados por el actual presidente del Gobierno con sus socios en el Ejecutivo y con sus socios de coalición y la consiguiente deriva de su acción política.

A pesar de eso, González se ha presentado en Valencia y se ha fundido en un fuerte abrazo con su sucesor en la secretaría general de su partido, que veía así como su objetivo de presentar públicamente un PSOE unido, sin una sola fisura, se culminaba de la mejor manera a la que hubiera querido aspirar.

Eso no fue obstáculo para que Felipe González le pusiera a Sánchez unos cuantos deberes, entre otros uno que se daba de bofetadas con lo que estaba sucediendo en el desarrollo del propio Congreso: que estimulara “la libertad de expresarse críticamente, la libertad de opinar y la responsabilidad de pensar lo que se dice cuando se habla”.

Justamente lo que no ha habido en este Congreso y lo que el actual secretario general no está dispuesto a tolerar dentro del partido que él encabeza. Así que no va a hacerle el menor caso. Pero la advertencia de González queda ahí. para el futuro.

Fueron inevitables, viniendo de él, el ataque al PP por intentar revertir la ley que él modificó en 1985 para que fuera el Parlamento quien eligiera a los 12 vocales del Consejo del Poder Judicial y también el desdén que exhibió frente a Pablo Iglesias, autor de la expresión despectiva de la España constitucional como “el régimen del 78”. 

Pero esas fueron las únicas aristas reseñables de un gesto sumamente generoso por parte del patriarca socialista que ha permitido así a Sánchez vender al mundo que su partido está unido como un solo hombre -y una sola mujer- en torno a su persona y a su proyecto, que consiste fundamentalmente en prepararse para ganar las siguientes elecciones.

Hoy, extraordinariamente satisfecho por el evidente éxito cosechado en este Congreso y desbordado de felicidad por lo conseguido, convocará a los suyos a trabajar para la victoria.

Con el cierre del Congreso del PSOE los dos partidos de gobierno, PP y PSOE, se exhiben ya preparados y en formación para la batalla. La larguísima campaña electoral empieza mañana.