La ex directora del CNI no ascendió en el escalafón trepando muros, pinchando teléfonos o infiltrándose en grupos terroristas. No es la versión femenina de 007. Ella es analista. Una muy buena analista, según la valoración de personas que han trabajado con Paz Esteban durante años.

A mí me gustaría saber cuál es su relato sobre lo acaecido en el CNI durante las últimas tres semanas. Cómo su mente analítica desgrana los acontecimientos desde que el 18 de abril la revista New Yorker destapó el espionaje a los teléfonos de más de 60 independentistas hasta el martes 10 de mayo, fecha en la que fue destituida por el presidente del Gobierno. Esteban no puede hablar, lo tiene prohibido. Un espía nunca deja de ser un espía. Pero eso seguro que no le impedirá escribir, aunque sólo sea para ordenar los hechos, la historia de su caída. Una historia que daría para una de las mejores series sobre el género.

A mi, que soy un fan de Le Carré y de las historias sobre grandes espías, Esteban me parece la principal victima de un entramado político del que todavía desconocemos muchas claves.

Pero hay cosas que sabemos y sobre las que sí podemos emitir un juicio. Empecemos por el final.

Ayer, Pedro Sánchez atribuyó la destitución (él lo llamó «relevo»: cuando no se utilizan los términos adecuados es que se quiere ocultar algo) de la directora del CNI al «fallo de seguridad» en las comunicaciones del Gobierno. En pocas palabras, el presidente ha hecho responsable a Esteban de que su teléfono, el de Margarita Robles y el del ministro del Interior, hayan sido hackeados sustrayendo una voluminosa información de los mismos, no sabemos si vital para la seguridad del Estado.

Respondía así Sánchez a la pregunta que de forma reiterada le hicieron los periodistas a la ministra de Defensa en su comparecencia tras el Consejo de Ministros del pasado martes y que ella no quiso responder: ¿Por qué se ha destituido a la directora del CNI? Robles se refugió en otro término engañoso: «sustitución». La ministra de Defensa y jefa directa de Esteban tampoco dijo la verdad.

Hasta ese momento, Robles había mantenido que la responsabilidad de las comunicaciones del presidente con sus ministros «no es del CNI», sino de otros organismos, refiriéndose a la secretaría general de la Presidencia del Gobierno. «Lo que es inadmisible es que, con la finalidad de tapar otras cosas, se siembren dudas sobre funcionarios que actúan con arreglo a la ley y que llevan mucho tiempo defendiendo los derechos y libertades». Esta es una declaración de la propia ministra de Defensa antes, claro, de la penosa rueda de prensa del martes.

Si la directora del CNI ha sido cesada por el pinchazo al presidente del Gobierno y a los ministros de Defensa e Interior, ¿por qué no se anunció su destitución el mismo día que Bolaños reveló esos hackeos en una insólita rueda de prensa?

Lo más relevante de esas afirmaciones en defensa de la honorabilidad y de la competencia profesional de Esteban es que se produjeron tras la rueda de prensa del 2 de mayo en la que el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, informó de que los teléfonos del presidente y de ella misma habían sido espiados durante los meses de mayo y junio de 2020, justo en plena polémica por el supuesto espionaje del CNI a algunos líderes independentistas entre los que figura el actual presidente de la Generalitat, Pere Aragonés.

El presidente ha mentido obscenamente al justificar la salida de la directora del CNI por los «fallos de seguridad» que permitieron el pinchazo de su teléfono y el de otros dos ministros. De ser esa la causa real, en la misma rueda de prensa en la que Bolaños informó -de manera insólita- del hackeo de los teléfonos ya aludido se debería haber anunciado la destitución de la directora del CNI. Si la causa de la destitución fue la negligencia a la hora de proteger los móviles nada menos que del presidente del Gobierno y dos de sus ministros, ¿por qué tardó ocho días en cesarla? ¿Por qué la forzó a acudir a la Comisión de Secretos si ya había decidido cortarle la cabeza? ¿Cómo la mantuvo en el cargo durante casi dos semanas si había perdido la confianza en ella?

Por su parte, Margarita Robles ha cedido ante la presión de Sánchez para ofrecer la cabeza de Esteban a ERC a cambio de nombrar para el cargo a una persona de su confianza, la secretaria de Estado Esperanza Casteleiro. Lo terrible para la moral de los integrantes del servicio secreto es que el premio a casi cuarenta años de servicio ha sido el sacrificio en aras del apoyo parlamentario al presidente de un partido a cuyos líderes ha espiado el propio CNI por actuar contra el Estado. El do ut des ha sido tan descarado que el mismo día en que se anunciaba la destitución de Esteban, Oriol Junqueras, líder de ERC, aparecía victorioso en la portada de El País con un mensaje tranquilizador para Sánchez: «Estamos aquí para ayudar si se asumen responsabilidades y no vuelve a ocurrir». Es casi una confesión.

La relación causa efecto entre la petición de responsabilidades de los independentistas y la caída de Esteban es de una evidencia aplastante. Sin embargo, la lógica del presidente de que la directora del CNI ha sido cesada por negligencia ofrece profundas lagunas. Por ejemplo, el Gobierno supo en junio de 2020 que el teléfono de la ex ministra de Exteriores, Arancha González Laya, había sido hackeado. ¿Por qué no se tomaron medidas entonces?

El cambio de posición de España respecto al Sahara pilló por sorpresa no sólo a la mayoría de los españoles, sino a la mayoría de los ministros del Gobierno. Laya fue «relevada» de su cargo en la crisis del pasado mes de julio en lo que todo el mundo interpretó como el precio que había que pagar ante Marruecos para recomponer unas relaciones que estaban rotas desde la llegada ilegal de del líder del Polisasio Brahim Ghali a España. Luego supimos que el precio era aún más elevado: ceder la soberanía sobre el Sahara.

Sabemos ahora que los teléfonos del presidente, de la ministra de Defensa y del ministro Grande Marlaska fueron hackeados en las mismas fechas, en el momento álgido de la crisis con Marruecos. ¿Ha pedido el ministro de Exteriores explicaciones a Marruecos sobre su posible responsabilidad en esos hackeos que han supuesto el robo de una voluminosa documentación? No.

Pero nadie parece preocuparse por ello. Sólo sabemos los gigas de lo hackeado, pero se desconoce la información que ha sido sustraída, se supone que por una potencia extranjera. No debemos especular, pero seguro que en la mente analítica de Esteban ese capítulo da para mucho.

Para concluir, la víctima de esta lamentable sucesión de mentiras no es sólo Esteban. Hasta ahora, Margarita Robles era una de las ministras mejor valoradas del Gobierno. Su buena valoración en distintas encuestas no sólo se debía a que los votantes socialistas la tienen por una persona con valores, con principios, sino porque muchos simpatizantes del PP, de Ciudadanos, e incluso de Vox la veían como la excepción por su defensa de España en un Gabinete sin perfil político y cuyos miembros se limitan a servir a los intereses del presidente. Eso ha dejado de ser así. Robles, para la derecha, y no sé si para una parte de la izquierda, se ha convertido en una marioneta más de la ambición sin límites del presidente.