Viernes 13. En Madrid hace una noche de verano. Pero apenas a 30 kilómetros del centro de la capital, en Torrelodones, la brisa permite respirar. Acaba de terminar su actuación Angélica de la Riva en el Teatro Bulevar de la localidad, lleno a reventar. La soprano, pese a las condiciones del local, demuestra sus extraordinarias dotes líricas.

Al concluir el espectáculo, Música Fieramente Humana, su pareja, Marcos de Quinto, ha invitado a un grupo de amigos a tomar un cóctel en su casa. Desde su enorme terraza se ve la gran ciudad a sus pies, llena de titilantes luces de colores.

Entre los invitados destacan algunos empresarios y financieros y, cómo no, militantes y ex militantes de Ciudadanos. En los corrillos se habla del escándalo del espionaje, de la destitución infame de la directora del CNI. Luís Garicano, eurodiputado de C’s y vicepresidente del grupo Renew Europe en el Parlamento Europeo, concluye que «este puede ser el punto de inflexión del sanchismo». En eso parece haber consenso.

Estamos a poco más de un mes de las elecciones andaluzas y por allí también anda Miguel Ángel Gutiérrez, el diputado madrileño que ha sido nombrado director de campaña de Juan Marín en la cita del 19-J. Difícil misión, casi suicida. Ciudadanos obtuvo 21 escaños hace cuatro años y ahora las encuestas le dan sólo uno. Si acaso.

Andalucía puede significar el punto y final para un partido que en abril de 2019 obtuvo más de cuatro millones de votos y 57 escaños. En apenas unos meses (los transcurridos hasta los comicios del 10 de noviembre de ese mismo año), la mayor parte de ese caudal político se esfumó, y, desde entonces, Ciudadanos no ha vuelto a levantar cabeza.

El gobierno andaluz es el último reducto de poder que le queda a Ciudadanos, donde Juan Marín, como vicepresidente, ha hecho una labor destacable. Inés Arrimadas, que asumió la titánica labor de sustituir a Albert Rivera al frente del partido tras el fiasco del 10-N de 2019, cree que, pase lo que pase en Andalucía, el partido seguirá adelante, hasta la convocatoria de las próximas elecciones generales, que todo apunta a que se celebrarán a finales de 2023, o todo lo que pueda aguantar Sánchez en Moncloa.

Pero esta noche casi de verano, lo que se respira entre los militantes y ex militantes de Ciudadanos es que la aventura está a punto de terminar. Le pregunto al ex secretario general, José Manuel Villegas, si no tiene nostalgia por volver al primer plano de la política y no duda ni un segundo: «Estamos en otra fase. Aquello acabó… para siempre».

Los votos de Ciudadanos se los va a llevar en masa el PP, aún sin necesidad de que Génova (Fran Hervías también anda por allí) siga impulsando una OPA hostil sobre los dirigentes del partido naranja. El centro derecha se recompone a toda prisa de la mano de un líder con empaque –Núñez Feijóo– que pretende hacer del PP la casa común de liberales y conservadores, hasta la frontera de Vox.

El 19-J puede significar el final de singladura para Ciudadanos, el partido liberal en el que se refugiaron muchos votantes del PP

Una gran parte de aquellos más de cuatro millones de personas que hace sólo tres años votaron a Ciudadanos eran votantes del PP que querían alejarse de los escándalos de corrupción que minaron el crédito de su partido. En Ciudadanos vieron una tabla de salvación. ¿Por qué ese proyecto fue tan efímero? Ese diagnóstico está por hacer, aunque quizás ya a casi nadie le interese saberlo. Lo que va a suceder me recuerda el título de la magnífica película de Agustín Díaz Yanes: nadie se acordará de Ciudadanos cuando el partido esté muerto.

Avanza la noche y, para mi sorpresa, por allí aparecen Iván Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio. Como estrellas del rock mucha gente se arremolina para saludarles. Iván todavía está impactado por la eliminatoria del Manchester City frente al Real Madrid ¡Qué noche la de aquel día!

Le pregunto a Monasterio por Andalucía: «Olona es una crack. Va a sacar un resultado espectacular. Estamos creciendo en los pueblos donde antes arrasaba la izquierda, la extrema izquierda. Esa es la utilidad de Vox, ensanchar el voto de la derecha hasta donde antes nunca llegaba».

Andalucía. La muerte de Ciudadanos y la confirmación de Vox como gran partido populista de la derecha. 19-J: la política española en una nueva fase. La derecha crece, se hace más fuerte, mientras que el PSOE no logra capitalizar la sangría de Podemos. Mucho tienen que cambiar las cosas para que este cambio de ciclo, que comenzó en Madrid en 2021 y ahora se va a consolidar en Andalucía, no concluya con un necesario relevo en la presidencia del Gobierno. Nos guste o no, Vox ha llegado para quedarse y Feijóo tendrá que ver cómo se las apaña para el populismo no haga virar el rumbo de la derecha liberal en España. La política, fieramente humana, consiste precisamente en hacer posible lo deseable. Aunque a veces parezca imposible.