Fernando Grande Marlaska no piensa dimitir. Ha declarado ayer que las fuerzas de seguridad actuaron con «proporcionalidad» y que su Ministerio ya ha enviado toda la información requerida por la Fiscalía General del Estado sobre los hechos ocurridos tras el intento de asalto a la valla de Melilla el pasado 24 de junio. Los muertos, oficialmente 23, se produjeron al otro lado de la frontera o «en tierra de nadie», según su versión.

El ministro no se ha referido en ningún momento al documental de la BBC, que aporta imágenes de gendarmes marroquíes arrastrando al menos a un cadáver desde territorio español a territorio marroquí. La salvaje represión fue responsabilidad de los agentes de la Gendarmería de Marruecos, aunque el presidente del Gobierno dijo en su día que el salto a la valla había sido «bien resuelto».

Tras la difusión del documental de la BBC, Podemos ha pedido una comisión de investigación, solicitud a la que se ha sumado la vicepresidenta Yolanda Díaz, añadiendo: «Con los derechos humanos no se juega». Por su parte, el PP pide la dimisión o la destitución del ministro, e incluso se plantea pedir una comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso para explicar lo que ocurrió.

Marlaska puede dormir tranquilo. El presidente ha dado instrucciones a sus ministros para que cierren filas en torno al titular de Interior. La comisión de investigación no tiene visos de salir adelante, ya que el PP nunca respaldará una iniciativa de Podemos que pueda cuestionar la actuación de las fuerzas de seguridad del Estado.

Por otro lado, dudo que la Fiscalía General del Estado, comandada por Álvaro García Ortiz, ponga a Marlaska contra las cuerdas. Su petición de información es puro postureo.

Pedro Sánchez ha dado instrucciones a los ministros socialistas para que salgan en tromba en defensa del titular de Interior

Marlaska ha pasado por momentos difíciles y los ha superado. Se cargó a los prestigiosos coroneles de la Guardia Civil Sánchez Corbí y Pérez de los Cobos y no pasó nada. Tiene a todos los sindicatos en su contra por temas como la equiparación salarial y aguanta el tipo como un campeón. El ministro sabe que el único al que no le puede fallar es al presidente y, por el momento, ha cumplido sus deseos con nota.

Así que Grande-Marlaska no se sentará en el banquillo ni será defenestrado por los penosos sucesos del 24 de junio.

No perderá su puesto. Pero sí que hay algo que ha perdido y que no podrá recuperar: su credibilidad. El ministro del Interior llegó al cargo con ínfulas renovadoras. Una semana después de asentarse en Castellana, 5, se comprometió a retirar las concertinas de las vallas de Ceuta y Melilla. Entonces hablaba de «solidaridad», de «derechos humanos»… y lo hacía con una convicción que embaucó a muchos. Tres días después de comprometerse a retirar los alambres con cuchillas de las vallas de Ceuta y Melilla, el Aquarius atracó en Valencia llevando a bordo a 629 emigrantes. Entonces no rechazábamos a los subsaharianos, les abrazábamos. ¡Qué tiempos aquellos!

Marlaska se ha sumergido con la fe del converso en la real politik. Tras el cambio de política respecto al Sáhara, a Marruecos no se le puede tocar un pelo. Aquel 24 de junio es una fecha para olvidar y, de hecho, ya estaba en el olvido, de no ser por esos metomentodo de la BBC.

Ahora toca poner cara de póker y esperar a que escampe. Podemos se quedará solo y Yolanda Díaz pasará página más pronto que tarde. La Fiscalía concluirá archivando el caso y tal vez el Defensor del Pueblo haga algún reproche moral.

El ministro del Interior ejerció durante años como juez de la Audiencia Nacional; lo hizo con profesionalidad y con valor. Si fuera destituido o dimitiera, podría volver a colocarse la toga. Pero, después de su trayectoria en el Ministerio, quién puede confiar ya en que sus sentencias se guíen por la Justicia y no por otro tipo de intereses más prácticos.

Pero, de momento, ese peligro no existe. El presidente está con él. Grande- Marlaska se ha ganado a pulso su respaldo total, aunque para ello haya tenido que dejar algunos principios en su antiguo despacho de la Audiencia.