Opinión

Cuando los disparos de Tejero apuntan al Constitucional

Tejero, en la tribuna del Congreso el 23-F de 1981.

Tejero, en la tribuna del Congreso el 23-F de 1981. EP

En el Gobierno respiran aliviados por la aprobación de una batería legislativa que da gusto a ERC y que modifica dos leyes que afectan a órganos constitucionales, como son el Tribunal Constitucional y el Consejo General del Poder Judicial, usando un trámite de urgencia, completamente inadecuado, como han certificado los letrados del Congreso. Pero la democracia no consiste sólo en respetar lo que decide una mayoría parlamentaria, sino en cumplir las leyes y respetar a las instituciones que son pilares del Estado de derecho. Ayer el Gobierno ganó una votación, pero dejó malherido al Tribunal de Garantías. No entiendo su alegría.

El Gobierno, en este tema, se va podemizando a marchas forzadas. Lo importante es lo que salga del Congreso, y, por tanto, lograr una mayoría se convierte en un fin en sí mismo, aunque sea demonizando a la oposición hasta convertirla en «golpista». Esto se parece cada día más a Argentina, para alborozo de Pablo Iglesias. La sesión de ayer en el Congreso tuvo ese tufillo peronista que tanto gusta a Podemos y que contagia al PSOE de forma preocupante.

El portavoz de Justicia del PSOE, Felipe Sicilia, se permitió la licencia de comparar a la bancada de la derecha con el teniente coronel Tejero: «Hace 41 años la derecha quiso parar la democracia. Intentó parar la democracia con tricornios».

El 23-F de 1981 el diputado Sicilia tenía apenas 15 meses. Tal vez por eso, o porque nadie le ha explicado lo que pasó, o porque no ha entendido nada de lo que pasó, se atreve a darle a Tejero un papel que nunca tuvo. Sicilia debería pedir que le pusieran las imágenes del golpe. Cuando el teniente coronel entra dando tiros al Congreso. Podrá comprobar que Adolfo Suárez, presidente del Gobierno y líder de la UCD, un partido de centro derecha, fue, junto con el general Gutiérrez Mellado, el único que no se metió debajo de la mesa. Y que fue el general, que, por cierto, había pertenecido al ejército franquista, quien se levantó y le pidió al teniente coronel que depusiera las armas.

La democracia era la suma de gente como Santiago Carrillo o Manuel Fraga. La democracia era el conjunto del Congreso, no una parte del mismo, como maliciosamente cree el señor Sicilia.

Hubo bronca en el Congreso, una vez más, pero la reforma exprés salió adelante. Respira el Gobierno.

La izquierda y los independentistas han puesto al TC contra la espada y la pared. Si decide admitir el recurso del PP, habrá dado un golpe a la soberanía popular

La maniobra dilatoria, con los recursos presentados por el PSOE, UP (también llegó otro de Vox), propició que el Tribunal Constitucional no pudiera resolver el amparo solicitado por el PP, que pedía la suspensión de la votación porque, a su entender, no se pueden reformar leyes orgánicas por el trámite de urgencia, eludiendo no sólo los controles del Consejo del Estado y del CGPJ, sino hurtando un debate necesario al Congreso.

Pedro García Trevijano, presidente del TC, se desayunó por la mañana con el siguiente titular a toda plana en El País: «La derecha política y judicial intenta burlar al Congreso bloqueando la reforma». Si eso es información, ¿a qué le llaman editorial? Ahora los disparos se dirigen a la mayoría conservadora del TC.

Toda la presión estaba encima del Pleno del Tribunal Constitucional, que debía decidir si paralizaba la votación sobre las reformas antes aludidas. Había un precedente: el Tribunal Constitucional paralizó una votación en el Parlamento de Cataluña el 5 de octubre de 2017 sobre las leyes de desconexión. Pero nunca había sucedido nada similar en el Congreso de los Diputados.

Cinco magistrados llamados progresistas, por boca de María Luisa Balaguer y Juan Antonio Xiol, le dijeron a González Trevijano que no habían tenido tiempo suficiente para valorar un caso tan complejo. El presidente del TC dio un plazo de dos horas más, hasta las 12 del mediodía, para comenzar el Pleno, pero los cinco magistrados progresistas amenazaron con abandonarlo si se sometía a votación el recurso de amparo del PP. De cumplirse esa amenaza -que los cinco magistrados dejaron por escrito- el Pleno del TC se quedaba sin cuórum para votar su decisión sobre el recurso. Por tanto, el presidente del TC no tuvo más remedio que aplazar el Pleno hasta el próximo lunes, lo que permitió que la votación en el Congreso se llevase a cabo y que las reformas propuestas por PSOE y UP salieran adelante con 184 votos a favor.

¿Qué pasará el lunes? Todo está abierto. Pero, según fuentes del TC, el presidente tiene decidido llevar adelante la votación tras la discusión del Pleno. Si los magistrados progresistas no abandonan la reunión, cosa que no se descarta, podría darse un resultado de 6 votos a 5 a favor de admitir a trámite el recurso del PP, lo que, de facto, paralizaría la votación en el Senado y dejaría en suspenso las reformas.

Si eso sucediera, el Gobierno quedaría en una situación comprometida. No faltarán los que acusen a los miembros conservadores del TC de haber dado un «golpe de Estado» contra la soberanía popular.

En fin, que Pedro García Trevijano tiene una papeleta muy difícil de solventar. Aunque, haga lo que haga, la izquierda ya le tiene catalogado como «un golpista con toga».

Te puede interesar

Comentar ()