¿Qué esperaban, que los españoles se olvidaran de ese ataque al Código Penal y como por arte de magia todo volviera a ser como antes del asalto? No es tiempo aún de elecciones generales pero sí de elecciones autonómicas y municipales y es pronto para que la supuesta desmemoria de los electores actúe tan automáticamente.

Naturalmente que les va a castigar esa intromisión legal hecha en exclusiva para favorecer a los independentistas, en una enmienda ad hoc que ofende a la inmensa mayoría de los españoles. La memoria del elector no es tan frágil como para olvidar tan pronto. 

Por eso en las autonómicas se la juegan los barones, que se están desmarcando -véase el caso de Juan Lobato o el de Ximo Puig– a uña de caballo de los planteamientos del presidente. El caso de Emiliano García-Page es diferente porque siempre dijo lo que dice ahora con más o menos contundencia, pero el de los demás es de libro. 

Es horroroso y es una amenaza a las democracias occidentales pero aquí los tenemos dentro del Gobierno o sosteniéndole en él con el amparo del señor presidente

Saben que serán los primeros en caer si las cosas no le van bien al partido al que representan porque las elecciones generales están supuestamente muy lejos y para entonces quizá la memoria de los españoles sea más frágil. Pero ahora no lo es y, por lo tanto, ellos van a ser las primeras víctimas de ese asalto al Código Penal que deja sin efecto las penas a las que fueron condenados los independentistas y son sustituidas por un delito con desórdenes públicos agravados. 

Eso significa que, en la hipótesis de que se celebre un referéndum -que se celebrará si Pedro Sánchez sigue en el poder, no alberguen ninguna duda- con resultado positivo para los intereses del secesionismo, bastará con que los CDR, de infausta memoria, den la orden de que todo agitador permanezca en su casa sin armar bulla para que la independencia sea un hecho.

El apaño de la malversación a la medida de nuevo de los independentistas va a traer, según todos los expertos, una catarata de revisiones de condenas a cargo de los letrados de cientos de reos acusados de malversación y que cumplen ahora mismo condena por ese delito.  

Y claro que los españoles no podemos olvidar semejante agresión al Código Penal y a la Constitución, por lo menos no lo podemos olvidar todavía aunque mi esperanza es que en las generales -que se convocarán cuando el presidente decida dentro de este año o, todo lo más en las primeras semanas del año que viene- la memoria del votante no se haya reblandecido hasta el punto de olvidar que con esta manipulación del Código Penal se debilita hasta extremos incomprensibles para cualquier democracia que se tenga por tal, la Constitución española.

Es verdad que esto no es lo que importa a la gente, que lo que le importa es la subida del precio de la electricidad, del gas, de los alimentos o de las hipotecas.  Pero eso, con ser importantísimo no es lo realmente importante. Lo más importante es mantener viva nuestra Constitución y con estas dos medidas, junto con la ley del solo sí es sí que está reduciendo penas y sacando violadores a la calle, además de muchas otras, se hace un auténtico atentado contra la convivencia en paz y en libertad de todos los españoles.

Pedro Sánchez dijo ayer que los extremos políticos son un peligro para la democracia. Estamos de acuerdo, siempre y cuando admita que el “No nos representan”, el “Rodea el Congreso”, la convocatoria de un referéndum ilegal, o el partido de los etarras, forman parte del mismísimo Consejo de ministros o de quienes lo sostienen a él en el poder.

Está muy bien que el mundo civilizado se horrorice cuando vea el asalto al Capitolio de Washington o a la sede de la presidencia de la República, a la sede del Tribunal Supremo o a la sede del Congreso. Es horroroso y encoge el ánimo presenciar la acción de las hordas tanto en Brasil como en Washington, porque supone una amenaza seria a las democracias occidentales pero aquí los tenemos dentro del Gobierno o sosteniéndole en él con el amparo del señor presidente.

¿O es que Pablo Iglesias no fue a saludar a los participantes de aquella ignominia que se bautizó con el lema de “Rodea el Congreso” con motivo de la elección de Mariano Rajoy, emocionándose por ver a alguien agredir a un antidisturbios, o es que no hubo un movimiento que gritaba a voz en cuello “No nos representan” dirigidos contra los diputados del Congreso?

Esa fue en pequeñas dosis, aunque suficientes, la desautorización de la Cámara, pero esta de ahora, lo sucedido en Brasil o lo ocurrido en el año 21, es a gran escala.

Pero no puede el presidente hablar de los extremos cuando los tiene en el Gobierno y en los apoyos que recibe para su sostenimiento a menos que lo reconozca así. 

No tiene sentido que las culpas sean de otro. Siempre y en cualquier caso.