Opinión

China en el Pacífico: Nauru como síntoma

El giro diplomático del tercer Estado más pequeño del mundo marca un punto de inflexión en la evolución de la hegemonía norteamericana en el Pacífico

Antiguo muelle de carga de fosfatos en Nauru, en el Océano Pacífico.

Antiguo muelle de carga de fosfatos en Nauru, en el océano Pacífico.

El lunes nos despertábamos con la noticia: Nauru, el tercer Estado más pequeño del mundo, dejaba de reconocer a Taipéi como el gobierno de la China legítima y se volvía hacia Pekín, estableciendo relaciones diplomáticas con la República Popular de China. A pesar de parecer intrascendente, la realidad es que el giro diplomático de Nauru marca un punto de inflexión de una nación soberana, fuertemente castigada por Australia, quien aprovechó la debilidad del gobierno insular para imponer su agenda.

Las micronaciones del Pacífico tienen poco interés en los acuerdos militares pero mucho en captar inversiones. Por eso se acercan a China

La República de Nauru, con 11.500 habitantes, era rica en fosfatos, ya extintos. Hoy su economía se basa principalmente en la venta de los derechos de pesca y en el centro de detención australiano en alta mar.

Pero la importancia de Nauru está en su situación geográfica. Al sur de las islas Marshall y al norte de las islas Salomón, se encuentra por tanto en un lugar que pone en jaque el acuerdo de los AUKUS entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos. Desde la agencia de noticias china Xinhua se ha informado ya de diferentes inversiones chinas en la república insular irreversibles y provechosas para ambas naciones. Esto, sumado a los acuerdos de 2019 donde Kiribati y las islas Salomón también viraron en su política diplomática, dejando de lado a Taiwán y abrazando la diplomacia de Pekín, sitúan la influencia china en el Pacífico como trascendente. Aquella hegemonía que parecía perseguir Barack Obama, al pasar de considerar trascendente el Atlántico para contener a Rusia al Pacífico para contener a China, tampoco da sus frutos. 

Siguen los rumores, años después, de la idea de Pekín de construir una base militar en las islas Salomón. Si cogemos un mapa y medimos la distancia, nos encontramos que entre el archipiélago y la China continental hay 6.000 kilómetros. Hasta Nauru son 6.200. Así pues, no se trata solamente de un asunto de legitimidad frente a las Naciones Unidas –que también, pues recordemos que en la Asamblea General cada Estado tiene un voto–, sino también que China tiene un aliado en el corazón del Pacífico, más allá de Australia y Nueva Zelanda.

Hay otros Estados aliados históricos de Estados Unidos que contratan a empresas chinas para reformar sus infraestructuras, como por ejemplo las islas Cook. Tal como ha referido la diplomacia china, se trata de ofrecer ayuda económica para desarrollar políticas de cooperación, no de Defensa. Aun así, económicamente el Pacífico era una zona controlada históricamente por Francia, Reino Unido, Australia, Japón y Estados Unidos. 

Mapa de Nauru de 1914 conservado en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Por otro lado, más allá de los Estados insulares, en la América continental nos encontramos que China ha ganado peso diplomático en Colombia, como también en Honduras, Nicaragua, Brasil, Chile, Perú y Argentina, y la lucha contra el tráfico de fentanilo le ha acercado más a México. En octubre de 2023, Colombia y China firmaron acuerdos para el desarrollo tecnológico y digital del país latino, de la misma manera que se acordó ir más allá en las relaciones bilaterales y consolidar la asociación estratégica. El comercio agrícola y ganadero entre Pekín y Bogotá también supuso uno de los puntos negociados. Los acuerdos con Perú van en la misma dirección, pero aparece una inversión clave, el Puerto de Chancay, que está siendo construido, y será gestionado por COSCO. Se espera que las terminales chinas del Puerto de Chancay serán la puerta de entrada del comercio chino en América Latina.

En conclusión, la pequeña república de Nauru es un síntoma de los tiempos actuales, donde la influencia creciente de China en el Pacífico va más allá de los acuerdos militares. En ese terreno, la República Popular de China no puede competir con los Estados Unidos, y sería un error pensar que estamos ante una carrera militar como lo fue la Guerra Fría, porque Pekín es consciente de ello. Pero las sanciones a Rusia desde la invasión de Ucrania han hecho mella en América Latina, y China rellena ese espacio. Tienen poco interés en los acuerdos militares las micronaciones del Pacífico, pero en cambio tienen especial interés en captar inversiones. Es por eso que se han alejado de los AUKUS por un lado y se han acercado a China por otro. Tablero de ajedrez.

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