Opinión

Selección española de corrupción

Ábalos con la camiseta del Zamora CF de 2018.
Ábalos con la camiseta del Zamora CF de 2018.

En el fútbol somos buenos, pero en la corrupción no nos gana nadie. De nuevo tenemos Mundial y volvemos a soñar con nuestra selección, que son como niños prodigio con violines en los pies y el álgebra entera del juego en un reojo, innato como el del timador. Pero yo creo que hemos enfocado mal nuestro esfuerzo, que si no hemos hecho ni mucha ciencia ni mucho medallero en nuestra historia ha sido porque nuestros talentos son otros. Antes que aprender a jugar al tenis con nuestras sartenes de castañera, antes que querer jugar al golf en nuestros patatales cervantinos, antes que querer ganar el Tour de Francia con nuestros ciclistas de forja, con sus bicicletas como candelabros barrocos, y antes que querer igualarnos a los bailarines y los forzudos del balón que hay por ahí, tendríamos que haber empezado por los Mundiales del trinque, del afane, del tongo, del amaño, del tangazo. La verdad es que uno ve los delitos que se les imputan a estas escuadras de Sánchez y parecen pruebas de decatlón. Podríamos tener ya más copas y trofeos que Ábalos cuando iba de viaje oficial, en vez de tener esa solitaria estrella en la camiseta, que parece una mella de diente de leche de Gavi o así. 

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Antes no ganábamos nada, o ganaba sólo el Real Madrid, fastidiando toda la historia de fracaso y menesterosidad española desde el tratado de Utrecht. Con el fracaso teníamos mucha literatura quejumbrosa y mucho académico de la problemática española, cosa que aún nos dura, también en el fútbol. Antes no ganábamos nada y éramos la Furia, o sea precisamente el cabreo y el orgullo de no ganar nada pero sudándolo mucho con nuestro sudor de obra, con esos futbolistas con bigote y esos tuercebotas con calva de conserje que teníamos. En el franquismo empezaron a salir héroes de los tranvías y carricoches, Bahamontes parecía que ganaba sólo un helado o un descanso de pobre al llegar a la cima, como un carretero, y Santana desfondaba sillas para hacerse raquetas y lo que ganaba lo tenía que reinvertir en sillas, claro. Mientras, el triunfo y el negocio nacional tenían lugar en la política o más bien en la ausencia de política, en las meriendas de El Pardo, en la escopeta de Berlanga, en los empresones nacionales, y nuestros ricos del Régimen daban bajitos y señoras que eran a la vez de misa e imperio chino. Pero la cosa se quedaba en casa, no lucía fuera.

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La democracia siguió con nuestra selección de botijeros del balón y rematadores de cabeza como de ladrillos, pero en la corrupción se inventaban el pelotazo, la colonización institucional, los cafelitos y los hermanísimos con su empaque de infantes. Si hubiéramos internacionalizado nuestras competiciones de enchufados, trepas, recalificadores, comisionistas, esbirros y lacayos, bigotillos y gominillas, hoy tendríamos no ya todos los mundiales sino nuestro propio deporte, la corrupción al estilo español, un deporte exótico y en el que seríamos totalmente dominantes, como nuestro curling o nuestro snooker. En realidad, no nos dábamos cuenta de que nuestros tuercebotas no hacían nada en el fútbol, sólo enseñarnos unas canillas peludas, antideportivas, como nadadores peludos. Pero el tuercebotas, en el chanchullo político, podría traernos un Koldo, entre matón y camionero. Y nuestros calvos fondones, que en el fútbol subían y bajaban la banda como la escalera de la pensión, nos podrían traer un Ábalos, aún más creativo en la corrupción por ese motor que le proporcionaban la pereza, la mediocridad o la fealdad.

Nuestro fútbol ha ido evolucionando, mejorando, triunfando, empezó a dar artistas, geómetras y hasta princesitas (mejor no dar nombres), y hasta nuestros señores calvos (Iniesta) no parecían calvos españoles sino entre nórdicos y sobrehumanos, como el de la lotería o así. Llegó una juventud alegre y fuerte, que crecía con vitaminas y gimnasio y aprendía en la PlayStation (“reunión con P.S.” podría significar esto), y desbancó a los veteranos leñeros y a esos futbolistas que parecían taxistas. Pero en la corrupción todo siguió igual porque todo era ya perfecto. No había tiquitaca que inventar para las mordidas de toda la vida, que son evolutivamente perfectas, inmejorables, como un virus. Lo que sí varió fue la tolerancia del español ante la corrupción, yo creo que porque vimos que era el verdadero deporte nacional, y que tú o un primo tuyo podían llegar más lejos en el ayuntamiento que en la liga, y eso daba mucha más satisfacción y beneficio. La tolerancia, eso sí, llevó a los políticos al impudor, al chorrafuerismo. Todo sigue igual, pero con menos miedo y poca vergüenza que nunca.

Arriba, por supuesto, Leire Díez, la killer, y, claro, Begoña Gómez, que no es ni muy buena ni muy mala pero viene recomendada y es intocable.

Ya lo hubiéramos ganado todo hace mucho en la corrupción política, pero ahora el sanchismo es como esos anuncios de ropa deportiva con el fútbol convertido en Matrix, en Olimpo, en brujería, en orquesta, en dibujitos de Oliver y Benji. Zapatero estaría como míster y gurú, hablando como Valdano pero gastando como Sergio Ramos. En la portería, la frialdad, la resistencia y la visión de Sánchez; en el centro de la defensa, el muro y la leña de Koldo y Óscar Puente, con Silvia Intxaurrondo y Javier Ruiz cubriendo en los laterales; en el medio campo estarían Félix Bolaños de medio volante y Santos Cerdán dirigiendo y distribuyendo, con Ábalos algo adelantado, para pillar lo que se pueda, un poco de palomero, y Álvaro García Ortiz de extremo igual ofensivo que defensivo. Arriba, por supuesto, Leire Díez, la killer, y, claro, Begoña Gómez, que no es ni muy buena ni muy mala pero viene recomendada y es intocable. El hermanísimo podría hacer de utillero, que seguro que también tiene título.

Esto sólo es una alineación de las muchas posibles y, claro, sobre todo es sólo un juego. Pero sigo diciendo que, si antes ya podríamos ganarlo casi todo en la corrupción, o al menos quedar ahí en la final, con Argentina, Italia o Marruecos, ahora, con este genio y estas ganas, más los sobornos y chantajes, el título mundial o universal sería nuestro sin duda. Anímense con esto si nos eliminan en cuartos o cuando sea, y tienen que volver al curro pensando que no quedan en este país talento, descaro ni pelotas.

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