Mundial de Fútbol 2026

Opinión

EL GOLPE

España: sueño y tribu

Los Reyes de España y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), antes del inicio de la final del Mundial 2026 que disputan este domingo frente a la selección de Argentina en el
Los Reyes de España y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), antes del inicio de la final del Mundial 2026 que disputan este domingo frente a la selección de Argentina en el | EFE

Aquí seguimos, con el sol de los niños, con la patria de los tapices, con Nueva York como la luna y España como siempre. Hemos pasado por casi todo en este Mundial, que ha sido como meter el eterno bucle sentimental español en una centrifugadora. Hemos sido los peores y los mejores, hemos creído y descreído, hemos pecado de derrotistas y de triunfalistas, hemos estado en el hospital, en la capilla, en el sofá, en la gloria, en el infierno, y en el bar como todo eso a a la vez. Nos hemos desentendido por no sufrir, nos hemos entusiasmado por no quedarnos solos, hemos esperado por no desesperar, hemos echado la culpa a los otros, nos hemos echado la culpa a nosotros, en alguna ocasión hemos pensado que la culpa no la tenía nadie, que las cosas son así, y luego hemos hecho exactamente lo mismo con el mérito que con la culpa. Hemos besado las banderas como a novias de la mili, hemos olvidado las banderas como a novias de la mili, hemos sido tribu y hemos sido egoístas, hemos sido hermanos y hemos sido transeúntes, hemos sido España y hemos sido cualquier cosa menos España. Podría haber sido el Mundial o podría haber sido un año cualquiera en la calle y en los periódicos.

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Aquí seguimos, con la cara pintada, con el tambor agrietado como una mano o una acequia, con el corazón en un vuelco, con el ay en la boca, con el país en medio de un salto y el botellín enterrado entre las sobras de la noche como un fuste o un botín. Aquí seguimos, acelerados, deslumbrados, orgullosos de los valientes, necesitados de héroes, alegres de hazaña, tristes de vacío, faltos de sueño o sueños. Aquí seguimos, que parece todavía ayer siendo mañana, aunque pronto nos preguntaremos si España es sólo unos colores como de bizcocho en los escaparates o como de sol en unos labios, si hay futuro entre mundiales, si hay propósito en el resto de la vida, si todo se disuelve tras la noche, como las selvas que soñamos. O no nos lo preguntaremos porque aquí la gente se pregunta poco, es como si lo supiera ya todo desde siempre, y tiene muy claro si las banderas pertenecen a los sagrarios o a las taquillas de los toros, si el país es una cosa dada o una cosa robada (casi nadie piensa que es una cosa buscada, que es seguramente lo que más ayudaría). Ha pasado todo, o no ha pasado nada, y aquí estamos, con legaña de patria y mantel de bandera, llena de flores y migas.

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Qué haremos ahora con España, me pregunto yo, mientras vamos metiendo la propia palabra España en el cajón, como una sábana de ajuar, como un pijama de invierno, hasta que la saquemos en otra lejana estación o en otra lejana vida

Qué haremos ahora con España, me pregunto yo, mientras vamos metiendo la propia palabra España en el cajón, como una sábana de ajuar, como un pijama de invierno, hasta que la saquemos en otra lejana estación o en otra lejana vida. Todavía nos llevaremos unos días con la selección y sus chavales, que empezaron cojos o ya abuelos, parados como por dunas, y luego tuvieron alas en los pies, como hijos de dioses. Es que esta España del fútbol sabemos lo que tiene que hacer, sabemos qué queremos de ella, y eso lo simplifica todo. Como explicaba Savater, o algo así recuerdo, es fácil saber si un futbolista es bueno o malo porque sabemos para qué sirve un futbolista, para meter goles o evitarlos. Pero es mucho más difícil saber si el ser humano es bueno o malo porque no sabemos muy bien del todo para qué sirve el ser humano, de ahí la dificultad de la ética. La España aparte del fútbol es algo así, no terminamos de saber para qué sirve, qué podemos esperar de ella, qué tiene que hacer. Pero no me extraña que no lo sepamos, que ni siquiera sabemos para qué sirve un gobernante, que aún vienen los demagogos y los corruptos a convencernos de que son los buenos. Yo creo que lo que nos pasa es que no sabemos ser ciudadanos, sólo sabemos ser tribu, con lanza, siglas o balón.

Aquí seguimos, con el juego de los niños, con los metales de la patria, con Nueva York como si fuera Valdepeñas o con Valdepeñas como si fuera Nueva York. Aquí seguimos, con la mesa puesta, todavía con la fiesta, y la bandera arrugada, todavía con el miedo. A pesar de todo, España como contenedor de tribus tiene más éxito y dura más que España como contenedor de sueños. Si llegan los sueños pasan pronto, como un cometa rojo, como ese autobús de la Selección, que parece que estos chicos son los bomberos de la patria, que aparecen con el fuego de las banderas y se van dejando las banderas mojadas, salvadas y quizá ya inútiles. Si llegan los sueños pasan pronto, como una bandera o una telaraña por la cara. Pero si llegan las tribus, con sus demagogos y corruptos, es probable que se queden y hasta que nos convenzan de que eso es España, de que eso es todo lo que podemos esperar de España, no ya de su palabrón imperial, folclórico o sentimental, que no importa ni significa nada, sino de su ciudadanía y de su clase política.

Aquí estamos, con el sol de las tribus, con la patria de los pasodobles, con Nueva York como una película y España como siempre. Los que quieren que España sea sólo la del fútbol y los que quieren que sea sólo la de los demagogos y los corruptos es probable que sean los mismos, o al menos se confundirán un tiempo, hasta que guardemos las banderas como gabardinas. Mientras, y a pesar de todo, seguiremos pensando que somos los peores y los mejores, y creeremos y descreeremos, y pecaremos de derrotistas y de triunfalistas, y estaremos en el hospital, en la capilla, en el sofá, en la gloria, en el infierno, y en el bar como todo eso a la vez… Somos campeones del mundo y eso no va a cambiar nada.

1 Comentarios

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  1. Muy buen artículo el suyo. Un retrato magnífico como el mejor Sorolla o el mejor episodio nacional de Galdós. Me ha encantado su retrato de España, descrito cual episodio nacional. Pero así llevamos más de 200 años, al menos desde la Constitución de Cádiz, donde nacen las dos España. Aunque a mi entender, esto valdría para cualquier país del mundo; la concepción dialéctica de la Historia, vale para todos los países del mundo y sus sociedades. En España somo así, llevamos más de 200 años queriéndonos auto destruir sin conseguirlo, según el canciller alemán Bismark, aunque algunos dicen que es apócrifa.
    En cuanto al partido de ayer, la selección argentina era solo Messi, antipático y sin sonrisa alguna. Sobre Messi nadie discute que ha sido un buen jugador. Pero es de los que se dejan caer fácil (no se le puede tocar un pelo), protestan y le «come la oreja» al árbitro a base de bien. Un tipo que va de bueno y es mala gente, como todo su equipo de marrulleros, que jugó fatal. Se vio bien claro ayer. Afortunadamente, ganó el fútbol y la clase y no esta panda que, sabiéndose claramente inferior y sin soluciones, se dedicaron a hacer faltas para cortar el juego y a esperar ir a los penaltis, a ver si sonaba la flauta. Tras la derrota, fueron incapaces de aceptarla y felicitar al rival, que les ganó limpiamente. Una vergüenza de equipo. Ojalá en España tuviéramos un Gobierno con la selección de fútbol, no la panda de corruptos y guerra civilistas que tenemos, que solo se dedican a levantar muros, alterar el censo electoral, a machacarnos a todos a impuestos y a dejar una herencia de más de 1,7 billones de euros de deuda pública. Ya veremos lo que pasa con todo esto. Enhorabuena por su artículo.

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