No hay nada más clásico que hacer leña del árbol caído. Y el caso del partido político Movimiento Sumar no parece una excepción. Algunas de las crónicas sobre la dimisión de Lara Hernández como coordinadora de Sumar han tenido ciertas dosis de crueldad.
Mientras tanto, la nota en el Telediario de TVE informaba de la siguiente manera:
"Hoy da un paso atrás la hasta ahora coordinadora de Sumar, Lara Hernández, tras archivarse el expediente de acoso laboral contra ella. Deja todos los cargos y la militancia de Sumar a poco de la Asamblea, a la que solo concurrirá la candidatura de Verónica Barbero, contraria a Hernández".
En el telediario de Vicente Vallés, en Antena 3, ese mismo día fueron un poco más crueles en el relato:
"Es Lara Hernández y se va. Era hasta hoy una de las coordinadoras, por tanto, una de las máximas responsables de esa organización política después de que Yolanda Díaz abandonara sus cargos orgánicos en el partido. La caída de Lara Hernández es solo una de muchas, porque esta crisis empezó hace meses y llega poco antes de la Asamblea del día 11. El partido aún no tiene sucesor designado para Yolanda Díaz y se va deshilachando porque van dimitiendo más y más responsables".
Ni una mención al archivo del expediente ni a la candidatura de Verónica Barbero. Y, aun así, la crueldad de Vallés se queda pequeña en comparación con la que ha tenido Yolanda Díaz con Lara Hernández. La vicepresidenta del Gobierno no ha dedicado ni un solo post en su cuenta de X para agradecer los servicios prestados a la persona que ha estado al frente del organigrama de la debilitada formación. Del mismo modo, Yolanda Díaz ha evitado posicionarse tanto a favor de su coordinadora como en contra de ella durante estas semanas de luchas internas, como si la cosa no fuera con ella.
En muchas ocasiones, los silencios políticos son atronadores. Fue precisamente el silencio de Esperanza Aguirre al no salir en defensa de Mariano Rajoy cuando sus medios afines —amigos personales unos, a sueldo otros— masacraron al gallego en 2008 lo que hizo que Rajoy interpretara que esa callada de la presidenta acreditaba que ella estaba detrás de la fallida operación de derribo que marcó la relación entre ambos.
El silencio de Yolanda Díaz con Sumar, más que una maniobra, parece una espantada de una política que no ha sido capaz de estar a la altura de un modelo orgánico que ella misma fomentó: el de crear un partido interlocutor dentro de una coalición. Un modelo que ella conocía bien, porque consistía en replicar a nivel nacional lo que Xosé Manuel Beiras hizo en su tierra, Galicia.
Conforme se iba consolidando la coalición denominada Bloque Nacionalista Galego (BNG), en la que Beiras era su líder con el rango de 'portavoz nacional' y cabeza de lista, pronto se dio cuenta de que, si no tenía un partido político propio que le hiciera de interlocutor dentro del BNG, corría el riesgo de convertirse en un mero pelele en manos de Unión do Povo Galego, el partido mayoritario del Bloque. Beiras entendió que, si quería poder meter baza en la coordinación de las candidaturas, en la elaboración de la estrategia y hasta en las listas, necesitaba su propio partido, con el que pudiera negociar de igual a igual con UPG, así como con Unidade Galega, el PNG y los otros partidos que formaban parte del BNG de los noventa. Y ese era el papel de Esquerda Nacionalista, el partido creado en 1992 para agrupar a los seguidores de Beiras. El modelo funcionó mientras Beiras, como principal activo del Bloque, estuvo al frente y tanto EN como UPG mantuvieron ese deseable equilibrio. Luego llegó Anxo Quintana, el equilibrio se fue a pique y se inició una etapa de debates y escisiones que por poco se lleva por delante al propio BNG, pero esa es otra historia.
Cuando se creó la coalición Sumar, casi con improvisación y por culpa del adelanto electoral, y se designó a Yolanda Díaz como cabeza de lista —propuesta, en primer lugar, por Podemos y Pablo Iglesias—, se vio en la misma tesitura que Beiras con el BNG. Si no tenía partido propio, sería un guiñol (aparentemente, lo que tenía en la cabeza Pablo Iglesias). Pero, si no lo era de Podemos, acabaría siéndolo de Izquierda Unida o del PCE, o de lo que quedaba de las mareas gallegas, de Más Madrid o de Compromís. Díaz entendió que, si asumía el liderazgo de la coalición Sumar, no se trataba solo de ser cabeza de cartel: tenía que participar en las tripas de la organización. Y para eso necesitaba un partido propio. De ahí surgió el Movimiento Sumar, para canalizar el yolandismo, venderla como activo y poder sentarse en las reuniones con los otros partidos en una mesa de la que pronto se retiraría, mosqueado, Podemos. Entre las personas que más colaboraron con Yolanda Díaz para forjar aquel partido estuvo Lara Hernández.
Hay veces que partidos políticos dados por muertos resucitan, pero, en el caso de Movimiento Sumar, tendrá suerte si los otros socios le dan algún puesto en las listas por Madrid en 2027
Una de las principales misiones de Movimiento Sumar era poner en valor todo lo que hiciera su líder en el Consejo de Ministros para explotarla como activo político. Una labor que no parecen haber desarrollado con demasiado éxito. Tal como está el patio, podrían haber intentado que el PSOE se quedara como la parte del Gobierno manchada por la corrupción y Sumar como la parte limpia, centrada en aplicar su programa progresista. Sin embargo, todo parece indicar que va a ser el PSOE el único heredero de la gestión del Gobierno, tanto de lo bueno como de lo malo, y el yolandismo va camino de quedar olvidado, como advirtió Estefanía Molina ante la primera asamblea de la formación.
La propia Yolanda Díaz dinamitó el Movimiento Sumar al dimitir como coordinadora en junio de 2024, cuando no llevaba ni un año en el cargo, sin ser consciente de lo importante que es un liderazgo claro en el periodo de creación de cualquier marca política. No fue capaz de ser el activo que fue Beiras para el BNG entre 1985 y 2003 (y aún tuvo fuerza, cuando el BNG rechazó su retorno al liderazgo, para crear una nueva plataforma política en la que tuvo a Yolanda Díaz entre sus socios). La dimisión de la vicepresidenta como coordinadora de Sumar no sonó tanto a la instauración de un mando colegiado, liderado moralmente por ella pero repartiendo competencias con otros, como a un desentendimiento, a un «ahí os quedáis» dirigido a las personas que habían apostado por ella. Lara Hernández aceptó el reto de ponerse al frente de la parte orgánica, como Verónica Barbero aceptó ponerse al frente de la parlamentaria tras el trauma errejoniano. A la vista de lo escuchado y de textos como el que le dedicó Elizabeth Duval, su gestión ha podido ser mejorable, pero no merecía el silencio público de Yolanda Díaz. No se trataba solo de respetar a sus compañeras, sino también de respetar a electores y militantes ante un partido que se creó para defender el yolandismo y que ahora parece ninguneado por su propia líder, como quien devuelve un perro a la tienda de animales cuando descubre que tener una mascota incluye asumir las responsabilidades de su aseo y alimentación.
Movimiento Sumar ha sufrido la dureza de ser masacrado desde el primer día por el pablismo e ignorado —cosa aún peor— por el abascalismo. Pero es solo Yolanda Díaz la responsable final de su agonía.
Hay veces que partidos políticos dados por muertos resucitan, pero no es fácil que ese sea el caso de Movimiento Sumar, que tendrá suerte si los otros socios le dan algún puesto en las listas por Madrid en 2027. Si los fundadores tienen algún grupo de WhatsApp común para charlar, bien podría decirles Yolanda Díaz la tantas veces recordada frase del editor Juan Tomás de Salas: "Hijos míos, os he llevado de la nada al desastre".
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