El presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, fue tajante el pasado 27 de febrero cuando fue preguntado por una posible absorción del banco por algún competidor más grandes: “No está en nuestra hoja de ruta”, señaló.

La entidad nacionalizada acababa de presentar su plan estratégico para los próximos tres años. Un plan de futuro diseñado para convertir a Bankia en “en el mejor banco de España, lo que significa, en primer lugar, ser el banco más rentable, eficiente y solvente entre los grandes del sector, y en segundo lugar contar con clientes más satisfechos, equipos más comprometidos y mayor reconocimiento social”, según detalló el banco durante la presentación.

Por eso resulta especialmente sorprendente que menos de una semana después el propio Goirigolzarri haya abierto la puerta a una futura integración de Bankia con otra entidad, señalando, en una entrevista en el Financial Times, que el banco controlado por el Estado sería “la pareja perfecta” para sus principales competidores en España y, en mayor medida, para BBVA.

Es cierto que las especulaciones sobre una hipotética compra de Bankia no son, ni mucho menos, una novedad en el panorama financiero español. Al fin y al cabo, la propia realidad del banco, en proceso de privatización, se presta a esta posibilidad.

Hasta la fecha, el Estado ha recurrido a la venta de paquetes de acciones relativamente pequeños. Pero con un 61% aún del capital de Bankia en su poder, el traspaso de una participación de mayor envergadura, que otorgara al comprador una posición de control, sería una de las opciones más viables con las que contaría el Frob para maximizar el precio -exigiendo una prima de control- y así recuperar una mayor cantidad de las ayudas empleadas en reflotar la entidad tras su rescate en 2012.

La presencia del Frob en el capital de Bankia dificulta cualquier intento de absorción

Además, el escenario bancario español parece en condiciones de asumir nuevas fusiones, tal y como señaló este lunes el gobernador del Banco de España, Luis María Linde. Y, de hecho, algunas fuentes del sector temen que los nuevos test de estrés a los que someterá el Banco Central Europeo (BCE) a las entidades sea la palanca que fuerce nuevas concentraciones.

Pero ni con todo eso encuentra el mercado las condiciones apropiadas para una fusión que en Bankinter consideran “poco probable” en el corto plazo.

Como se desprende de las propias palabras de Goirigolzarri, BBVA aparece como el candidato más factible para una operación de ese tipo. Así lo corroboran los analistas de Alantra: “Dejamos a un lado a Santander, ya que creemos que tiene demasiado trabajo con la integración de Popular. En cuanto a CiaxaBank, no pensamos que tenga interés de embarcarse en una operación así”, explican.

Pero incluso para una entidad del tamaño de BBVA, la adquisición de Bankia se antoja harto exigente. La entidad nacionalizada alcanza a día de hoy una valoración en bolsa de 11.877 millones de euros y el pago de una prima, por mínima que fuera elevaría el coste de la operación claramente por encima de los 12.000 millones de euros, lo que representa casi un 30% del valor actual del banco que preside Francisco González.

En esta tesitura, la lógica de mercado invita a pensar en una absorción que se estructure, en una elevada proporción, mediante un canje de acciones. Pero la fuerte presencia del Estado en el capital de Bankia dificulta esta opción: o el comprador efectúa el pago en efectivo del paquete de acciones que controla el Ejecutivo o asume que el Frob se convierta en uno de sus accionistas de referencia -para lo cual tendría que convencer a los gestores públicos de la conveniencia del trato.

Abrirse a una fusión puede restar credibilidad al mensaje lanzado en el reciente plan estratégico

“Creemos que cualquier acuerdo tendría que pagarse en acciones, pero entendemos que el Frob solo aceptaría efectivo por su participación. En este contexto, creemos que la perspectiva de fusiones y adquisiciones para Bankia no es clara, dada la falta de postores potenciales y las dificultades para financiar el acuerdo”, observan en Alantra.

Pero no son estas dificultades las que han llevado a algunos actores del mercado a calificar de poco oportunas las palabras de Goirigolzarri favorables a una fusión, sino el mensaje que las mismas trasladan a los inversores.

El banco acaba de presentar un plan estratégico con el que espera convencer a los inversores del potencial de su negocio y, de este modo, relanzar su marcha en bolsa. Pero hasta la fecha ha resultado poco afortunado. Tras una primera reacción al alza, el impulso del mensaje del banco ha perdido fuerza y hoy sus acciones cotizan un 5% por debajo del nivel previo a la presentación.

Pero en ese contexto, hablar de operaciones de fusión es visto como un error de comunicación por firmas como Alphavalue. “Con declaraciones de posible fusión con competidores, el management sólo puede generar dudas sobre su confianza en la viabilidad de la estrategia independiente y los objetivos financieros establecidos la semana pasada. Sin mencionar que evocar una fusión con un rival no es necesariamente una perspectiva muy motivadora o tranquilizadora para los empleados y clientes”, indica la firma gala en una nota a sus clientes.

El futuro de Bankia presenta aún muchas incógnitas. Y es muy posible que pase por una integración con alguno de sus actuales competidores. Pero ponerse a buscar pareja antes de tiempo no parece la estrategia más acertada para elevar su atractivo.