En una Cataluña en la que lo inesperado se ha convertido en norma, nos espera la campaña electoral más inverosímil. No va por tanto a extrañarnos a estas alturas que uno de los primeros eslóganes indepes ante el 21-D sea el cántico carabanchelero: «No estamos todos, faltan los presos». Se lo coreaban al rockero Rosendo Mercado en el mítico concierto que dio en la antigua prisión madrileña recién clausurada hace casi 20 años y anoche lo volvieron a gritar Gabriel Rufián y Joan Tardà a las puertas de la cárcel de Estremera.

En vez de calimocho, como en el disco que Rosendo grabó en directo en el 99, el público que esperaba a los ex consellers llevaba senyeras y un lacito amarillo en la solapa. La comitiva recibía entre aplausos a los ex consellers que salían en libertad provisional con una fianza de 100.000 euros justo a tiempo para el comienzo de la campaña. Pero el cántico carabanchelero en recuerdo de los ausentes seguía vigente porque en el trullo quedan el ex vicepresident Oriol Junqueras, el ex conseller de Interior Joaquim Forn y los Jordis de ANC y Omnium.

Puigdemont parece que de momento, a lo sumo, aspira a mandar a sus mítines un molt honorable holograma

El libertad sí que está el candidato Carles Puigdemont. Exiliado en su realidad paralela, tuiteó anoche su apoyo desde Bruselas a los políticos recién liberados, a quienes dijo que tenía «muchas ganas de abrazar». Tantas no tendrá si no pensaba volver a España hasta que un juez belga decidiera si le entregaba a la justicia española.

Ahora que el Supremo ha retirado las órdenes europeas de detención contra él y los ex consellers que lo acompañan en Bélgica, con lo que el juez Llanera espera evitar que la Justicia belga limite los delitos por los que pueden ser enjuiciados, ya puede decidir él solito cuándo regresa a España a darles ese abrazo.

Entre tuit y tuit, sin embargo, Puigdemont parece que de momento, a lo sumo, aspira a mandar a sus mítines un molt honorable holograma. Mucho más a salvo están estos inventos en 3D de acabar entre rejas y de paso van a juego con la República también virtual que proclamó el 27 de octubre antes de salir corriendo. Cada holograma cuesta, por cierto, lo que un par de fianzas y media de sus ex consellers.

Al líder del PP catalán no se le ha ocurrido mejor manera de inaugurar la campaña que recordando el ‘¡A por ellos!’

Y tan atentos como estamos a los jueces y las cárceles casi no queda tiempo de fijarse en los mensajes de las candidaturas en liza para las elecciones del 21-D que anoche iniciaron la campaña electoral en Barcelona. De haberlo, habría llamado la atención el eslogan que anoche eligió sin éxito Xabier García Albiol para hacerse notar. Al líder del PP catalán no se le ocurrió mejor manera de inaugurar la campaña que recordando el ‘¡A por ellos!’. La alusión del candidato que peor parado aparece en las encuestas no era un homenaje al deportivo cántico de La Roja, igual que en Estremera nadie se acordaba de la guitarra carabanchelera cuando decían que no estaban todos.

Albiol eligió el cántico que se hizo viral a raíz de las cargas policiales del referéndum del 1-O, en el que un centenar de ciudadanos a las puertas de la comandancia de la Guardia Civil de Huelva se despedía de los agentes camino de Cataluña entre aplausos y bocinas gritando «A por ellos, oé». No parece, la verdad, que con esta frase convertida en símbolo de confrontación vaya a ayudar al candidato popular a conseguir, como prometía anoche en el inicio de campaña, que el PP «cosa las divisiones del independentismo». O no ha elegido bien la frase o esas no son sus intenciones.

Al terminar su actuación en el gimnasio de la prisión de su barrio, para explicar por qué no había hecho mención alguna a los presos durante el homenaje, Rosendo dijo algo que podría ser de utilidad recordar en esta campaña: «No hace falta remover la mierda para que huela».