Consumada la primera parte de la operación, la salida del secretario general, Susana Díaz mantiene su hoja de ruta intacta. La gestora dirigirá el partido unos seis meses, hasta primavera, un tiempo necesario para que Pedro Sánchez caiga en el olvido y se supere el conflicto de abstención en la investidura de Rajoy. En ese periodo también se haría un control de los censos y las estructuras, unos datos fundamentales a la hora de ganar un congreso.

En primavera se celebraría el Congreso Federal, en el que la presidenta andaluza aspira a ser elegida por aclamación, sin competir en primarias. El PSOE-A sigue defendiendo la democracia representativa que se ha utilizado en la fórmula tradicional de elección de sus líderes. En este sentido, dirigentes andaluces recuerdan que las primarias que sirvieron para elegir a Pedro Sánchez en julio de 2014 no forman parte de los estatutos del partido y que sólo están reguladas por un reglamento.

Secretaria general por aclamación, sin competidores

En un encuentro con los medios en Almonte (Huelva), Díaz ha evitado hablar de primarias y ha insistido, al igual que lo hizo la semana pasada, en que su puesto está «donde me pongan mis compañeros y donde quieran los militantes, en la cabeza o en la cola». Tras los hechos acontecidos en el Comité Federal, la presidenta andaluza se ha mostrado visiblemente afligida y ha reconocido que «están siendo unos días muy malos para todos» y ha señalado que ahora «hay que dejar trabajar a la comisión gestora».

Para convertirse en líder del PSOE sin competir, Susana Díaz volvería a buscar el apoyo de los grandes grupos de comunicación, del mundo económico y la unidad del partido, una de las claves en las que ya trabaja la federación andaluza. De hecho, en el PSOE-A ya se destaca el hecho de que representantes de algunas federaciones críticas accedieran a negociar sin acritud la composición de la gestora. «Se recompondrá la unidad. Hemos salido de otras rupturas peores», aseguran. En el calendario que baraja, las próximas elecciones se sitúan aproximadamente dentro de un año, por lo que el liderazgo de Díaz debe afianzarse internamente y recuperarse del desgaste de imagen sufrido antes de que lleguen los comicios.

La presidenta andaluza podría pilotar durante ese tiempo su propia sucesión tanto en la Junta como en el partido mientras hace la oposición a Rajoy a través de confrontación desde el Gobierno andaluz. Fuentes de su entorno niegan que se plantee la formación de una gran coalición en el caso de que el PP lo proponga. También confían en que el PP mantenga el entendimiento alcanzado hasta ahora y no fuerce unas terceras elecciones.

Abstención mejor que mayoría absoluta del PP

Esta hoja de ruta pasa necesariamente por la abstención, aunque la presidenta no quiere defenderla en público. Quienes lo hagan en su nombre tienen ya el argumentario, que pasa por evitar la mayoría absoluta que podría obtener el PP en unas terceras elecciones. En este sentido, el PSOE justificaría su postura en que su abstención tendría como precio la retirada de las medidas más lesivas del Gobierno de Rajoy. Es decir, dejaría que se mantenga el PP, pero logrando que se elimine lo peor que ha hecho el Gobierno del PP. Además, los socialistas aspiran a «hacerse dueños del Parlamento» y tener al Gobierno de Rajoy así en sus manos.

Todo este proceso lo pilotará la federación andaluza a través de uno de los hombres duros del aparato de Díaz, Mario Jiménez. Díaz intentó dejar el encargo directamente a su número 2, Juan Cornejo, pero éste se niega a asumir nuevas responsabilidades por la tensión y el cansancio que arrastra de estos meses de lucha interna. Jiménez no fue inicialmente un hombre de la presidenta, sino un competidor. De hecho, José Antonio Griñán pensó en él como sucesor antes de optar por Díaz. Pero no tuvo opción. Como secretaria de Organización del PSOE-A se hizo con el partido antes de que el propio Griñán se diera cuenta. Ella era la única que garantizaba que el PSOE-A no se rompiera durante el proceso. Desde entonces, con altibajos, Mario Jiménez ha entrado en su núcleo de confianza, aunque ha perdido su peso orgánico en el partido.

En este sentido, la figura de Javier Fernández, como en su día lo fue la de Pedro Sánchez, es más representativa que real. La presidenta de la Junta bromea a menudo con la relación casi familiar que mantiene con el presidente de Asturias, su «tito», pero no ha dudado en ponerle un ‘número 2’ que controle sus pasos de cerca. Se mantiene así la misma estrategia que se utilizó con Pedro Sánchez cuando el PSOE-A lo hizo secretario general, en julio de 2014, para cortarle el paso a Eduardo Madina y a Alfredo Pérez Rubalcaba. «Tiene el cargo, pero no el poder, el poder es de ella», aseguraban entonces los socialistas andaluces, y así lo han demostrado con la defenestración de Sánchez.